Publicaciones científicas: De Altamira a la Web of Science

Por Claudia Alemañy Castilla

Con los dedos impregnados de una amalgama a base de agua, grasa animal y carbón vegetal u óxido de hierro, el hombre y la mujer cavernarios extendían sus manos al cielo y paredes de las grutas para dejar la huella de logros y hazañas.

Miles de años han pasado desde entonces y a la luz de los tiempos actuales sus descendientes miran esos trazos como antecedentes directos de la pintura y otras manifestaciones artísticas. Pero lo cierto es que aquellas formas y dibujos eran también enseñanzas, experiencias logradas a base del ensayo y el error.

Quienes realizaron tales bosquejos en las cuevas deseaban trasmitir sus conocimientos a los otros.

Entonces nadie podía pensar en la posteridad. Aun así, el arte rupestre adquirió la función de divulgar los saberes particulares de manera colectiva.

La publicación de una determinada investigación académica persigue prácticamente los mismos objetivos que aquellos esbozos primigenios. Tras obtener resultados, los investigadores popularizan estos a la comunidad científica y al público en general a través de diferentes canales.

Según el Doctor en Ciencias Ricardo Casate Fernández, director del Instituto de Información Científica y Tecnológica (IDICT), el artículo en revistas especializadas constituye una de las vías fundamentales, o al menos la más difundida, de socialización de la producción relacionada con los conocimientos.

De acuerdo con el experto, la política científica de la mayoría de las naciones del mundo considera a los valores bibliométricos — en los cuales se incluyen el factor de impacto, el índice de citación, entre otros — como un elemento central que pude determinar, de modo directo o indirecto, la asignación de recursos para investigaciones, para promociones, e incluso para complementos salariales.

En Cuba, es conocido que la producción de textos científicos para revistas seriadas, y la visibilidad de estas, tienen características propias y varias dificultades a saldar. Sin embargo, existe poca divulgación acerca de cuál es esa realidad. Por ello, la aparición de un informe de la Academia de Ciencias de Cuba (ACC), dedicado al estudio de la evolución de la temática, despertó el interés de la comunidad científica y la prensa especializada.

Diecinueve años de ciencia escrita

El paraninfo donde por más de una centuria se han reunido dedicados pensadores de nuestro país, sirvió de escenario para el análisis del texto “La ciencia cubana vista a través de sus publicaciones”.

En el documento se hacía una revisión de casi años y su interés primordial era dar respuesta a interrogantes respecto a la evolución de los artículos nacionales en el periodo; a la ubicación de Cuba con respecto a América Latina en cuanto al volumen de producción académica y la situación relativa de las diferentes disciplinas y ramas del conocimiento.

Además, se indagaba sobre la relación del número de doctores en ciencia la cantidad de textos en revistas especializadas y acerca del rol de las publicaciones cubanas, certificadas por el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (Citma), en la difusión internacional de los resultados.

El doctor Carlos Rodríguez Castellanos, vicepresidente de la ACC y uno de los investigadores más vinculados al informe, señaló a Juventud Técnica que las conclusiones del estudio fueron revisadas y enriquecidas por una comisión a la cual se incorporó cerca de una quincena de expertos.

“Nosotros recopilamos datos entre 1996 y 2014 porque tuvimos una coyuntura que nos permitió acceder fácilmente a esa información. Esa situación ya no existe. Si quisiéramos actualizar el estudio no podríamos hacerlo”, refirió, además, el experto. Entre las respuestas a las interrogantes referidas en el trabajo analítico, los científicos involucrados expusieron que la contribución más alta del país en materia de artículos tuvo lugar en 1999. En aquel momento la producción de textos académicos de la Mayor de las Antillas constituyó el 4,24 por ciento del total de todos los realizados en Latinoamérica. Por otra parte, en el último año correspondiente al periodo estudiado, se registró el valor más bajo hasta entonces apreciado.

Los miembros de la ACC identificaron diferentes tendencias de posicionamiento respecto a la situación de Cuba en los 19 años referidos. En primer lugar, se puntualizó que el país ocupa el séptimo puesto en la cantidad de artículos publicados, por detrás de naciones como Brasil, Argentina, México o Chile.

Otra estadística de interés es que el archipiélago nacional había descendido hasta la posición número doce en cuanto a la percepción internacional de la importancia de las publicaciones.

Por otro lado, la cantidad de artículos que salen a la luz por cada una de las diferentes ramas de la ciencia en la Isla también tienen marcadas diferencias.

Las temáticas asociadas a la medicina cuentan con más publicaciones. Según el informe de la ACC, estas abarcan más de la mitad del total de artículos generados en Cuba.

Detrás de estas se encuentran las ciencias básicas y a una mayor distancia las agropecuarias e ingenierías.

Para los expertos relacionados con el estudio, las humanidades, en especial la pedagogía y las temáticas económicas, destacan negativamente por su baja presencia.

“Sobre todo en el campo de las ciencias sociales hay visiones muy diferentes acerca de la publicación de resultados científicos. Para muchas de las disciplinas de esa rama los artículos no son la meta final, sino los libros”, explicó Rodríguez Castellanos.

