Post mortem del Máster de Videojuegos de la ULL (Parte 1)

Un post mortem de un proyecto es el proceso que se realiza para analizar los motivos de su éxito o fracaso. Obviamente es algo que se suele realizar cuando concluye y es algo muy común en el mundo de las startups. Cada vez que una fracasa, es frecuente que su CEO dedique algunas líneas — ya sea en el blog de la empresa, en el suyo personal o en sitios como Medium.com — a explicar los cómos y los porqués. En resumen, se trata de un sano acto de reflexión, para aprender de los errores cometidos, que es muy de agradecer que alguien dedique tiempo y esfuerzo en compartir.

Sin embargo, este post mortem del proyecto al que ya he dedicado casi 9 meses no va de eso. No pretendo mostrar al resto del mundo por qué no he tenido éxito. Sino arrojar luz sobre las aguas turbias en las que tenemos que nadar los que intentamos hacer algo en la universidad. Porque tristemente tiene mucha razón un artículo que llegó a mis manos hace unas semanas:

“[…]las universidades siguen reflejando con gran fidelidad las características de la sociedad feudal en la que nacieron. “El feudalismo genera sus cabecillas y sus súbditos, que están obligados a respetar ciertos códigos ajenos al siglo XXI, como cuando te dicen ‘no te presentes a esta plaza porque ya está adjudicada’ o ‘tú no puedes publicar en esta revista hasta que yo lo haga”, explica el autor de La dimisión interior (Ed. Pirámide).” — Los 8 males del profesor universitario: “es uno de los trabajos más tóxicos que existen”

Que nadie dude que esto es así. Tenemos algunos nobles. Tenemos muchos plebeyos. Y tenemos costumbres tan poco de nuestro tiempo como el derecho de pernada — pero solo en sentido figurado— .

Este artículo y posteriores son la crónica de los acontecimientos que he vivido en primera persona durante los últimos meses. Aquí la dejo escrita, para vergüenza de los turbios, y para compartirla con todo aquel que quiera saber lo que realmente pasó.

Pónganse cómodos porque lo que viene es digno de Juego de Tronos. Algunas cosas les parecerán increíbles pero pueden estar seguros de que lo cuento tal y como pasó. Obviamente me he tomado la molestia de guardar cada documento que prueba que este despropósito ocurrió.

Propuesta de un título sobre videojuegos

A finales de julio de 2016 quien escribe estas líneas se comprometió con el equipo que gobierno de nuestra universidad a hacer una propuesta para un título relacionado con el mundo de los videojuegos. Un estudio sin condiciones preestablecidas. Con todas las opciones sobre la mesa: máster, experto e incluso grado.

El asunto parecía interesante, así que me puse a trabajar en ello. Estudié lo que se hace en otras universidades españolas y europeas — al menos en aquellas que tienen sus planes de estudio en inglés — . Analicé la normativa de títulos propios y oficiales y realicé un DAFO de las distintas opciones. Contrasté algunas cuestiones con personas de confianza de mi propio departamento y finalmente elaboré un documento con la propuesta: un máster oficial en desarrollo de videojuegos, con algo de diseño, de un año, sin especialidades ni optativas.

En noviembre de 2016 surgió la oportunidad idónea para compartir este documento con el resto del departamento de Ingeniería Informática y de Sistemas— volveré a esto más adelante — y lo usamos como punto de partida para elaborar entre todos el Estudio de Viabilidad de un nuevo máster en desarrollo de videojuegos a propuesta del departamento.

La ULL tuerce el camino

Llegados a este punto hagamos un inciso y viajemos 5 meses hacia adelante — a abril de 2017 — y escuchemos al Rector de la ULL en el Consejo de Gobierno donde pidió expresamente el voto para aprobar un título sobre videojuegos. No el basado en la propuesta que he comentado, sino la re-edición — nada menos que 5 años después — de un título propio en el mismo tema, dirigido por una directora de secretariado de su equipo — vaya casualidad — .

“El Rector interviene confirmando la política de la Universidad de La Laguna de impulsar y potenciar la oferta de másteres oficiales, señala las ventaja que presentan los Títulos Propios en materia de profesorado al admitir la participación de profesionales que no son profesores de universidad, de flexibilidad de organización y de no computar en la carga docente del profesorado.” — Acta del Consejo de Gobierno de 20 de abril de 2017.

Es decir, que por lo que parece la ULL quiere títulos oficiales pero no es eso lo que se ha decidido apoyar porque los propios tienen múltiples ventajas. Lamentablemente todas estas supuestas ventajas no son más que excusas. Son fácilmente desmontables y, además, ninguna de ellas sirve para potenciar una educación pública y de calidad.

