Friendzone

Léase con “Más que tu amigo”, del Buki, sonando en el fondo.

Lejos de mi molestia por ver cómo han hecho de la friendzone un verbo (yo friendzoneo, estás friendzoneado, ¿porqué me friendzonáis?, etc), desde hace tiempo me nace una reflexión bastante más seria sobre el tema.

Entendiendo que el uso del término es informal y que su popularidad se debe a las nuevas generaciones, me vería medio payaso afirmando que han “desvirtuado” lo que significa. Y aunque siempre he sido medio payaso, haré el intento de defender decentemente mi inconformidad.

Aunque siempre habrá quien se pase de lanza

Creo, en pocas palabras, que de tanto usar ese concepto (sobre todo para burlarse de quien sufre la negativa) se está creando una repulsión excesiva a esa situación. Sobra decir que no es un estado bonito, pero de repente han hecho tan ancha la línea de la friendzone que muchos apagan la luz antes de tiempo. La parte fregona de conquistar a una persona se está mezclando demasiado rápido con el desánimo de “no está funcionando”. Y hablo de “personas” porque no quiero caer en la creencia de que esto es algo que sólo nos sucede a los hombres.

Cierto es que se requiere pericia; necedad si las cosas no se dan pero se ven puertas entreabiertas e inteligencia para saber dar la media vuelta cuando resulte sano. Cómo tener esa pericia no lo sabría responder, en todo caso para eso existen guías como las de Yordi Rosado, el Werevertumorro o el Dr. César Lozano (guías intercambiables, según yo). Lo que no dudo es que todo hemos visto muchísimas veces parejas que sólo tenían que intentarlo un poco más para ser verdaderas. Tanto hablar de la desgraciada friendzone desmotiva el esfuerzo de quienes se aferran a lo que consideran un amor que vale la pena.

El escándalo aumenta cuando alguien -sobre todo la mujer, en este caso sí aplica- llega al punto de confianza de referirse al pretendiente como “amigo”, casi sustituyendo su nombre por el dichoso sustantivo o aprovechando alguna oportunidad para decirle cuánto disfruta su amistad. Es, de acuerdo al manual del internet, la señal inequívoca de que ya valió queso. Pero yo me pregunto, ¿no es acaso la amistad el paso previo, lógico, antes de una relación de pareja?

Será que no imagino otra forma de acercamiento más honesta y efectiva que la amistad. Incluso quienes buscan no estar jamás en la zona susodicha, debieran tener un dejo de romanticismo o, en el peor de los casos, humildad. Romanticismo porque es una maravilla ese tiempo de planear los encuentros, soñar diálogos, intentar convencer al otro de que así como la amistad funciona y se disfruta, un noviazgo puede resultar aún mejor. Y humildad para quienes, influenciados quizá por esta broma de lenguaje, creen que sólo por estar procurando insistentemente una relación se merecen en automático una oportunidad, como si las personas fueran ganadas solo porque, pobrecito de mí, ya estuve encima un chingüetiempo.

Puede que la friendzone sea un reflejo de la forma en que los jóvenes más jóvenes procuran tener hoy lo que buscan; rápido y sin tanto esfuerzo, o si no, voltea pa’ otro lado. Pero no chavos, así no es la cosa; no al menos para este viejovenzuelo, convencido de que los amores eternos -los únicos que existen- valen unos buenos días de friendzone antes de volverse realidad.

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