Adiós a una líquida eternidad

Ha muerto un sabio, un sabio trascendente, quien, además, tiene mucho que decir en educación. Sin duda, su legado trasciende el marco de la propia, pero –en la atmósfera educativa– se impone un estudio detallado por parte del profesorado.

Descanse en paz Zigmunt Bauman, 1925–2017.

En este Magazine contamos con una auténtica joya, cual es este artículo, en el que se nos desglosa su legado; se trata de un artículo de referencia, junto con este otro, sobre Gardner, en el que encontramos información suficiente para unas cuantas tardes de asimilación de lo que su mensaje supone para nosotros los y las docentes.

Resulta verdaderamente escalofriante analizar con Bauman el cambio de la sociedad sólida industrial a líquida postmoderna con la falsilla de ejecución del Holocausto nazi, observar con auténtico pavor como la máquina eficaz del Estado fue capaz de poner a punto una maquinaria de desolación y de exterminación de las minorías que se consideraban enemigas de la sociedad aria, razón por la cual convenía aniquilarlas…

Cuando uno comulga en esto con Bauman comienza a adentrarse en unas arenas movedizas de las que ya no resulta nada fácil la escapada, a pesar de que las ganas de huida se aceleran por momentos al encontrarse con una realidad tan desoladora como la que nos plantea.

REALIDAD VAPOROSA

Quizá esa sea su enorme valor, haber subido la cima necesaria para analizar con tanto criterio la realidad en la que nos encontramos, tan cambiante y tan huidiza, a pesar de los enormes esfuerzos que continuamente ejecutamos para asir una realidad tan vaporosa. Sin duda, Bauman ha subido a una atalaya lo suficientemente poderosa en la que ha columbrado a la perfección este tiempo de tantos cambios a lomos de un milenio que camina a un ritmo endiablado.

En el ámbito de la educación, a no dudarlo, su principal aportación es la enorme contraposición que existe entre la estructura sólida de la Educación como ente administrativo y la enorme liquidez que la sociedad actual tiene, de forma que la primera parte de unas premisas plenamente asumidas que ya no son moneda frecuente en la segunda: la escuela parte de un horizonte de estabilidad, de rigidez en sus formas curriculares y en los brazos ejecutores de su profesorado que nada tienen que ver con la volatilidad, con la liquidez que de continuo encontramos en nuestro día a día:

1

Trabajos en los que la creatividad es absolutamente necesaria para el desempeño adecuado.

2

Trabajos en los que la individualidad competitiva ha cedido paso al trabajo en equipo constante.

3

Trabajos en los que se premia la iniciativa propia más que la asunción de unos contenidos que son los que hay que memorizar aunque se encuentren fuera de contexto educativo y que no fomentan en absoluto el espíritu crítico.

4

Trabajos en los que se entiende un concepto pleno de la persona y no solo lo que son capaces de demostrar en un examen como único contexto de asignación de un número que cataloga a la persona.

5

Ausencia de trabajos que necesitan de personas con un alto autoconcepto y con dominio de sus emociones para ser capaces de arrostrar las diversas vicisitudes de la vida.

Digamos que Bauman era “poco amigo” de las redes sociales y de los graves peligros de generar espacios excluyentes en los que no haya margen para el diálogo constante y fluido que sirva para el intercambio y la interacción que todas las personas necesitan; sin duda, un acierto más del sabio polaco que conviene tener muy en cuenta a la hora de temer no encontrar siempre en las redes personas que estén en la misma cuerda de nuestros planteamientos.

Humildemente, y sin aspiraciones de querer situarme en la comparación con el sabio polaco, creo que sería muy conveniente dotarnos en las redes con personas que no son de nuestra cuerda, con las que tengamos que confrontar nuestras opiniones para hacer de ellas un verdadero foro de diálogo de tipo socrático.

Quizá, una de las últimas entrevistas en las que puede destilarse el Bauman más auténtico sea ésta que recomiendo vivamente para una asunción pausada y feraz.

Poco más, que la líquida eternidad que ahora comienza para él pueda alumbrarnos en el siempre deseable horizonte de la realización personal, aquella que desemboca en: personas más felices en lo personal y, por ende, más felices en la sociedad que viven.


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