Otra vez sobre la necesidad de publicar artículos científicos

Iramis Alonso Porro
Apr 9 · 7 min read
Ilustración: Luis Enrique Aparicio Pérez-Delgado

Por Dr.C Carlos Rodríguez Castellanos y Dra.Cs Lila Castellanos Serra.

Las actividades de ciencia, tecnología e innovación son muy diversas. Incluyen la obtención de conocimientos en todas las ramas del saber, el desarrollo de nuevos productos, procesos o servicios y muy las variadas formas de transferir los resultados a la sociedad. Para satisfacer las necesidades sociales, se requiere un adecuado balance e interconexión de todas estas actividades. Como son diferentes, los criterios específicos para evaluar su calidad y eficiencia son también diferentes.

En particular, los resultados de las investigaciones científicas, cuyo objetivo es producir nuevos conocimientos o novedosas aplicaciones de conocimientos ya existentes, suelen difundirse a través de publicaciones científicas y patentes de invención. Existen otras formas de comunicación científica, tanto formales como informales, pero estas dos son las más importantes. También hay investigaciones que, por diferentes razones, se mantienen en secreto y no se divulgan. Con todo, desde mediados del siglo XX, el examen de la cantidad, calidad y repercusión de las publicaciones y patentes se convirtió en la principal forma de evaluar la investigación científica de un individuo o un colectivo.

Una patente otorga derechos exclusivos de explotación en un territorio a los titulares de una invención, con el requisito de permitir el acceso público a su descripción. Esta licencia supone un riguroso examen previo, que debe garantizar el cumplimiento de los requisitos establecidos por normas internacionalmente aceptadas. El registro de una patente implica el reconocimiento por examinadores expertos de la novedad, actividad inventiva y aplicabilidad industrial de la propuesta. La solicitud de una patente puede retrasar por breve tiempo la publicación de los resultados científicos que la respaldan, pero no impide que sean divulgados por esa vía una vez transcurridos los plazos establecidos. Las publicaciones son un importante aval en la negociación de los productos, servicios o valores intangibles derivados de una patente.

Las publicaciones científicas más comunes son los artículos, las memorias de congresos, las monografías y los libros. En la mayoría de las especialidades, los artículos publicados en revistas arbitradas son la forma más común y también la más apreciada de publicar los resultados de las investigaciones, por su inmediatez y por estar sometidos a un arbitraje más especializado, detallado y riguroso. Los libros requieren generalmente un tiempo mayor de elaboración, edición y publicación y suelen difundir el conocimiento ya establecido, no el que se está produciendo.

Las primeras revistas científicas aparecieron en Francia e Inglaterra en la segunda mitad del siglo XVII y desde su inicio se convirtieron en vehículos de difusión rápida de nuevos conocimientos. Esta práctica se ha generalizado y estandarizado.

Cuba tiene una larga tradición en revistas científicas: la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, fundada en 1861 inició la publicación de la suya en 1864; la Revista Cubana de Pediatría acaba de cumplir en enero de 2019 sus 90 años de vida ininterrumpida. Después del triunfo de la Revolución se fundaron muchas publicaciones científicas que han mantenido una actividad estable. La Revista de Ciencia Animal inició su publicación en 1979, la de Física en 1981, la de Salud Pública en 1975. Hoy existen 217 revistas científicas cubanas certificadas por el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA). Publicar artículos científicos no es algo nuevo entre nosotros.

Las altas cifras de artículos publicados en revistas arbitradas reconocidas y sus citaciones por otros autores son una expresión del grado de desarrollo, de la capacidad para contribuir al progreso científico-técnico, evaluarlo y asimilarlo y de generar nuevos productos o servicios de alto valor agregado, si bien no constituyen una evidencia directa de la utilidad práctica, actual o futura, de las investigaciones realizadas. Sin embargo, los países en donde la ciencia muestra un alto impacto económico y social exhiben también elevadas cifras de artículos publicados en revistas internacionales arbitradas, de amplia difusión.

La publicación de artículos científicos tiene varios objetivos. El más evidente es la rápida divulgación de los resultados. Los investigadores suelen enviar sus trabajos a aquellas revistas que consultan las personas a quienes quieren comunicar sus hallazgos para que los reconozcan, verifiquen, refuten, extiendan o apliquen. La ciencia se construye sobre el conocimiento precedente, evitando malgastar esfuerzos y recursos en la repetición de estudios ya realizados.

Otro objetivo, no menos importante, es elevar la calidad de las investigaciones científicas. Los artículos son sometidos, antes de su aceptación, a un proceso de evaluación por parte de expertos anónimos e independientes, a veces denominado arbitraje y revisión por pares. Del intercambio entre los autores de un trabajo, el editor y los árbitros, resulta generalmente un texto de mayor valor que el manuscrito original, que tiene en cuenta las recomendaciones provenientes de su revisión especializada.

Ilustración: Luis Enrique Aparicio Pérez-Delgado

Mientras más riguroso, especializado e independiente sea el arbitraje al que se someten los artículos antes de ser publicados, más confiables serán las informaciones que suministran sobre las investigaciones realizadas y las aplicaciones que de ellas haga la sociedad. Este sistema, llamado de revisión por pares, está en la base de la comunicación de la ciencia moderna y es uno de los garantes de su calidad y credibilidad. Es lo que diferencia la información que aparece en un artículo científico, de la contenida en otras fuentes, como la prensa y las redes sociales.

