¿Qué es Lumoesenco?

Quien lea este canal notará que aquí hay un poco de todo, pero por sobre todo notará que las perspectivas con las que hablo de espiritualidad y terapias van cambiando a medida que yo voy aprendiendo y me gusta que sea así; este canal lo uso para experimentarme y compartir él crecimiento que trae esa experimentación, por lo tanto me interesa que el lector que se aproxime a este canal pueda encontrarse en las distintas etapas de su evolución personal en lugar de encontrarse con una «verdad» rígida que lo incite a desconectarse de sí mismo para seguirla. Si tuviese que dar un consejo para leer estos textos sería que no se abandonen por una verdad externa, con lo que algunos pueden vibrar otros no, ya que nuestra capacidad de entender también depende del momento en que se recibe el mensaje. Cuestionen si sienten necesidad de cuestionar, ábranse si sienten necesidad de hacerlo, no vayan en contra de ustedes mismos en su deseo de crecer y les aseguro que siempre llegaran a buen puerto. En definitiva escúchense, disfrútense en las notas afinadas y atrevan a cuestionarse en las que no, porque es eso lo que más los va a ayudar crecer.

Para quienes no sepan por qué me denominó terapeuta alternativa en mi perfil de Medium, esto se debe a que practico terapias como Reiki, Registros Akáshicos, Aqualead y (si todo sale bien) también Yoga dentro de un año y medio. Además de todas estas terapias he desarrollado una terapia/filosofía propia a raíz de haber hecho mucha terapia psicoanalítica anteriormente y de darme cuenta de que las cosas que más necesitaba tratar no me sentía cómoda tratándolas con mis terapeutas por su evidente escepticismo académico respecto a algunos temas; entonces decidí tomar lo mejor que aprendí de ellos (que fue la habilidad de hacer las preguntas adecuadas y valerse de su razón) y sumarle mi visión del ser humano, los mecanismos que en él observó y. todo lo que la perspectiva energética y espiritual tiene para ofrecer.

A esta terapia la definí como una «terapia de diálogo interno» que se podría resumir muy por arriba en aprender a capitalizar nuestra capacidad de introspección, volviendo a nuestro mundo interno un amigo que nos pueda acompañar en todos los aspectos de la vida, perdiendo así la necesidad de disociarnos de él en algunos momentos difíciles.

Mi terapia/filosofía se llama Lumoesenco porque la palabra significa «esencia de luz» en esperanto. Elegí ese significado porque se condice con la forma en la que veo el esquema del ser y la razón por la que elegí ese idiomas es porque me gusto la idea de tomar un lenguaje que fue creado con la principal intención de unir en diálogo a todas las personas en el mundo y que a su vez puede mantenerse equidistante a todas las culturas.

Este año ha sido el año de Lumoesenco para mí, a pesar de que dí origen a esta terapia a finales del 2012 y tuve intención de empezar a entregarla en el 2014, no fue hasta este año que me sentí lista para compartirla. Esto implicó un gran crecimiento personal y también en mi vocación, no me alcanzan las palabras para expresar lo gratificante que encuentro brindarme de esta forma. Pero mientras hacía la terapia me daba cuenta de que había ciertos conceptos que eran evidentes para mí, que en realidad no estaban tan claros en quienes recibían el mensaje y entonces releyendo la introducción que he hecho en este blog (http://lumoesenco.blogspot.com.ar/2014/03/un-click-por-dentro-y-por-fuera.html), me di cuenta que; a pesar de que las ideas que la sustentan están aún presentes en mi práctica y filosofía (algunas incluso mucho más y mejor integradas que antes) y otras cosas respecto a la técnica (como él nombre de «buscador y «abismo») fueron mutando; porque todo el texto fue canalizado muy rápidamente, algunas cosas fueron abordadas muy por arriba y necesitan una explicación más concreta.

Cuando una terapia de carácter psicológico o espiritual se desarrolla (y todas las terapias que tratan al alma y la mente son de este carácter), resulta completamente imprescindible desarrollar a la par un esquema o aparato que pueda ilustrar cómo vamos a estar abordando nuestra técnica de «sanación» (personalmente prefiero llamarle técnica de integración); los hinduistas tienen a los chakras y la kundalini, el freudismo tiene al yo-superyo-ello y la líbido, etc. Este texto va a estar destinado a expresar el mío.

Imaginen una luz en el centro de un cristal, la luz atraviesa el cristal generando figuras sutiles en un entramado tridimensional (en el cual se encuentran también otros cristales). Cuando el cristal está transparente las figuras que la luz proyecta son luminosas, pero cuando el cristal está opaco lo que se proyectan son sombras.

