Unión Europea: proyecto de futuro, no el chivo expiatorio de las capitales

Culpar a ‘Bruselas’ de todos los males nacionales es una buena herramienta electoral, y un tiro en el pie para el futuro

Ilustración de Fisk Feng para The New York Times

Si piensa que España, Italia, Francia, Países Bajos, Reino Unido o incluso Alemania, pueden sobrevivir solos en el mundo actual tengo una mala noticia para usted: vive alejado, alejadísimo de la realidad.

El resurgimiento de los nacionalismos y del proteccionismo tiene una sencilla razón: la inevitable necesidad del ser humano de tratar de autodestruirse de forma periódica. Quizá en Estados Unidos, China o Rusia tengan sentido: en un choque de trenes llevan las de ganar. Pero nosotros no, cada país europeo por separado, no. Y hay que estar muy ciego para no verlo.

Intentar dar respuestas a problemas globales con soluciones locales es explosivo, y es lo que estamos intentando. La única respuesta viable para nuestras sociedades es una: Europa. Y por suerte, esa idea, Europa, ya no es un ente, un elemento incorpóreo, una mera idea. Ahora tenemos algo sobre lo que construir: la Unión Europea.

Es curioso que ante las crisis que demuestran que el mundo ya no es un sitio por el que caminar solo, los Gobiernos se empeñen cada vez más en culpar a ‘Bruselas’ (el enemigo perfecto) y en soltarnos de la mano.

La crisis de los refugiados, que ha puesto a prueba los valores europeos, es uno de esos problemas en los que es necesaria una respuesta común. No, no culpe a ‘la UE’ de lo desalmados que estamos siendo con los refugiados, porque no es culpa ‘de Bruselas’, es culpa de su Gobierno. Sí, del suyo, del que usted ha votado. Son ellos los que bloquean cualquier intento, son ellos los que se alinean con Gobiernos de extrema derecha como los de Polonia o Hungría. Son ellos los que callan en silencio ante el linchamiento colectivo y la criminalización de los refugiados de la mano de Viktor Orbán. ¿No conoce a Orbán? Pues búsquelo en Google, porque mientras lo hace, su Gobierno, por acción u omisión, está haciendo manitas con él.

Su Gobierno (me refiero a todos los europeos), sí, el suyo, incumple con tranquilidad las cuotas de refugiados que se comprometió a acoger. No solo eso, sino que, en el caso del español, se vanagloria de lo mucho que está haciendo: 800 refugiados de los 15.000 acordados no es hacer mucho, es una vergüenza.

Y la UE no puede hacer mucho contra eso. No tiene poder real. Está atado a lo que los Estados miembros decidan: si se revuelve e intenta atacar a su dueño, las capitales le apretará el bozal.

En la economía, más de lo mismo. ¿De verdad cree usted que Francia va a poder competir en el mundo actual? ¿Alemania? ¿España? Solo hay una forma de mantenernos en el mundo: juntos. Con un mercado común. Más integrado, más fuerte. ¿Defensa? Más de lo mismo. Y así podríamos seguir días.

Anoche, un tweet de Miquel Roig, corresponsal de Expansión en Bruselas y uno de los mejores periodistas de nuestro país (seguidle, es lo mejor que vais a hacer este domingo) dio una clave interesantísima y con la que coincido al 100%: quizá la subida en las encuestas de Emmanuel Macron en Francia sea una respuesta a ello. Quizá sea una respuesta europea a Marine Le Pen, la candidata del Frente Nacional. Quizá los europeos hemos visto pasar cerca las balas y ahora queremos caminar hacia una mayor integración. Pero puede ser que no, eso solo lo dirá el tiempo.

En otro de sus tweets da, otra vez, en el clavo: si queremos que ‘Bruselas’ empiece a tomar acción , decisiones y el liderazgo no se puede hacer mañana. Está fuera de su mandato y es antidemocrático. Solo se puede hacer abriendo en canal los Tratados, democratizar más las instituciones europeas, y ampliar su mandato. Pero, como apunta Roig, hoy por hoy no hay líderes capaces de enarbolar esa bandera. De ahí la importancia del punto anterior: quizá, y solo quizá, podamos empezar a verlos, si la ciudadanía se cerciora de la necesidad de que todos estemos unidos, y se percata de la necesidad de reformar, ampliar y profundizar la Unión.