¿Compra el dinero la felicidad?

Sí, claro que sí. Con 6 matices

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1. No la compra directamente. Pero compra cosas que te llevarán a ella.

El anuncio del Euromillones plantea que la felicidad llega por agregación (un yate de lujo o un viaje a la Polinesia). Funciona al revés: La conexión dinero-felicidad llega por sustracción, tener dinero te permite eliminar de tu vida aquello que no quieres. Te centras en qué cosas positivas el dinero añadiría (e.g., subir de coche) y quizá no las necesitas tanto. Fíjate en qué cosas negativas eliminaría: Quitarte la presión de la hipoteca o tener que reírle las bromas al CEO (sin trabajo, ya no tendrás malos jefes). Te permitirá también delegar las tareas antipáticas: Limpiar el baño o gestionar impuestos.

Al final del día, si hay algo que puedes comprar con dinero es tu libertad. Te permite no escuchar [tantas] gilipolleces y te permite decir lo que piensas en todo momento. Posición fuck you para hacer lo que te apetezca. Sigue siendo más una cuestión de actitud que de cartera, pero, para solidificarla, minimiza compromisos y ahorra todo lo que puedas. Frase de Josep Pla, hablando sobre periodismo: “Ser rico e independiente es muy difícil. Lo que es literalmente inconcebible es ser pobre e independiente.” El único lujo es poder decidir. Wyoming, en tono broma pero muy en serio, te cuenta su mañana de rico. Primeros 4 minutos del vídeo.

Con líquido en el banco compras seguridad y compras tranquilidad, precisamente, olvidándote del dinero. Ya no tendrás que preocuparte por el alquiler y, claro está, desde posición de confort será más fácil autorrealizarte. Rafael Chirbes, el escritor valenciano, decía que el dinero sirve para comprar inocencia a los descendientes. Malo (no quieres un hijo estúpido) y bueno (hay felicidad en la ignorancia). No es grave con 18, todos hemos estado allí. El problema son los que, con 40, no consiguen bajar de ‘mount stupid’.

Por último, compra algo de tiempo y compra cierto espacio. Cuando nos preguntan el ‘peor momento del día’ la mayoría responde que el commuting, el trayecto de casa al trabajo y del trabajo a casa. No sé dónde está tu felicidad — pero no la encontrarás en hora punta, en medio de un atasco. Juégalo contrarian, tampoco necesitas ser millonario. Control de agenda: Explica el 80% de mis buenos momentos. Viajar en septiembre, entrar a las 10 a la oficina, visitar el MOMA a primerísima hora (en lugar de la tarde que es ‘gratis’ → coste de oportunidad), bloquear una semana para [X]. Encontrarme con gente, como el calor, empeora la percepción de un mismo lugar / evento.


2. Tenemos un problema con la definición de felicidad.

¿Qué significa? ¿Qué medimos? ¿Bienestar o propósito? ¿Estar satisfecho con lo que estoy viviendo ahora o estar orgulloso de mi vida vivida? ¿Y si estoy hoy jodido pero tengo grandes sueños? ¿Y si después no se cumplen? ¿Y si disfruto de una vida tranquila pero no encuentro razón a la existencia humana? Me preguntas si soy feliz. Bien, cierto es que ahora me lo estoy pasando bien, pero después quién sabe. ¿Qué declaro entonces? No puede responder tu pregunta.

Teoría: La dimensión temporal de la felicidad — con 3 tiempos:

Pasado (recuerdos), presente (experiencias), futuro (expectativas).

Deberíamos consumir felicidad de cada una de las 3 dimensiones, repartirla. Ojo: Puedes ser feliz en el pasado / futuro y miserable en el presente. Peligro de vivir demasiado en recuerdos y expectativas. Yo priorizaría experiencias. La pregunta aquí interesante: ¿Cuál es la distribución óptima de cartera? Demasiado abstracto todo, pero yo, si pudiera ajustarlo, iría con un 10–80–10.

¿Por qué son felices los niños? No tienen planes de futuro, no sienten presión por alcanzar nuevas (¡interminables!) metas. El ayer es pasado, su vida son las aventuras del día. No son conscientes del factor tiempo, que transcurre despacio, desaparece la sensación de estar desperdiciando la vida en [X].