“El idioma es otro problema para los investigadores de esa área. La mayoría de las mejores revistas internacionales especializadas en la temática se escriben en inglés, y no es igual escribir de física que de historia en un lenguaje extranjero”.

De acuerdo con el experto, una dificultad adicional reside en que, “según los autores, las publicaciones seriadas más renombradas en sus campos de estudio no se interesan en los problemas trabajados por ellos. Muchas tienen sus agendas, enfoques y metodologías predeterminadas”.

La utilidad de las revistas seriadas nacionales, para visibilizar los resultados científicos del país, también recibió atención en el estudio. En primer lugar se enmarcó el dato del crecimiento exponencial del número de publicaciones con aprobación del Citma — hasta 2014 era 162, mientras que en agosto de 2018 alcanzaban 206 — .

Hasta la conclusión del informe de la ACC, ninguna de las revistas nacionales había sido incluida en el Reporte Periódico de Citaciones (Journal of Citaton Report) o contaba con el factor de impacto que otorga la Web of Science, la más destacada plataforma online donde se agrupan bases de datos de información bibliográfica y recursos para su análisis.

Además, los expertos identificaron en aquel momento solo 24 publicaciones cubanas en la base Scopus, considerada la más amplia a nivel mundial.

A su vez, la Revista Cubana de Medicina Tropical es la única que aparece en MEDLINE, espacio dedicado a la salud pública. Sin embargo, la mayoría de las publicaciones especializadas de la Editorial de Ciencias Médicas de la Isla sí se encuentra indexada en SciELO, base de datos dedicada a las mismas temáticas, pero con un carácter más regional.

Cuando los ponentes terminaron su exposición en el paraninfo de la ACC, hace ya dos años, comenzó la reflexión entre sus miembros. La diversidad de criterios emergió en un marco que contaba con la presencia de la ministra del Citma, la titular del Ministerio de Educación (Mined) y una representación del de Educación Superior (Mes).

El síndrome post-informe

Rodríguez Castellanos considera que luego de la presentación de los resultados hubo receptividad por parte de organizaciones superiores respecto al tema.

Cira Sánchez Sánchez, especialista general para la ciencia, tecnología y medio ambiente del Citma, confirmó a Juventud Técnica que, desde entonces, el ministerio comenzó la coordinación de un grupo de trabajo, donde se encuentran presentes el Mes y otros ministerios como el de las Fuerzas Armadas, para ayudar “no solo en el diagnóstico, sino en la búsqueda de soluciones respecto al fenómeno”.

Uno de los primeros pasos fue la realización de un taller donde se presentó un nuevo informe, esta vez realizado por el IDICT.

“Nosotros tenemos un equipo de investigadores dedicados por completo a analizar la visibilidad de los resultados de la ciencia cubana a partir de las publicaciones. Lo hacemos con el objetivo de examinar la producción científica nacional y hemos utilizado diferentes fuentes”, expresó Ricardo Casate Fernández, también director de la revista Ciencias de la Información.

Según el estudioso, el trabajo realizado por la ACC sentó sus análisis en la bases de datos de la llamada corriente principal de gran nivel a escala internacional.

Las pesquisas del IDICT, profundizaron solo en Scopus y se centraron SciELO y en Redalyc, ambas de carácter más regional y de acceso abierto.

“Muchos investigadores coinciden en que ni Scopus ni la Web of Science son las plataformas de información bibliométrica que más ponderan a América Latina y el Caribe. En realidad, en esos espacios nuestra área geográfica está subrepresentada.

Es bueno hacer estudios allí para saber cómo estamos, pero hay que complementarlos con otras fuentes de información”.

Por su parte, Rodríguez Castellanos resaltó que, si bien la comisión de trabajo creada entre el Citma y el IDICT cuestionó las bases de datos utilizadas en el informe de la ACC por considerarlas demasiado elitistas, su revisión del fenómeno llegó básicamente a las mismas conclusiones.

“Los estudios que hemos hecho nosotros en las diferentes bases de datos ampliadas muestran una tendencia un poco decreciente en la producción científica de los últimos años. A pesar de ello, no podemos decir que sea una tendencia categórica porque para realizar tal afirmación no se pueden tener en cuenta exclusivamente los valores bibliométricos”, puntualizó Casate Fernández, quien también llamó a centrase en las posibles causas del fenómeno.

“Nuestras pesquisas nos han permitido apreciar que más del 70 por ciento de la producción científica cubana se materializa en artículos en revistas cubanas. Por lo tanto, es necesario contar con una buena cantidad de ellas en las diferentes disciplinas. El catálogo del Citma tiene más de 200 publicaciones seriadas científico-tecnológicas certificadas”.

El doctor Rodríguez Castellanos, en cambio, considera que es imperante reducir radicalmente el número de revistas científicas en la Mayor de las Antillas.

El investigador argumenta que mientras existen demasiadas publicaciones de temas relativamente parecidos, hay áreas carentes del todo en un medio de divulgación seriado, como es el caso de la pedagogía.

Con respecto a dónde publican más los autores nacionales, el vicepresidente de la ACC opina que hay diferentes metas dentro de la comunidad científica del país.

