No todo va a ser follar

No me voy a enrollar sobre la hipersexualización de la sociedad actual. No. Como único presupuesto personal, sostengo que la sexualización es no buena, sino normal. La diferencia está en su canalización: no hay que reprimirla, pero tampoco presionar para que todo el mundo esté disponible a los impulsos sexuales de cualquiera. Y cuando digo “todo el mundo” y “para cualquiera” me refiero a la captación de la mujer para las dinámicas biológicamente predeterminadas para el hombre, que en el fondo es de lo que se está tratando. Como dicen las radfems, se está tratando de aportar carne fresca al patriarcado (tengo pendiente al respecto la lectura de “Neoliberalismo sexual” de la filósofa feminista Ana de Miguel). Algo me dice que el repunte del machismo en la gente más joven a que los últimos años estamos asistiendo es consecuencia de ese medio ambiente cosificador, de sexualidad de “usar y tirar”.

No todo va a ser follar. Y no sólo en pareja, como cantaba Krahe. En general. Hay que deshipersexualizar la sociedad, sin pendular al extremo opuesto que tan secular ha sido en sociedades como la española, y hay que hacerlo porque tanto un extremo como el otro, ambos de presión y culpabilización, constriñen la libertad y así son perjudiciales para el desarrollo de la personalidad de los individuos.

Galicia Méndez nos explica, con gran valentía porque, precisamente, se sustrae del marco actual, cuál es el momento actual de su evolución, aquí:

Lógicamente, no voy a interpretar en un sentido u otro lo escrito por ella, ya que su redacción es brutalmente sincera, absolutamente autointerpretativa, y no queda más que leer y, realmente, ni apoyar ni censurar, como no cabe hacer ante opciones personales en cuanto no perjudican a otras personas.

Pero su lectura da para reflexiones colaterales, que pueden ni tener que ver con su experiencia concreta. Y la mía ya la he anticipado criticando tanto la hipersexualización actual como la histórica represión sexual. Y voy más allá aunque -insisto- realmente no tiene que ver con la experiencia personal de Galicia Méndez.

La promiscuidad no es intrínsecamente ni la solución ni lo contrario. Tampoco la asexualidad en el extremo opuesto. Ciertamente, en nuestro actual entorno tiene mas mérito la asexualidad por cuanto la promiscuidad, en sus distintas formas, es lo mainstream en los sectores más dinámicos de la sociedad. Ya no tiene mérito tener relaciones abiertas.

Pero sí hay un claro supremacismo supuestamente moral y/o intelectual por parte de demasiadas personas entre quienes pretenden ser vanguardia sexual, como si, qué patético, se pudiera ser vanguardia por vía sexual. Noto una insultante condescendencia hacia las personas vainillas -y yo no lo soy-, heterosexuales -tampoco lo soy-, cerradas al poliamor -tampoco lo soy-, no kinksters -mira, esto sí lo soy, orgullosa y beligerantemente-, etc. Y todo dentro de la hostilidad posmo contra toda persona que no secunde sus postulados, como también se llega a criminalizar a los hombres cisgénero, a quien no es vegano, a quien no se adhiere al feminismo liberal (autodenominado transfeminista), a quien no es interclasista/interseccional, a quien no excluye al islamismo en su crítica a las religiones, etc..

No soy asexual, pero sí tengo cierta tendencia a la demisexualidad en la medida en que cada vez -también estoy en mi propia evolución- me alejo más del sexo por compulsión, sin ningún tipo de sentimiento, aunque sea simpatía, afinidad o admiración. Y creo que es bueno normalizarlo como quizá también Galicia Méndez esté haciendo.