Por la gran importancia que las revistas científicas tienen para la ciencia mundial, todos sus aspectos son objeto de revisión permanente. Entre ellos, se destacan las medidas para mantener e incrementar la confiabilidad de la información publicada, los aspectos éticos, los criterios de autoría, la conveniencia y posibles conflictos de establecer la política de ciencia abierta, que incluye el arbitraje abierto y el acceso abierto a las publicaciones y a los datos primarios de las investigaciones. Desde hace 20 años se mantienen bajo escrutinio las ventajas y desventajas del proceso de revisión por pares, en la búsqueda de su perfeccionamiento. Cada uno de estos aspectos es objeto de debate, que la comunidad científica sigue con gran interés.

A partir de 1990 la cifra de artículos científicos publicados en el mundo ha crecido vertiginosamente. Esto es consecuenciadel incremento del número de investigadores y de los recursos dedicados a la ciencia, así como de la aplicación de políticas de estímulo a las publicaciones, que en muchas instituciones constituyen el principal elemento (y a veces el único) que se tiene en cuenta al evaluar a profesores e investigadores, otorgarles plazas, proyectos, premios, etc.

La frase “publicar o perecer” refleja el clima de competencia existente. La presión por publicar ha conducido en algunos casos al debilitamiento de otras actividades de ciencia, tecnología e innovación socialmente relevantes, a distorsiones de la agenda científica, que se orienta a lo que imponen las revistas más citadas, a que se publiquen trabajos que aportan muy poco de nuevo, a valorar la calidad de los trabajos científicos por el índice de impacto de la revista en que se publican, en vez de evaluar su contenido que es lo que realmente importa, o a valorar su repercusión sólo por las citas que recibe, sin considerar otros elementos. La Declaración de San Francisco (2012) constituye una denuncia de estas desviaciones y contiene importantes recomendaciones para evitarlas.

Es importante que estemos al tanto de esas tendencias mundiales y evitemos repetir errores ajenos. Sin embargo, hay que estar claros de que esa no es nuestra situación. Nuestros problemas actuales son otros.

El número de artículos científicos cubanos incluidos cada año enScopus (la mayor base bibliográfica existente) creció regularmente hasta el año 2013 en el que alcanzó un máximo de 2273 y luego ha descendido hasta 1785, en 2017. Ambas cifras son pequeñas si se comparan con el número total de investigadores (más de seis mil) y de profesores universitarios (decenas de miles) o de tesis doctorales defendidas cada año (más de 600). El ritmo de crecimiento de América Latina y el Caribe en el periodo 1996–2017 fue mucho más alto (5,7 veces) que el de Cuba (2,4 veces), por lo que nuestro país pasó del cuarto al séptimo lugar regional en este aspecto.

Todos los datos evidencian que publicar está lejos de ser la única o principal prioridad para la gran mayoría de nuestros científicos. No tenemos un sistema de estímulos basado en la productividad científica que reconozca de alguna manera las publicaciones de calidad. El rigor con que los artículos científicos publicados se consideran en las tesis de doctorado, los premios, los procesos de categorización o la evaluación del desempeño de nuestros profesores, investigadores e instituciones científicas es bastante heterogéneo y, como promedio, bajo.

Tenemos más de doscientas revistas científicas certificadas, donde se publica una parte importante de nuestra producción científica, pero solo unas pocas decenas de ellas cumplen con los requisitos mínimos para su inclusión en bases bibliográficas internacionales. Este comportamiento decreciente de las publicaciones coincide con una fuerte caída del número de patentes de invención solicitadas anualmente por autores cubanos. En sentido general, el bajo número de artículos científicos y patentes de invención evidencia baja productividad y débil potencial innovador a mediano y largo plazos de la ciencia cubana.

Estas y otras insuficiencias relacionadas con la publicación de artículos por parte de nuestros científicos y el desempeño de las revistas científicas cubanas, sus causas y posibles soluciones, fueron objeto de análisis por la Academia de Ciencias de Cuba en su informe aprobado en 2016 “La ciencia cubana vista desde sus publicaciones: una revisión de 19 años” (disponible en http://www.academiaciencias.cu/node/908 ). Una versión resumida y actualizada de ese informe será publicada próximamente en la revista Temas.

Modificar esta situación tomará algún tiempo. Algunas acciones ya están en curso, pero su efecto no será inmediato. Se requieren también de recursos y, sobre todo, cambiar hábitos y formas de pensar, que es lo más difícil. Estamos en ese camino.

Juventud Técnica

Juventud Técnica es una publicación cubana dedicada a la divulgación de temas de ciencia, tecnología y medio ambiente. ¿Qué buscamos? La ciencia para la equidad.

Iramis Alonso Porro

Written by

Periodista cubana especializada en temas de ciencia, tecnología y medio ambiente. Directora de la revista Juventud Técnica y profesora de periodismo científico.

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Juventud Técnica es una publicación cubana dedicada a la divulgación de temas de ciencia, tecnología y medio ambiente. ¿Qué buscamos? La ciencia para la equidad.

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