Alfredo Bullard da un salto al vacío

Ahora que tengo tu atención, deja que me retracte… No conozco a Bullard y supongo que el éxito que tiene en ámbito legal peruano no viene sin méritos. Pero su última columna en El Comercio es una muestra de los peligros de llegar a conclusiones de políticas sociales a la ligera (basándose en el documental Poverty Inc, en serio?).

Las buenas intenciones destruyen el sistema de incentivos que generan el desarrollo y la reducción de la pobreza. — Alfredo Bullard, Pobreza S.A.

El argumento que hace Bullard no es original. Uno lo escucha una y otra vez, usualmente de la boca de empresarios, políticos y comentaristas asociados al ala conservadora de la derecha del país de turno, como lo deja en claro una columna de Eduardo Porter en el New York Times titulada El Mito de la Influencia Corrosiva de las Políticas Sociales en los Pobres. La idea, reformulada en la columna de Bullard, es que…

los pobres viven de un asistencialismo que impide el desarrollo de actividades económicas y el aumento de la productividad. Las buenas intenciones en lugar de ayudar destruyen el sistema de incentivos que generan el desarrollo y la reducción de la pobreza.

Pero esto, al final, no es más que un mito, o al menos una conclusión general no sustentada por los datos. Puede ser cierto que algunas las ONGs se aprovechen de las políticas asistenciales para promover intereses particulares o mantener su influencia en otros espacios (políticos, económicos, académicos, etc). Pero de allí a concluir que todas las políticas asistenciales crean círculos viciosos que afectan el crecimiento económico… es más que un exageración, es un salto al vacío. Si Bullard quiere saber si los programas sociales de asistencia funcionan, cuales de éstos tienen éxito y por qué, entonces debería leer lo que escriben los economistas que investigan temas de desarrollo. Por ejemplo, Abhijit Banerjee del MIT tiene un trabajo reciente en el que, junto a otros colegas, usa datos de experimentos controlados para verificar en el campo (en Honduras, Indonesia, Morroco, México, Nicaragua y las Filipinas) si las tranferencias y subsidios afectan la participación laboral — ya sabes, la hipótesis es que si me das un pescado no aprendo a pescar, de hecho ni siquiera lo intento. Sus conclusiones: los datos no validan esta premisa de forma sistemática.

In short, despite much of the rhetoric that cash transfer programs lead to a massive exodus from the labor market, we do not find overwhelming evidence to support these claims. — Abhijit Banerjee et. al, “Debunking the Stereotyp of the Lazy Welfare Recipient: evidence from cash transfer programs worldwide.”

Que podemos concluir? Siendo generosos, que el trabajo de Banerjee y coautores usa datos reales para poner en tela de juicio los prejuicios míticos de Bullard. Obviamente, es importante considerar cuidadosamente el diseño de políticas asistenciales — si me prometes que mi sueldo y mi estatus social no van a verse menguados, haga lo que haga, probablemente deje de esfozarme tanto. Los incentivos económicos y no pecuniarios importan, claro está. Pero ese no es el punto que quiero hacer hoy.

Lo que quiero resaltar es que la evidencia que buscamos para formular políticas económicas y sociales no debería venir de películas o documentales, por muy cancheros que sean (Poverty Inc, en serio?). Nuestras políticas deberían ser formuladas sobre la base de trabajos académicos serios, sustentados en modelos económicos y sociales rigurosos, y en análisis empíricos y experimentales.