El arte y la cultura no son de nadie

Andrej Hillebrand
Nov 16, 2018 · 8 min read

Últimamente el fenómeno Rosalía está todo el tiempo en los medios. Y obviamente me refiero a las acusaciones de apropiación cultural. Me recuerda mucho a lo que ocurría al principio con Eminem. No menciono a otros raperos blancos previos porque de algún modo la crítica es directamente proporcional al éxito del artista en cuestión. Si Rosalía no estuviese hasta en la sopa, seguramente muy poca gente o incluso nadie estaría hablando del tema. Si no la estuviesen escuchando hasta en Estados Unidos sería una pirada que se ha flipado en exceso con esto del flamenco y ya.

La avanzadilla del hip-hop

Yo no sé gran cosa de flamenco, pero sí sé bastante de hip-hop, así que lo utilizaré como referencia y, además, si bien esto seguramente sea una barbaridad, ya ha vivido una transformación y un éxito mucho más longevo que el flamenco. Seguro que por esto me cae algún palo pero diría que no me equivoco al afirmar que el flamenco no ha permeado tanto como el hip-hop ni de lejos. Por eso creo que es un buen referente.

El hip-hop surgió como un elemento contracultural, en pleno auge de la música disco. Fue una forma de rebelarse contra el status quo y le dio voz a un colectivo desfavorecido. Poco a poco el hip-hop fue ganando adeptos dentro de la comunidad negra. A medida que aumentó el interés y la aceptación los blancos comenzaron a prestar un poco de atención. Pero el protagonismo le llegó cuando se convirtió en un fenómeno entre los jóvenes, y más aún cuando dio el salto a los jóvenes blancos.

De repente una generación entera de padres y madres puso el grito en el cielo porque sus hijos empezaron a escuchar una música que no encajaba para nada en su moralidad, y en muchos casos, por contar con un fuerte componente racista. Pero por otra parte esto no difiere mucho con lo que pasó unas generaciones atrás con los el rock and roll y grupos como los Beatles.

Como todo en la vida ser el centro de atención tiene partes buenas y partes malas. A los artistas les vino bien porque empezaron a ganar una cantidad de dinero que antes no podrían ni haber soñado, y no les convenía porque les expuso a un montón de problemas y enfrentamientos culturales. De repente eran la diana de la ira de colectivos enteros por algo que antes pasaba desapercibido.

Cuando las cosas dejan de ser tuyas

El hip-hop continuó siendo una creación exclusivamente negra durante bastante tiempo, sin embargo ya habían logrado seducir a una audiencia blanca. Esto fue una primera revolución. La problemática de la población negra se convirtió en mainstream. No resolvió el problema del racismo y las desigualdades sociales, pero fue un primer paso para poner algunos temas sobre la mesa. La música se convirtió en muchas ocasiones en altavoz de ciertos temas que generaron debate, permeando en la sociedad.

Pero claro, en algún momento personas externas a la comunidad negra quisieron participar de este fenómeno cultural. Ya se habían roto las fronteras que vieron nacer al hip-hop, de modo que era solo cuestión de tiempo. Cuando algo gana aceptación, es solo cuestión de tiempo que más personas quieran probarlo y experimentar también. Del mismo modo que queremos comer sushi sin tener que viajar a Japón para hacerlo cada vez.

Me gusta en este punto la referencia a la cocina. Gran parte del trabajo de los grandes cocineros es recorrer el mundo, buscando retar su paladar con nuevos sabores y pensar el modo en el cual pueden fusionar estos sabores con aquellos que ya dominan. ¿Les vamos a negar que hagan esto? Si tuviésemos esa intención diría que ese tren ya ha pasado, vamos muy tarde.

También quiero enmendar en este punto uno de los principios de diseño más básicos y que como diseñadores nos tatuamos en el alma. Cuando diseñas algo, debes dejarlo ir, deja de ser tu diseño y empieza a pertenecer al mundo y el mundo no siempre hará con él lo que tú harías, pero una vez lo creas, deja de ser tuyo.

No existe tal cosa como la apropiación infinita. La única forma que se me ocurre que puedas lograr eso es inventado algo que nunca compartas con nadie, porque incluso si no lo imitan o reproducen, al crearlo ya estás generando ondas, ya estás influyendo a otras personas, y aunque no te imiten, aunque lo tomen como inspiración para adaptar creaciones suyas, ya habrán tomado al menos en parte eso que has creado. Si esto estuviese prohibido o lo hubiésemos impedido, el arte nunca habría llegado hasta este punto.

Cuando otro se lleva los laureles

A Elvis Presley siempre se le ha acusado de tomar creaciones de músicos negros y llevarse la gloria que a ellos se les negaba. Esto es cierto, sin embargo, es inevitable. Siempre habrá quien aún no siendo el primero, aún no siendo el mejor, consiga una posición ventajosa frente a otros. A veces es por el color de piel, pero otras es por marketing, por el físico, por carisma, qué sé yo. Hay un montón de razones que pueden hacer que uno triunfe y el otro, siendo igual de bueno o incluso mejor, no.