En esta metáfora la luz es el llamado ser superior (o la conexión directa con el espíritu), el cristal es la mente/alma y para este aspecto voy a tener que hacer una aclaración importante:


¿Acaso la mente y el alma son lo mismo?

Sí y no. Así como el cuerpo físico tiene su porción de sensibilidad (a través del sistema nervioso y los órganos que nos permiten percibir la realidad con los sentidos físicos) y su porción lógica (que nos permite a través de mecanismos internos transformar energía, interpretar lo que los sentidos perciben y básicamente vivir) pero ambos aspectos son indivisibles dentro del cuerpo aunque las funciones sean específicas y distintas; de la misma manera el cristal mencionado anteriormente es el cuerpo sutil (o etérico), y la mente y el alma en este cuerpo están respectivamente representados con el cerebro y el corazón. Pensar un cuerpo funcional sin el cerebro o el corazón resulta inimaginable e igual de inimaginable resulta un cuerpo sutil sin mente o alma.

Porque en el cuerpo físico el cerebro está por encima del corazón es que en muchas filosofías se suele decir que la mente es superior al alma (también puede depender de la tendencia a la reivindicación de los aspectos masculinos que uno pueda tener, ya que la mente se la relaciona con el aspecto racional y, por ende, lo masculino; igualmente proporcional es si alguien coloca el alma por encima de la mente respecto a su necesidad de reivindicar el aspecto femenino), pero resulta evidente que ambas se necesitan, complementan mutuamente y que una no puede existir sin la otra.


Finalmente las figuras proyectadas en el entramado tridimensional son nuestros cuerpos físicos y las acciones que estos cuerpos toman a la hora de interactuar con la realidad física que percibimos. Hay algo muy jungueano en hablar de sombras en un esquema terapéutico, pero yo voy a hacer una diferenciación que Jung no hizo, la sombra no es el aspecto sutil o psíquico de un individuo, la sombra es un síntoma de aquello que sí está en nuestro cuerpo sutil: estas son las opacidades, las sombras no son ni más ni menos que una proyección de ellas.

Existen muchas cosas que no conocemos de nosotros mismos, a estos aspectos Freud los llamó inconsciente. En nuestro carácter de humanos, nos enfrentamos al inconsciente todos los días (el simple hecho de no poder predecir el futuro nos confronta con el inconsciente) sin embargo esta confrontación no se vive como un aspecto traumático cotidianamente y esto se debe a que pocas veces en nuestro día (semanas, o mes) se replican condiciones que evoquen experiencias previas que han sido cristalizadas de manera errónea racionalmente o dolorosa sensiblemente; esto significa que las sombras se manifiestan (en nuestras actitudes y en nuestro cuerpo) cuando, frente a una realidad específica, nos predisponemos a «atajarnos» a un posible escenario que, basado en experiencias previas, nos dice «si A y B, entonces C».

Las opacidades, por ser cristalizaciones, nos mantienen encerrados en patrones que no nos permiten desarrollar el pensamiento lateral necesario para escapar a su repetición, es por eso que es necesario realizar una elección consciente de abordar esas opacidades y hacer un ejercicio de transparentación. Este ejercicio es una de las técnicas más utilizadas en Lumoesenco y consiste en cuatro pasos: Reencontrar, reconocer, resignificar y recrear.

Resumidamente en lo que el ejercicio de transparentación consiste es en ir al encuentro de esa sombra conscientemente, describirla lo más detalladamente posible (cómo se siente, qué pensamos mientras la sentimos, a qué le tememos, que imágenes se nos aparecen, etc.) escribiéndola en un papel o describiéndosela a un terapeuta, interpretarlo desde otra perspectiva (que se condiga con nuestro ser superior) y permitirnos accionar distinto ante la situación basados en nuestro nuevo entendimiento.

Idealmente el ejercicio de tranparentación de Lumoesenco no requeriría de ninguna asistencia externa pero considerando que para poder posibilitarnos en esta transformación primero tenemos que aprender la técnica he decidido convertir a Lumoesenco en una especie de curso terapéutico en el que se abordan las opacidades principales que el estudiante trae a la terapia y, en la medida en que se lo acompaña se le ayuda a desarrollar las herramientas internas necesarias para seguir su propio camino en un futuro.

