Pantallas

jestebanprofe
Jan 20, 2018 · 5 min read

El asedio es constante, apenas si hay un momento para el sosiego, para la clandestinidad que dé paso a la huella verdadera que nos identifica… O, al menos, a la pausa que nos permita detenernos un instante.

Es la tormenta perfecta, en el diluvio hay mucho dinero circulando y unos pocos, constante ésta en la historia de la Humanidad, se están engrandeciendo a costa de la gran mayoría.

¿Puede alguien imaginar un día en el que no estemos cien por cien pendientes de la supuesta importancia que nos persigue desde una pantalla? ¿Independientemente del formato que ésta adquiera?..

https://twitter.com/thereaibanksy/status/951214067942920195

Preguntas de calado y a las que no he podido resistirme en esta ocasión.

El sometimiento a la misma, a la pantalla, viene de antiguo: esta servidumbre dio comienzo hace unas cuantas décadas, cuando allá por los años 20 del siglo pasado se inició la senda del trasvase de información en este formato. Más información en este jugoso y técnico artículo.


Podemos convenir con facilidad que la información que a día de hoy tenemos a nuestra disposición en la pantalla es inmensa, enormemente atrayente, se encuentra a plena disposición y a un escaso click. Bauman, cómo no, comenta que una edición, por supuesto en digital, de una revista como el New Yorker, tiene más información que la que cualquier sabio de la Ilustración podía asimilar en ese período de inicio de la era enciclopédica; también comenta que, en este maremágnum de información, los millennials están perdidos, apenas si tienen margen para encontrar su espacio y lo hacen en foros o redes sociales en las que no hay oposición a sus ideas, de modo que siempre encuentran ratificación a sus propuestas de inicio, con el inmenso peligro que esto acarrea. No hay, en definitiva, una cultura de contraste, de oposición dialógica constructiva.

Todo esto conecta con una de las ideas que vertebra el ensayo de Vargas Llosa sobre la civilización del espectáculo: la superficialidad cultural es la que ha triunfado, la que va al instante, la que sirve para la inspiración del momento y que no camina hacia la trascedencia que vertebra a las personas con solidez. Más sobre Vargas Llosa en este enlace, de cosecha propia:


Existe un doble juego que resulta desconcertante, asistimos a un pantallaje de ida y vuelta:

Por un lado, nos vemos sometidos a lo que quieren que veamos, a la nueva dictadura silenciosa, la de los algoritmos, la que establece lo que interesa en función de una sola idea: que pasemos más tiempo secuestrados por la pantalla; quizá sea interesante en ese sentido que prestemos un poco de atención a alguien que ha estado dentro de esta esfera y que conoce cómo son los cauces inducidos por los que habitualmente navegamos con aparente inocencia. Me refiero a Franklin Foer, afamado periodista quien, quizá, esté ofreciendo brindis al sol que debamos recoger en alguna ocasión que otra…

Por otro, ahora todos somos partícipes en la pantalla de otros, cada uno en su medida, según el impacto que se tenga en sus redes de influencia; mostramos nuestro lado más agradable, mas superficial, más naif, para que se piense que nuestro proceder responde a la imagen inducida que de nosotros se espera. Pocos son los que se atreven a mostrar su verdadera desnudez, la lacerante, la que casi nunca enseñamos, incluso a nosotros mismos y que sería más urgente compartir, con las personas que se lo merezcan y puedan ayudarnos, obviamente, y sin el perfil digital, cara a cara, con tintes verdaderamente constructivos.

En este sentido, cabe abrir un pequeño paréntesis en relación a los “influencers”, personas que están arriba en la jerarquía que la red establece y que son hábilmente empleados para que se manipulen los intereses de las grandes firmas comerciales. Mucho cuidado con ellos, nada en su proceder es baladí y sí totalmente intencionado.

Quién no ha sido partícipe de situaciones cotidianas en las que se observa una imagen monótona, con claros perfiles de desidia, que, instantáneamente, a la luz de la cámara del móvil, se revive de una forma inusual como consecuencia de la aparición de la foto que va a ser testigo del momento en las redes. Luego, todo vuelve a encauzarse en la monotonía previa que todo lo inundaba en primera instancia…

pic.twitter.com/rE7HbEUlWL

El asedio no se va a acabar, antes al contrario, se va a recrudecer, la infoxicación es constante: creo que una de las grandes aspiraciones que los adultos tenemos de cara al futuro inmediato de las siguientes generaciones es que sean bien capaces de discriminar las fuentes de información para poder discrepar de aquello que no aporte trascendencia a su espíritu, en la línea de lo que defiende el premio Nobel Vargas Llosa en el ensayo citado anteriormente.

No quiero emitir un planteamiento de lo que cada uno debe hacer, yo, por poner un ejemplo, para encontrar momentos sin pantalla, acudo a citas con el deporte en las que no me llevo ningún tipo de pantalla; al mismo tiempo, también me obligo a momentos en la casa en los que no atiendo el teléfono. También me planteo tareas (lecturas, anotar pensamientos y demás menesteres culturas) que, una vez cumplidas, me permiten pasar un tiempo ante la pantalla, tiempo que trato que sea de calidad, intento... En fin, esas cosas que uno adquiere como hábito para que no esté pendiente del móvil todo el tiempo.

En definitiva, el aquí y el ahora se nos están diluyendo de entre las manos como consecuencia del monopolio al que la pantalla nos somete. Algo debemos hacer, está aún en nuestras manos.

Os dejo con una charla TED en la que todo esto se habla desde el punto de vista antropológico, es un charla de impacto que creo que merece la pena ver,


Magazine de Sastre

Éste es un espacio diverso en el que espero encuentres apuntes para tus pensamientos; mi aspiración, poder compartir, desde esta humilde atalaya, ideas para ver y mejorar nuestra presencia en el mundo.

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