Así fue como, al comienzo, cuando Eminem irrumpió en el hip-hop fueron muchos quienes le acusaron de estar metiéndose donde no le llamaban. De estar insultando décadas de lucha de los barrios negros de Estados Unidos contra la opresión blanca. Sin embargo, esto también era relativo, porque la realidad es que Eminem era blanco, pero más allá de eso no es que tuviese muchos privilegios, de hecho, era una firme representación del white trash que tampoco es que sea recibido con los brazos abiertos por el resto de la población. Independientemente de esto, con el tiempo nadie pudo negar la inmensa capacidad del artista por brillar dentro de un género que a priori se le negaba.

Hoy nadie duda del papel de Eminem dentro del mundo del hip-hop, y el tiempo ha demostrado que ha sido un actor relevante de este género musical, pero como otros muchos y como lo serán muchos otros.

Reconocer los orígenes

Una de las principales exigencias de quienes se refieren a la apropiación cultural es el reconocimiento de la historia y los orígenes artísticos. Esto está bien, pero con el tiempo se convierte en una petición poco realista. Estoy seguro de que la mayoría de las personas que tocan un instrumento no tienen ni idea de dónde viene, quién lo inventó y cuál era el contexto. No necesitas saber quién inventó el piano o el violín para tocarlo y disfrutar de ello. Y tampoco para hacer disfrutar a otros de sus melodías.

Habrá quien me pare aquí y quiera aludir a ese argumento tan maravilloso de que la cultura es mucho más y que estoy reduciendo algo tan rico como la cultura a un instrumento. Que sí, que vale, pero de nuevo, cuando más se abre un tipo de creación artística o expresión cultural, cuando más se transmite y cuanto más pasa el tiempo, los orígenes se diluyen, los contextos cambian e incluso el propio arte y cultura evolucionan.

Volvemos al hip-hop un momento. Los que ya vamos cumpliendo años seguimos disfrutando del hip-hop de antaño que recordamos con cariño y que nos sigue haciendo mover la cabeza. Sin embargo, hay toda una generación nueva que no necesariamente valora esas canciones con las que nosotros crecimos. Les suena viejo, lento, aburrido, los instrumentales les parecen primitivos, la forma de rapear monótona o repetitiva. Así es la vida. En realidad, es bonito también. Si todo siempre fuese igual sería un horror. Todo evoluciona y cambia. De este modo, llega un punto en el que el origen de algo ya poco importa más allá de los libros de historia.

La pureza choca con la evolución

Para terminar, me gustaría ahondar en una última idea proque creo que es un factor decisivo, es lo que explica en buena medida el éxito tan abrupto de algunos artistas.

De regreso al hip-hop, cuando emergió Eminem con su primer disco, era algo muy raro en ese contexto. Sí, era blanco, pero también se mostraba en gran medida como un tarado, incluso como un perdedor, no mostraba la imagen habitual de líder de la manada, todo lo contrario. El no tener nada que perder, el ser un extraño en un contexto que hiciera lo que hiciera le iba a cuestionar, le alejó del purismo y por tanto a no repetir los mismos esquemas. Esto fue, mucho más allá de su color de piel, lo que le dio el éxito.

Y ahora vuelvo con Rosalía. Su anterior disco, no lo escucharon ni en su casa. Obviamente esto es una exageración, pero el fenómeno Rosalía no se ha dado con esta fuerza con su disco anterior, por lo que he podido leer más próximo al flamenco tradicional. Cuando ha conseguido cosechar un éxito exponencial es cuando se ha alejado de la pureza y ha combinado estilos. Esto obviamente a los colectivos celosos con sus creaciones, que reivindican la pureza cultural, les molesta y les parece una barbaridad. Pero no es nada nuevo, ni es el primer género musical en el que ocurre. La pureza tiene su público, pero obviamente cerrarte te encierra. Esto puede parecer una obviedad, pero creo que no somos tan conscientes de esta realidad y a las pruebas me remito.

Cuando Puff Daddy empezó a meterle ritmos y estribillos de R&B a las canciones de Notorious BIG los puristas del hip-hop se volvieron locos, les pareció la mayor ofensa del mundo. Pero la realidad es que esas canciones permitieron que Notorious BIG tuviera mucho más público.

El arte está para jugar con él, para romperlo, para darle la vuelta, para ponerlo patas arriba. Si pretendemos mantener el arte puro rompemos su propia esencia. No tiene ningún sentido. De hecho, ya para terminar, no he visto muchas menciones a ello, pero el cajón flamenco, que tanto aporta a este género musical, es de origen peruano. Una muestra más de que el mundo no tiene fronteras y tampoco lo tienen el arte y la cultura, por mucho que nos sigamos empeñando en ponérselas.


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Andrej Hillebrand

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