¿Demisexualizándome?

Bandera asumida por los demisexuales

Se conoce como demisexualidad a la atracción sexual restringida a la conocida como “secundaria” (no basada en cualidades externas, como la “primaria”) y a relaciones personales cercanas, con vinculación afectiva más o menos -dependiendo de la fuente- fuerte. Por lo tanto, no es asexualidad, por cuanto no hay privación de atracción sexual.

Ésa es, a grandes rasgos, la síntesis de posibles definiciones.

Llevo meses en un proceso personal que, conforme dicho modelo, lo sería de progresiva demisexualización. Digo “conforme dicho modelo” porque siendo intelectual e ideológicamente igualitarista opto por la abolición de las categorías (clase, género, orientación sexual, nación, etc.) que rompen la idea de igualdad y me lleva a excluirme de cada vez más de tantas que la posmodernidad está convirtiendo en trincheras.

Así que aunque desde fuera se me pueda acabar subsumiendo en la categoría de “demisexual”, personalmente, como en cualquier otra, tampoco me siento del todo identificado con la misma. Hay definiciones que exigen para la demisexualidad una conexión más fuerte que normal para la generación de atracción sexual.

Y tampoco llego a ese extremo, a esa ortodoxia. No soy de ortodoxias. Lo que sí tengo claro es que cada vez me cuesta más avanzar sexualmente con alguien si no hay más que atracción física. Cada vez requiero más admirar.

Quizá sea una fase personal de este momento vital, lo cual también tiene que ver con mi autoexclusión de las categorías; que, ante todo, fluyo. Lo que sí tengo claro es que “No todo va a ser follar”, como a propósito de otro post de Galicia Méndez dejé escrito aquí:

Lo mainstream ahora es la hipersexualización, a los niveles que en lo social estigmatiza a quien se autoexcluye -y qué duro es sustraerse- y que en lo individual Anthony Giddens identificaba con la compulsividad adictiva en su “La transformación de la intimidad”. En esta obra, frente al “amor romántico” Giddens apuesta por un paradigma que denomina “amor confluente” basado en la relación pura en tanto que no condicionada, pactada, igualitaria, libre, y en la fidelidad sexual, y -todo matizable, que por ejemplo no creo en las relaciones cerradas ni abiertas, sino “de la mano”- ésa es definitivamente mi opción.

Follar por follar para mí se ha convertido en usar el cuerpo de otra persona para masturbarme con él. Y quienes se han confiado a mí sexualmente no se merecen esa deslealtad.

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