Robo-advisors: qué son, cómo lo hacen y algunos retos del modelo

A estas alturas de la película supongo que cualquier persona interesada en el mundo fintech habrá oído hablar de los “robo-advisors”, empresas tecnológicas que pretenden universalizar los servicios de asesoría financiera y gestión de patrimonios, haciéndolos asequibles al gran público.

Actualmente el poster child de la categoría es la startup americana Wealthfront, mientras que en Europa me consta que se están fraguando proyectos interesantes como IndexaCapital (España), ETFmatic (Reino Unido) y alguno más que está aún en stealth mode.

Propuesta de valor

Los robo-advisors pretenden ofrecer un servicio 100% online tan bueno (o incluso superior) al de los asesores/gestores tradicionales a un coste mucho más bajo y, además, rebajando o eliminando el límite inferior de patrimonio a partir del cual se puede acceder al servicio.

Por poner algunas cifras sobre la mesa, digamos que un asesor tradicional cobra una comisión de gestión anual de en torno al 1% del patrimonio gestionado y exige un mínimo de 1.000.000€, mientras que Wealthfront cobra un 0,25% anual y exige 500$.

Bueno, bonito y barato. And for the masses.

¿Cómo lo hacen?

Como hemos visto, el negocio consiste en dar un servicio igual de bueno (o repito, en algunos casos mejor), cobrar menos y llegar a mucha más gente.

Para poder lograrlo, estos servicios se apoyan en dos innovaciones financieras más o menos recientes (la Teoría Moderna de Portfolios y los fondos cotizados o ETFs) y en el uso de la tecnología para automatizar buena parte de la provisión del servicio y para su distribución a través de canales digitales. El modelo es por tanto altamente escalable por la falta de necesidad de personas (asesores/gestores) y de oficinas comerciales.

La Teoría Moderna de Portfolios, por la que Markowitz obtuvo el premio Nobel en 1990, permite construir sistemáticamente portfolios eficientes, que ofrecen la máxima rentabilidad esperada para el nivel de riesgo deseable y asumible por el inversor (siempre y cuando se cumplan las hipótesis de partida de la teoría).

Esos portfolios eficientes se implementan invirtiendo en fondos índice cotizados (ETFs) que representan diferentes clases de activos (acciones de diferentes países y sectores, bonos de corporaciones y gobiernos, real estate, materias primas, …, etc.).

Los ETFs son fondos de inversión que cotizan en los mercados de valores, con comisiones de gestión muy bajas ya que únicamente se dedican a replicar dichos índices (al contrario que los fondos de gestión activa, cuya misión es precisamente batir a su índice de referencia, misión que muy pocos cumplen, por cierto).

La composición concreta de la cartera de cada inversor (qué porcentaje dedicará a cada clase de activo, es decir, a cada fondo que represente cada clase de activo) estará determinada por su nivel de riesgo, que es a su vez determinado por el robo-advisor a través de las respuestas a un cuestionario sobre sus objetivos financieros, situación patrimonial y reacción ante determinadas situaciones relacionadas con los mercados financieros.

Una oportunidad inmensa

Todos debemos ahorrar e invertir: A nadie se le escapa hoy que la viabilidad de los sistemas de pensiones públicos está en entredicho y no sólo por la actual situación de crisis, sino principalmente por las alarmantes tendencias demográficas. Mucha gente es consciente de que la única manera de garantizarse un retiro tranquilo desde el punto de vista financiero es comenzar a ahorrar e invertir sabia y prudentemente, cuanto antes, mejor.

La gestión pasiva está en auge: La mayor parte de los fondos de inversión, con notabilísimas excepciones como Bestinver, no generan una rentabilidad que justifique las comisiones pagadas por sus inversores.

La confianza en la banca tradicional está en mínimos: Escándalos como el de las preferentes ha hecho que mucha gente se dé cuenta de que el sistema de distribución de productos de ahorro e inversión por vía bancaria está plagado de conflictos de interés, por no decir fraudes en algunos casos, así que lo lógico es buscar vías alternativas de asesoramiento independiente.

La confianza de las nuevas generaciones en comprar todo tipo de productos y servicios online (incluso los financieros) es muy elevada y creciente: ¿Cuánto hace que no pisáis una sucursal bancaria? Yo, si pudiese, no volvería nunca. ¿Me atrevería a que un servicio online gestionase mis ahorros? Ya lo hago, soy cliente de ING Direct.

Conclusión y Retos

Como acabamos de ver, los robo-advisors ofrecen una excelente solución por eficacia y coste a un segmento creciente de la población, muy necesitado y cada vez más interesado en este tipo de servicios. Soy un fan. Un believer.

Sin embargo, como no existe nada perfecto, veamos cuáles son algunos retos del modelo:

Las principales hipótesis de partida de la Teoría Moderna de Portfolios son seriamente cuestionadas por los gurús financieros. Entre otros, la teoría asume expectativas homogéneas de los inversores (todos los agentes esperan exactamente la misma rentabilidad, riesgo y correlación entre todos los activos financieros existentes) así como mercados eficientes (los precios de los activos reflejan en todo momento toda la información disponible de manera acertada). Ambas hipótesis obviamente están muy alejadas de la realidad.

El cálculo de la frontera eficiente requiere como input principal las expectativas del asesor/gestor sobre los mercados de capitales (la previsión de rentabilidad, riesgo y correlación entre todos los activos financieros considerados). Ahí entra en juego un juicio subjetivo que alguien tiene que hacer con un impacto potencial muy importante en la rentabilidad de las carteras gestionadas. Esto aleja al robo-advisor (y mucho) de la gestión pasiva pura.

Puestos a ser pasivos, me encantaría saber si un robo-advisor es capaz de vencer a una simple estrategia muy sencilla que cualquier inversor podría hacer por sí mismo, un dollar-cost averaging (invertir periódicamente la misma cantidad en euros, independientemente del nivel de la bolsa) empleando un único ETF que replique un índice de renta variable amplio.

Un asesor financiero (humano) puede aportar muchísimo valor trabajando mano a mano con el cliente para descubrir cuáles son sus objetivos de rentabilidad y riesgo reales (no los aparentes), más allá de los que pueden aflorar en un simple cuestionario, aportando un juicio y una experiencia que no puede ser sustituida por un algoritmo a día de hoy.

En la misma línea, una de las principales misiones de un asesor financiero es actuar como coach y evitar que cometamos ciertos errores estúpidos (p.ej. vender la cartera ante una caída del mercado). Nunca hay que olvidar que invirtiendo, nosotros somos nuestros peores enemigos. Aquí otra vez creo que el humano vence a la máquina.

Tengo ciertas dudas de si un inversor va a confiar la gestión de todo su patrimonio a un servicio online automatizado o solo parte de él. En caso negativo, el asesoramiento no será del todo óptimo, ya que el robo-advisor no conocerá la composición total del patrimonio del inversor y su evolución.