Sobre la carga docente del profesorado

Por ejemplo, que los títulos propios no computen en la carga docente del profesorado es una ventaja si eres el presidente de la CEOE. Pero suena un poco raro en boca del Rector de una universidad pública. Evidentemente la docencia que no computa en la carga docente se tiene que hacer fuera de la jornada laboral. Así que lo que está diciendo es que es una ventaja montar títulos atractivos e interesantes para la sociedad a costa de hacer más horas extraordinarias, en lugar de tener gente en plantilla. Exactamente lo que es el sueño del presidente de la CEOE.

Como explicaré más adelante, la duda sobre si habría que contratar profesores está fuera de lugar. El nuevo título oficial hubiera reemplazado— junto con otros 2 — a un título oficial de mayor carga docente que iba a desaparecer. El profesorado se comprometió a impartir la docencia y el departamento había dado su aval. Entonces ¿dónde queda la ventaja de los títulos propios?

Sobre la flexibilidad de organizacion

Respecto a permitir una organización más flexible — aunque es cuestionable que, por ejemplo, un título formado por una docena de micro-asignaturas sea mejor desde el punto de vista docente — es un error confundir las piedras que nosotros mismos nos ponemos en el camino con las limitaciones reales que marca la ley o el organismo que verifica nuestros títulos.

La universidad privada Ramón Llull tiene un máster oficial sin asignaturas y con periodos de formación de 3 meses en EEUU y 3 meses en China. Sin duda algo muy distinto a lo que conocemos, que en la ULL no podríamos hacer ni como título propio, pese a su supuesta mayor flexibilidad.

Entonces ¿cómo lo han conseguido en la Universidad Ramón Llull si los títulos oficiales tienen tantas restricciones? Pues porque la agencia que verifica los títulos oficiales ofrece margen para hacer cualquier tipo de propuesta, siempre que esté debidamente justificada, existan precedentes en otras universidades nacionales o internacionales o la propuesta vaya avalada por un grupo académico solvente.

Es decir, que si en la ULL no se puede hacer lo mismo o más con los títulos oficiales que con los títulos propios es por motivos internos. Porque nuestro reglamento de títulos oficiales es muy restrictivo. Si el equipo de gobierno de la ULL no está de acuerdo, lo único que tiene que hacer es cambiarlo.

Sobre la estrategia de copiar lo que hace tu competidor

Otra frase llamativa del Rector en el mismo Consejo de Gobierno fue la siguiente:

“[…]Recuerda que la tramitación del Máster oficial en creación de videojuegos se inició a instancias del propio Rector, que lo pidió al departamento ante la demanda que presentaba y la urgencia de que la Universidad de La Laguna lo impartiera dada la competencia que presentaban otras entidades de educación superior presentes en la isla.” — Acta del Consejo de Gobierno de 20 de abril de 2017.

Precisamente por la dura competencia, si queremos tener éxito, debemos hacer algo diferente y no repetir lo que hacen los demás. Cualquiera centro de formación y cualquier academia puede dar un curso que vale lo mismo que un título propio de la ULL. Estos títulos no son reconocidos en ningún sitio, ni dentro ni fuera de nuestras fronteras, no dan acceso a becas ni al doctorado. Sin embargo no hay nada en su nombre que indique claramente este hecho con el objeto de evitar que nuestros alumnos se sientan engañados.

Hay que trabajar muy duro para crear algo diferenciador que acabe siendo reconocido fuera de nuestro entorno más cercano, aunque el título no sea oficial. La misma ULPGC mantiene desde hace mucho tiempo y con notable éxito un posgrado en videojuegos y a nivel nacional se imparten decenas de títulos similares a distancia. Entonces ¿qué sentido tiene empezar desde cero a competir en el mismo hueco donde ya hay tantos otros?

Obviamente estas cuestiones están discutidas exhaustivamente en la propuesta original — que por lo que parece nadie se leyó o prefirieron ignorar — y la conclusión fue que lo mejor para la ULL era optar por un título oficial. Por eso fue ese el camino que escogimos en el departamento.

Sobre la calidad de nuestros títulos

[…]El departamento optó por la tramitación larga que supone la impartición como oficial y dada la necesidad de que la Universidad de La Laguna afronte estas demandas de titulaciones específicas con rapidez y eficacia, se apoyó la iniciativa de la profesora que en el pasado dirigió esta formación como título propio de volver a editarlo. — Acta del Consejo de Gobierno de 20 de abril de 2017.

Lo que el Rector llama “la tramitación larga” es en realidad la única opción para una universidad pública. Es la opción que implica que nuestro título va a ser reconocido en cualquier lugar de España y de Europa. Es la opción que obliga a pasar una serie de filtros externos y que asegura que el título va a ser auditado cada 4 años para comprobar si estamos cumpliendo nuestros compromisos. En definitiva, es la única opción que garantiza que el título que impartimos tiene unos mínimos de calidad.