Resumen del hombre moderno: La búsqueda activa de la felicidad como causa principal de depresión. Antídoto contra la sociedad ultraproductiva: Hacer más cosas sin que exista un motivo. Los americanos utilizan el verbo to tinker para describir la acción de reparar algo sin mucha idea. Como haría un niño, de forma inconexa, probando diferentes piezas. Sin un plan, sin un porqué.

Conexión con nuestro viejo amigo el flâneur, el paseante sin rumbo ni objetivo, moviéndose por sensaciones, abierto a las vicisitudes que salían al encuentro. Ya no tanto para beneficiarse de opcionalidad, sino para, simplemente, ser feliz. El flâneur vive el momento, sin melancolía ni deseos.


3. Utilidad marginal decreciente. Again.

En euros. De 0 a 20.000 gran impacto, de 20.000 a 40.000 mucho menor y a partir de 40.000 la curva es plana. Primeros euros cambian (exponencialmente) una vida. Después, menos de lo que crees. Tu día es más parecido al de Warren Buffett que al de un pobre de la India. Lo decía el mismo Buffett: “Tengo una TV más grande para ver el mismo partido de baloncesto.” Es binario: El acceso a una TV marca la diferencia, no su tamaño. A partir de aquí, pijadas marginales: Te regalo la comodidad y puntualidad de su jet privado, prefiero la seguridad extra que me ofrece la aviación comercial.

En nuestra imaginación ser millonario parece ser la hostia. Todo parece indicar (¡no puedo confirmarlo!) que no genera felicidad de forma constante. El Lamborghini mola. Los primeros días. Después te acostumbras. Como todo en la vida: Al final te cansas.

Si lo llevamos al extremo: No ahorres de joven, gástatelo todo. Utilidad brutal de un Eurorail con 18 años. Sin tantos prejuicios y con menos obligaciones, maximizas retorno de 1.000 EUR. Aventuras caóticas en Amsterdam, París y Roma. Recuerdos que permanecerán en ti toda una vida. Después, con 40 años y ya sin espíritu explorador, contratas packs turísticos de 5.000 EUR en circuito cerrado, buscando una fracción de esa felicidad. Sin demasiado éxito.

Y, regresando a la economía, recuerda que nada es gratis. Calcula el coste de oportunidad de ganar ese euro extra. El trade-off: Más tiempo con los tuyos. ¿A qué estás renunciando persiguiendo esa promoción corporativa que te permitiría comprar una segunda residencia? Si no merece la pena, vivir con menos. (Spoiler: No merece la pena.)


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4. Gráficos para entender, un poco mejor, la compleja relación entre dinero y felicidad.

A. A nivel individual. ¿Cambia tu felicidad a lo largo de los años? Sí, eres más feliz cuando eres joven y cuando eres viejo. Una hipótesis en las expectativas: Cuando lo esperas todo y cuando no esperas nada. Los niños juegan en otra liga. El mínimo sobre los 50, con hijos adolescentes.

B. Rendimientos decrecientes. A partir de unos 40.000 EUR anuales ganar un euro extra no genera más felicidad. Depende, claro, del tipo de vida que quieras llevar, pero concéntrate en cubrir tu mínimo. Una vez allí, invierte conservador. Tienes ahora mucho que perder, menos utilidad que ganar.

C. Entre-países. La correlación es clara: Los estados ricos declaran, de media, mayor felicidad que los estados pobres. Con renta per cápita inferior a 10.000 EUR la vida no será fácil, la mayoría no tendrá allí necesidades básicas cubiertas. Incremento marginal decreciente después, ahora a nivel macro. Depende de cada cultura, pero más dinero suele comprar [un poco más de] satisfacción. No siempre: Los ciudadanos mexicanos declaran mayor felicidad que los ciudadanos estadounidenses. Una posible razón en el overchoice. Otra en la resiliencia, ajustamos a todas las circunstancias (positivas y negativas).

D. Intra-países. Hoy, el porcentaje de estadounidenses que declaran ser ‘muy felices’ es el mismo que el de 1955. Siempre alrededor del 30%. El número no ha cambiado con el enorme progreso tecnológico de los últimos 70 años, con una renta per cápita 3 veces más alta. Explicación: Somos felices por comparación, no en términos absolutos. Una competición destructiva en nuestra escala social imaginaria, la de compararte con tu cuñado.