“A los investigadores del polo científico no se les ocurre presentar un medicamento para ser registrado en Estados Unidos, Europa u otros lugares, si no está respaldado por publicaciones en revistas de primer nivel”.

El profesor Ricardo Casate explicó los parámetros del estudio realizado por el IDICTl luego del informe de la ACC.

Casate Fernández insistió sobre la necesidad de contar en la Isla con estándares que cumplan con determinados requerimientos como la calidad editorial, a través de un buen sistema de arbitraje, de los contenidos especializados. Además de incluir criterios más relacionados con las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), que ayuden a visibilizar las publicaciones de la Isla.

Según la especialista del Citma Cira Sánchez Sánchez, la misión del grupo de trabajo creado por su ministerio es precisamente trazar una estrategia para incrementar el impacto de las publicaciones cubanas. La experta enfatizó que el organismo desea fortalecer la comisión evaluadora encargada de medir y certificar las revistas científicas del país.

“A la par, buscamos actualizar el instrumento jurídico que respalda el marco de las publicaciones seriadas especializadas. La resolución 59 del 2003, todavía vigente, se ha quedado desfasada y debemos atemperarla con las condiciones e indicadores actuales”. El grupo de trabajo creado por el Citma debiera, además, profundizar en la heterogeneidad de problemáticas que enfrentan los editores y directores de las revistas especializadas de nuestro país para poder conformar cada uno de sus números.

De problemas y peripecias

Ernesto Altshuler, profesor de Facultad de Física de la Universidad de La Habana, tomó la batuta de la revista nacional de la publicación especializada en esa ciencia natural aproximadamente en 2010.

En aquel año a la publicación le faltaban pocos pasos para entrar a Scopus. Finalmente fue incorporada a la base de datos, lo cual la ha dotado de cierta fama y se divulgó más su seriedad.

El investigador habló a Juventud Técnica, entre otros temas, sobre las dificultades tecnológicas.

“La Revista Cubana de Física ingresó en el sistema Open Journal System hace ya algún tiempo. Se trata de una plataforma donde los autores suben los trabajos y los editores pueden revisarlos y luego socializarlos con los árbitros con mayor celeridad.

“La idea fue motivada por nuestros editores más jóvenes, quienes hacen su trabajo mayormente de forma electrónica. Yo accedí casi temblando porque todavía hoy las facilidades de acceso a Internet entre los científicos que desean publicar con nosotros son muy diversas”.

También hay diferentes grados de dominio acerca de los espacios telemáticos y en ocasiones tanto investigadores como el equipo de corrección deben recurrir a los correos.

La cantidad de trabajos de los que pueden disponer las publicaciones seriadas nacionales también ocasiona problemáticas. Muchas veces, el llamado “colchón” de textos está vacío y los organizadores de las revistas deben prácticamente “enamorar” a los autores para que decidan enviarlas con ellos y no a espacios extranjeros.

Las motivaciones que aluden los investigadores son diversas. Una de las más recurridas es que para alcanzar un grado científico superior determinadas comisiones disciplinarias tienen exigencias muy particulares.

Dilemas a saldar

El informe de la ACC aborda la disparidad entre el número de artículos con su origen en el país y la cantidad de doctores en ciencia.

De acuerdo con el documento, Cuba es el cuarto país de América Latina y el Caribe con más investigadores que han alcanzado el máximo grado científico. Incluso, la Isla tiene cada año una tasa de 5,52 graduados de ese rango por cada cien mil habitantes, la cifra más alta de la región.

A pesar de tal contexto, el estudio de los académicos reflejó que la proporción entre el número de artículos publicados y de doctores no es del todo equivalente.

Para el profesor Carlos Rodríguez Castellanos uno de los factores que incluye en esta situación es la escasez de criterios homogéneos a la hora de establecer las cantidades de publicaciones que debiera hacer un doctor en ciencias.

“Al interior de las comisiones de las distintas disciplinas hay diferentes visiones con posicionamientos fuertes sobre esto. Vamos desde algunos espacios donde se exigen a los doctorantes tres artículos en revistas de primer nivel, hasta otras especialidades en las que los investigadores se gradúan y nunca han escrito uno. También hay diferentes criterios sobre la importancia o no de publicar”, refirió el vicepresidente de la ACC.

El experto también destacó que la Comisión de Grado Científico del Mes, encargado de regular tal situación, tiene conciencia al respecto.

La especialista Cira Sánchez señaló a Juventud Técnica que otra de las prioridades del equipo de trabajo creado por el Citma es sentar a ese estamento con el de Categoría Científica, así como las demás entidades que supervisan el papel de la ciencia en la sociedad cubana.

“Es necesario un mayor diálogo entre esos organismos porque esto también pudiera ayudarnos a establecer los mecanismos para brindar a los autores incentivos, motivaciones, para que escriban en nuestras revistas”.

Pero mientras los grupos de trabajo se reúnen y las estrategias son organizadas, todavía parece lejano el momento en el cual las diferentes aristas que componen la producción científica nacional unifiquen su rumbo.