La metanarrativa del BDSM según los posmos

La postmodernidad, como ideología postfascista, se basa en la metanarrativa de la crítica a las metanarrativas, de la crítica al mero hecho de la existencia de metanarrativas.

Pero ¿qué es una metanarrativa? Es un concepto posmo que describe a los grandes paradigmas, a los grandes sistemas de pensamiento que interpretan las distintas dinámicas -las narrativas concretas- de la realidad. Así, constituyendo la ideología posmoderna un auténtico aggiornamento del fascismo cultural, de lo que es ilustrativa su exaltación de la irracionalidad y del individualismo y el supremacismo de sus exaltados, el paradigma de paradigma o de metanarrativa -valga la redundancia- le es el marxismo y sus distintas evoluciones. Al fin y al cabo la posmodernidad es toda una construcción más, debidamente auspiciada, para neutralizar a la clase trabajadora sustrayéndola de su conciencia de clase, diluyendo a la izquierda política y social.

La crítica a eso que los posmos llaman metanarrativa parte, en sí, de otra metanarrativa, cual es la propia posmodernidad. Incoherencia que tampoco les importa mucho, ya que el propio pionero Jean-François Lyotard, en “La condición postmoderna” de 1979, recurría a eso que ahora se llama “postverdad” -eufemismo para referirse a, lisa y llanamente, la mentira- en el contexto de la exaltación de la irracionalidad.

En estos tiempos rápidos donde lo fácil es la posmodernidad, tiempos líquidos que dijo el gran Zygmunt Bauman, todo se impregna de su propia metanarrativa falsaria (hasta el amor). Y de ello no se escapa el BDSM.

Para ellos el BDSM como “sistema” es una metanarrativa a la que someten, por mecanismo de proyección, a su propio defecto de falsedad. Para ellos, sólo es auténtico BDSM cualquier que le sirva a sus intereses (follar, no nos engañemos). Adanistas, cuestionándolo todo, cuestionan presupuestos tan básicos que hasta siempre han sido configuradores para el BDSM: así, niegan la necesidad de magisterio en el BDSM o lo confunden con mero rough sex con parafilias. Y desde su supremacismo postfascista, quienes nos negamos lo hacemos por corsés mentales que nos impiden sustraernos de nuestra inferioridad intelectual.

Pero no lo olvidemos: el propio Lyotard, al criticar desde la metanarrativa posmoderna las demás metanarrativas, admitió hacerlo desde la mentirosa posverdad. Miente quien pretende un BDSM desde su propio adanismo.

One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.