Complejo operar de forma independiente, somos animales tribales buscando validación de las élites sociales. Leía que en un pueblo en el que tocó la lotería se cambiaron todos el coche. También quienes no ganaron el premio, no querían ser menos que sus vecinos. Vigila, por tanto, con tus puntos de referencia. Se puede disfrutar de la vida sin vinos caros, pero tú entorno quizá espera que ajustes a sus, a veces estúpidas, normas sociales (e.g., no conducir un coche viejo si tienes casa en un buen barrio). Si quieres ser más feliz, cambia los amigos que estén proyectando demasiado éxito. No es una broma.

La regla es sencilla: Si estás preocupado significa que no puedes permitírtelo.

Gastar bien el dinero no es garantía suficiente de satisfacción, pero gastarlo mal siempre te hará infeliz. ¿Por qué (seguramente) tampoco somos más felices que un griego en la polis? Porqué el mensaje que te venden es que de ti depende alcanzar la cima de la pirámide. Antes era inalcanzable. Ahora una posibilidad real. Pero la competición es brutal y, si no salen las cosas, genera frustración. Intentaremos entonces falsearlo, proyectando status vía gasto. En catalán: Estirar més el braç que la màniga. Si fuerzas en esto, tienes todos los números para ser un desgraciado. Porque, por más señalización que compres a crédito, siempre habrá alguien que podrá pagarse una boda mejor, más grande. En el largo todos muertos… menos tú, que seguirás refinanciándote.

Último punto: Asegura únicamente cuando no puedes costear reparación — escenario catastrófico que prefieres tener controlado. Tú duermes mejor pero, si la aseguradora presenta beneficios, significa que tu valor estimado es negativo. Traducido, no contrates si puedes cubrir la pérdida (e.g., móvil).


5. ¿Cómo gastarte el dinero para ser más feliz?

Ideas de Kahneman y Tversky — siguiendo su función del valor asimétrico:

  1. Mayor utilidad en comprar 5 pequeñas cosas, antes que 1 grande.
  2. Agrupar pérdidas y separar ganancias. 4 suspensos o 4 excelentes, ¿cómo contarías cada caso en casa? Lección para políticos y directivos que estén buscando la manera de implementar reformas estructurales.
  3. Invierte conservador. Si ya eres rico, primer objetivo es no bajar de categoría. No merece la pena correr demasiados riesgos. (1)

Ideas de Dan Gilbert:

  1. Adquirir más experiencias y menos bienes materiales.
  2. Imagínate que te apetece comerte una pizza. Fórmula óptima de consumo: Pagar ahora y consumir mañana. El peor sistema: Los micropagos.
  3. Regalar, mayor utilidad cuando compartes tu dinero con los tuyos. (Importante: No puedes forzarlo, solo funciona si te sale de dentro.)
  4. Recuerda que, pase lo que pase, terminas reajustando al mismo equilibrio.

Yo no quiero dar consejitos, solo cito. Si recibes 5.000 EUR (y no quieres ahorrarlos) deberías gastártelos viajando, nadie podrá quitarte ese buen recuerdo. Experiencias ofrecen, claramente, el mejor retorno. Un viaje genera felicidad en 3 tiempos. Antes: Leerte la guía y preparar tu ruta en una cafetería. Durante: Paseo en camello. Y después: Consumir el recuerdo en una fotografía… transcurridos 20 años. Un deportivo no puede ser aquí competitivo. Aunque Conor McGregor opina distinto. Un bien material genera, además, nuevos problemas. Costes extra (mantenimiento, seguro y parking). Te jode mucho que se ralle. O la preocupación que te lo roben, incluso con la alarma en casa. Sufres (en tu imaginación) una posible pérdida.


6. Las mejores cosas de la vida son gratis.

Disclaimer: Cantan los millonarios.

Cierto es que no compra salud. Si estás enfermo puede darte un mejor tratamiento médico pero no siempre más tiempo, el recurso más valioso.

El dinero ayuda a vivir mejor pero no te dará un propósito. Tendrás que buscártelo. Y aquí sí que estarás solo. La vida vacía (intuyo) de RKOI. Quizá es un comentario sesgado, solo intento convencerme que prefiero haber nacido en mi familia de clase media. Me fascinó esta encuesta en Twitter. Voté alegría pero estaba autoengañándome. La respuesta, obviamente, era envidia.

I can’t get no (satisfaction). Sufrimos todos de lo mismo: Infravaloramos aquello que ya tenemos y sobreestimamos aquello que no tenemos. Un poco de psicología evolutiva: Mecanismo diseñado para mantenernos activos, pero que impide que podamos retener las buenas sensaciones, nunca disfrutando de los resultados conseguidos. Olvidamos la victoria al poco tiempo. Nos cansamos de todo por programación natural, los simios insatisfechos buscaron nuevos retos, maximizando así su probabilidad de supervivencia. Llevamos hoy el gen de la infelicidad. Pensando siempre en el siguiente reto.