Esta dinámica de curso terapéutico surgió por dos motivos: el principal fue que me di cuenta que muchos «pacientes» mientras no tienen una fecha límite no logran desarrollar un verdadero compromiso con su crecimiento y por ende generan una dependencia con el terapeuta al cual prefieren recurrir en lugar de empezar a recurrir a sí mismos (lo cual no quería que sucediera); y la segunda es que el trabajo de terapeuta no es mi principal fuente de ingresos (porque no quiero cobrarlo de manera inaccesible y la realidad dictamina que busque otro trabajo paralelo) entonces tengo un horario post-oficina limitado para poder realizar las prácticas, lo cual también reduce la cantidad de casos que puedo tratar, y entonces me pareció importante para continuar mi crecimiento como terapeuta darle una cualidad de circulación a los casos que reciba. La duración de este curso terapéutico es de 6 meses ya que considero que es un tiempo apropiado para meterse en profundidad con uno mismo y aprehende nuevos hábitos reflexivos.

Bien, hasta ahora hemos hablado de las sombras que uno proyecta en la realidad pero ¿qué sucede cuando sentimos la sombra de los demás proyectada sobre nosotros?

Existe una razón por la que Jung llamó al objetivo del desarrollo psíquico «individuación», porque si bien existen muchas más dimensiones de la realidad que las que la humanidad puede percibir y desarrollar la capacidad de percibirlas es definitivamente un objetivo colectivo, no individual, la única forma de alcanzar nuestros objetivos colectivos es haciéndonos completamente responsables por nuestras acciones y mundos individuales. Por lo tanto, hay algo completamente palpable que está pasando en esta sociedad sobre-enfocada en el pensamiento positivo de «El secreto» y demás libros de autoayuda, y es que, habiendo empezado a entender que nuestros discursos internos tienen un fuerte impacto en la realidad que construimos, se ha empezado a desarrollar un mecanismo de evasión al que me gusta llamar «falsa iluminación» y otros terapeutas (como @TealCatalyst) llaman «bypass espiritual» y funciona así: en esta fijación por el positivismo desarrollamos una idea (muy limitada, me atrevería a decir) de lo que creemos que un ser iluminado o sano psicológicamente debería ser (vendría a ser una especia de súper-yo freudiano) y luego evitamos abrirnos emocional o racionalmente a toda realidad que nos saque de esa idea que creemos que debemos ser, y como pocos pueden ver realmente nuestro mundo interno, la mayoría de las personas nos creen cuando les respondemos «que está todo bien»; pero las sombras se pueden ver más allá de lo que las personas dicen, se nota en la mirada, en el lenguaje corporal y principalmente en la voz. Este mecanismo de defensa nos lleva a vivir huyendo de ciertas situaciones, lo cual evidencia bloqueos, opacidades que no nos atrevemos a tratar, pero a pesar de ello tampoco aconsejo forzar a las personas a confrontar lo que evitan, encuentro que usualmente eso crea más opacidades de las que quita y a su vez tampoco ayuda a quien presiona con la acción en primer lugar.

Todos tenemos opacidades, han habido pocas personas en la historia de la humanidad que han podido dejar de tenerlas (y no han sido personas que hayan pasado desapercibidas en lo absoluto), luchar o evadir la sombra ajena es actuar motivados por el miedo y por lo tanto adherir opacidades al cristal propio (por supuesto que hay opacidades y opacidades, hay situaciones que son demasiado complejas para ser abordadas por algunas personas y en ese caso es necesario auto-preservarse, pero esos no son la mayoría de los casos).

Además me gustaría agregar que cuando se crea una nube de crítica y reprobación, sobre ciertos aspectos de la humanidad que se consideran oscuros culturalmente, desde varias comunidades terapéuticas o espirituales, lo encuentro bastante insensato ya que estas manifestaciones artísticas y estéticas surgen como resultado del nivel de negación que tiene la humanidad para asumir ciertas opacidades colectivas, y el nivel de sinceridad y valentía que se requiere para asumir estos aspectos de nosotros (y del colectivo en negación), lejos de ser algo reprochable, es admirable. Es importante entender que el colectivo humano es también una especie de ecosistema en el que en lugar de alimentarse los unos de los otros, nos nutrimos. de lo que a cada cual naturalmente desea dar. Habemos algunas personas que nos sentimos naturalmente atraídos a las sombras, antes de empezar a creer que esto nos sucede porque hay algo mal con nosotros, déjenme tranquilizarlos diciéndoles que es todo lo contrario, esta atracción surge del colectivo como una especie de sistema inmunológico, aquellos con capacidad de ayudar naturalmente desarrollamos el deseo de responder al llamado de buscar las sombras para transparentarlas. Cuando la necesidad colectiva ya no exista el deseo individual se irá con él.

La individuación no debería ser un proceso para aislarnos cada vez más los unos de los otros sino que sería el primer paso para asumirnos maduramente y volvernos más seguros en nuestro centro superando así el temor al otro. La transparencia absoluta es una misión colectiva y Lumoesenco es mi forma de colaborar con ella.