En los títulos propios no se da ninguna de estas garantías. Se puede contratar a quien se quiera y se puede hacer lo que se quiera. Por ejemplo, se puede jugar a crear grandes expectativas para obtener muchos alumnos pero después ofrecer una formación de pena, cobrando esos profesores un sobresueldo año tras año, mientras corre la voz y desciende el número de matriculados, hasta que impartir el título ya no sea rentable. Y por hacer eso no pasaría nada, excepto el grave daño a la imagen de la ULL.

Que nadie me entienda mal, seguro que hay por ahí muchísimos y magníficos profesionales dispuestos a impartir docencia en un título propio de la ULL. Pero ojo, ser un magnífico profesional no te convierte en un buen docente. De hecho, la universidad está llena de magníficos profesionales en su campo y sin embargo sabemos que en lo que respecta a la docencia los hay mejores y peores.

Claro que en un máster profesionalizante como el que hemos intentado crear debemos incorporar a los profesionales del sector. Pero es que en los títulos oficiales disponemos de los mecanismos necesarios para hacerlo — por medio de seminarios, master classes, venias docendi o TFM en convenio con empresas — . Solo hay que usarlos. La diferencia con los títulos propios es que nos vienen a auditar desde fuera.

Para responder a quienes duden de la importancia de estar sometidos al escrutinio de una entidad externa, habida cuenta de que la ULL debe tener sus propios mecanismos internos, sólo quiero mencionar dos situaciones que afectan al título propio sobre videojuegos que en Consejo de Gobierno del ULL de 20 de abril de 2016 se decidió re-editar.

La primera es que nuestro Reglamento de Estudios Propios de Posgrado dice en su Artículo 20:

Artículo 20.- Solicitud de reediciones.
[…]
3. En las solicitudes de reedición se reflejarán las modificaciones que se pretendan introducir en el plan de estudios, que no deberán superar el 20% del proyecto anterior. Además, se adjuntará la siguiente documentación:
a. La memoria académica (definitiva o provisional) del título correspondiente a la edición anterior.
b. La memoria económica de la edición anterior (incluyendo la cuenta de liquidación provisional o definitiva, según proceda).
c. Memoria conteniendo el proyecto con las modificaciones, en su caso, incorporadas.
d. Informe de evaluación generado a partir de los resultados del Sistema de Garantía Interna de Calidad, a los efectos de lo dispuesto en el artículo 24 del presente reglamento.

Sin embargo la norma no se cumplió, habida cuenta de que ni en la solicitud ni en la documentación remitida al Consejo de Gobierno que lo aprobó se adjuntaban ni la memoria académica ni la memoria económica con la liquidación de la edición anterior. La re-edición se aprobó sin ninguna información sobre como fue la vez anterior. Es decir, los mecanismos de control internos fallaron y nadie se dio cuenta.

La segunda es que además es un hecho probado que aquellos estudiantes de la última edición de ese título propio — la del curso 2011/2012 — no comenzaron a ser llamados para recoger su título hasta principios de 2017. Es decir, que después de haber pagado 3000€ — más de lo que cuesta un título oficial — han tenido que esperar 5 años para recibirlo. Y no porque ese sea el tiempo normal que tarda la ULL en emitir un título sino porque la directora del mismo no había realizado hasta ahora las gestiones pertinentes. Y sin embargo, como es un título propio, aquí no pasa nada. El Rector de la ULL pide en Consejo de Gobierno el voto para su re-edición, aunque por no cumplir ni siquiera cumplía con el reglamento de estudios propios de posgrado.

Que no le quepa duda a nadie que de ninguna manera podría pasar algo por el estilo con un título oficial. En mi opinión, si alguien tiene pensando destinar sus ahorros a mejorar su formación, mi consejo es que tenga mucho cuidado en invertirlo en quienes han demostrado en el pasado ser muy poco profesionales.

Continuará…

De vuelta a noviembre de 2016, una vez decidimos que lo mejor era proponer un título oficial, sabíamos que íbamos bastante justos de tiempo. Además yo desde el principio había adquirido el compromiso de conseguir que el título estuviera en marcha para el próximo curso y tenía claro que haría todo lo posible para que fuera así. De hecho me reafirmé en ese compromiso en una reunión con el Rector el 1 de marzo de 2017.

Cómo es que el 20 de abril lo que se aprobaba en Consejo de Gobierno era un título propio presentado por un profesora, que parece que vino por fortuna a salvarnos de nuestro error, es lo que explicaré en la segunda parte.

(Parte 2, aquí)