Es cierto el dicho: Cuando me va todo bien, me busco nuevos dolores de cabeza. Estudio de Harvard. No compramos las mejoras en la economía por una razón estúpida: A medida que solucionamos problemas, bajamos el listón de aquello que definimos como problema. Metodología del caso (2) y dos ejemplos: Cambios en las políticas públicas o laSexta Noticias abriendo con esto. El principal problema que le veo yo a esto: Nunca será suficiente.

Educar en la austeridad. En Florencia, mantienen el poder las familias del Renacimiento. Parte de la explicación en los valores que se transmiten de padres a hijos. Los ricos de verdad no gastan, conducen un Mercedes de hace 20 años. Historia de un magnate. (3) Trump, siendo un hortera gastando, opera en sus negocios con cabeza. (4) Austeridad, denominador común en la mentalidad de nuestros abuelos de post-guerra. Postureo, denominador común en la mentalidad del nuevo-rico promotor inmobiliario de pelotazo. ¿Qué fortuna / valores crees que prevalecerán en el tiempo?

Reivindican singularidad vía posesiones deficitarias. Casa en la playa y casa en la montaña. Inversión de 600.000 EUR para 15 días en verano. Si te quedan 40 años, te sale a 1.000 EUR por noche (sin incluir impuestos ni reparaciones). Podrías dormir en el Ritz de París y te sobraría pasta.

Empresas juegan con el tamaño del logo para cubrir distintos segmentos de postureo. El pequeño suele ser más caro que el grande. Ricos quieren señalizar entre otros ricos. Wannabes (menor poder adquisitivo) quieren contárselo a todo el mundo. Así abarcan todo el mercado de acomplejados.

Puedo seguir pero creo que lo vas pillando: ¡Que no gastes!

Mi percepción: Dejas que tus marcas hablen por ti porque no tienes nada interesante que decir. Antes de buscar una respuesta, replantearte la pregunta. No hay un problema de falta de compromiso, el problema es la falta de curiosidad, el problema es la falta de autenticidad. ¿Cómo vivirías tu vida si nadie creyera en ti? Libérate de la prisión que representan las expectativas de los demás, deja de modificar comportamiento para ajustarte a esa imagen.

Cómprate el Rolex más barato para recordarte que eres el puto amo. Vive con poco, el dinero compra tranquilo. Te venden el lujo desde tus inseguridades de clase media. Te gusta ser visto con un BMW más de lo que te gusta conducirlo. Competir en tamaño. Un juego en el que no puedes ganar. Siempre habrá alguien con un barco más grande. Activos y pasivos. Rich dad, poor dad. (5) Un billonario no busca validación. Ahorra, ganarás seguridad [real] en ti mismo. Ahorra, comprarás tu libertad con dinero en el banco.

“La gente feliz no consume.” (6)


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(1) Peter L. Bernstein en Against the Gods: The Remarkable Story of Risk. “According to Bernoulli, our decisions have a predictable and sys­tematic structure. Ina rational world, we would all rather be rich than poor, but the intensity of the desire to become richer is tempered by how rich we already are. Many years ago, one of my investment coun­sel clients shook his finger at me during our first meeting and warned me: "Remember this, young man, you don't have to make me rich. I am rich already!" The logical consequence of Bernoulli's insight leads to a new and powerful intuition about taking risk. If the satisfaction to be derived from each successive increase in wealth is smaller than the satisfaction derived from the previous increase in wealth, then the disutility caused by a loss will always exceed the positive utility provided by a gain of equal size. That was my client's message to me.”

(2) Levari, Gilbert, Wilson, Sievers, Amodio & Wheatley en Prevalence-induced Concept Change in Human Judgment. “Perhaps the most socially relevant of the studies described in the paper, Gilbert said, involved participants acting as members of an institutional review board, checking research methodology to ensure that scientific studies were ethical. “We asked participants to review proposals for studies that varied from highly ethical to highly unethical,” he said. “Over time, we lowered the prevalence of unethical studies, and sure enough, when we did that, our participants started to identify innocuous studies as unethical.” As the prevalence of a problem is reduced, humans are inclined to redefine the problem. As a problem becomes smaller, conceptualizations of the problem expand, which can lead to progress being discounted.”

(3) Fernando Trías de Bes en Nosotros o Nuestros Hijos. “Tengo una buena amiga que trabaja en el sector textil. Uno de sus grandes clientes es uno de los principales empresarios de Bélgica, propietario de varios castillos en el centro de Europa. En cierta ocasión, volaban juntos a visitar a un proveedor. En pleno vuelo, pasaron el carrito de las bebidas, que eran de pago. El empresario preguntó cuánto costaba un refresco de cola. “Cinco euros”, le respondió la azafata. “Es muy caro, olvídelo.” dijo él. Mi amiga, que es muy dicharachera y espontánea, exclamó: “¡Pero si para ti 5 euros no son nada! Pídete el refresco.” Él respondió: “Claro que no son nada, pero esa no es la cuestión. El precio es desorbitado e, independientemente de que disponga de ese dinero, no estoy dispuesto a pagar ese precio porque no lo vale.” ¿Qué tiene que ver con ahorrar para nuestros hijos o gastar en nosotros mismos? Mucho. Porque lo que este empresario aprendió de sus padres era que el dinero cuesta un esfuerzo ganarlo. Había aprendido a reconocer el valor de las cosas. La cuestión no era si podía desembolsar 5 euros, sino si el refresco los valía. Mantener esta postura a lo largo de la vida es solo posible si uno ha aprendido a vivir así desde la infancia. Y es indispensable experimentar que el dinero ha de ganárselo uno.”

(4) Donald J. Trump en The Art of the Deal. “I believe in spending what you have to. But I also believe in not spending more than you should. When I was building low-income housing, the most important thing was to get it built quickly, inexpensively, and adequately, so you could rent it out and make a few bucks. That’s when I learned to be cost-conscious. I never threw money around. I learned from my father that every penny counts, because before too long your pennies turn into dollars. (…) To this day, if I feel a contractor is overcharging me, I’ll pick up the phone, even if it’s only for $10,000, and I’ll complain. People say to me, “What are you bothering for, over a few bucks?” My answer is that the day I can’t pick up the telephone and make a twenty-five-cent call to save $10,000 is the day I’m going to close up shop.”

(5) Robert Kiyosaki en Rich Dad, Poor Dad. “The middle class finds itself in a constant state of financial struggle, their expenses increase in proportion to their salary: Hence, the rat race. They treat their home as their primary asset, instead of investing in income-producing assets. The philosophy that a pay raise means you can spend more is the foundation of today’s debt-ridden society. Increased spending throws families into greater debt, even though they may be advancing in their jobs. Their balance sheets are not balanced, loaded with liabilities. Their only source of income is their paycheck. So when genuine ‘deals of a lifetime’ come along, these people can’t take advantage of them because they are working so hard, are taxed to the max and are loaded with debt.”

(6) Frédéric Beigbeder en 13,99 euros. “Me llamo Octave y llevo ropa de APC. Soy publicista: eso es, contamino el universo. Soy el tío que os vende mierda. Que os hace soñar con esas cosas que nunca tendréis. Cielo eternamente azul, tías que nunca son feas, una felicidad perfecta, retocada con el PhotoShop. Imágenes relamidas, músicas pegadizas. Cuando, a fuerza de ahorrar, logréis comprar el coche de vuestros sueños, el que lancé en mi última campaña, yo ya habré conseguido que esté pasado de moda. Os llevo tres temporadas de ventaja, y siempre me las apaño para que os sintáis frustrados. El glamour es el país al que nunca se consigue llegar. Os drogo con novedad, y la ventaja de lo nuevo es que nunca lo es durante mucho tiempo. Siempre hay una nueva novedad para lograr que la anterior envejezca. Hacer que se os caiga la baba, ése es mi sacerdocio. En mi profesión, nadie desea vuestra felicidad, porque la gente feliz no consume. Vuestro sufrimiento estimula el comercio. En nuestra jerga, lo hemos bautizado «la depresión poscompra». Necesitáis urgentemente un producto pero, inmediatamente después de haberlo adquirido, necesitáis otro. El hedonismo no es una forma de humanismo: es un simple flujo de caja. ¿Su lema? «Gasto, luego existo.» Para crear necesidades, sin embargo, resulta imprescindible fomentar la envidia, el dolor, la insaciabilidad: éstas son nuestras armas. Y vosotros sois mi blanco.”


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