Aitzulo, un agujero en la montaña

Aitzulo, visto desde el exterior. | La Maleta Infinita

Un agujero. Una ventana. Una boca en la roca. De un tamaño gigantesco. Camino del demencial y díabestiaco Santuario de Arantzazu se ven grandes agujeros en la roca caliza, algunos ocultos entre el bosque, otros que se asoman sin pudor. Hay uno fácilmente accesible a pie, el de Aitzulo.

Realmente, no es sencillo llegar hasta él. No es difícil la subida, ni fatigosa, pero su camino no tiene un acceso claro. Hay que fijarse en el cartel de kilómetro 3 que conduce al pueblo de Araotz. Desde allí, las indicaciones ya son sencillas, con marcas blancas y amarillas en el camino. En caso de duda, los habitantes de los caseríos son simpáticos y no dudan al indicar la ruta: “¡Parriba, parriba!”.

Aitzulo. | La Maleta Infinita

Estar al otro lado de la ventana es fascinante. La roca caliza está bien pulida por el viento y la lluvia que la azotan desde sólo dios sabe cuándo. Las golondrinas que anidan en lo alto de la bóveda se asustan con la llegada de los curiosos. No debe de haber muchos cada día. Hay más pruebas de la visita de caballos y cabras que de humanos.

Una rapaz enorme que tiene su nido en el frontal del agujero extiende las alas y produce un sonido que rebota en la roca. Espectacular. Por lo demás, silencio. Brisa de fondo, ramas que se agitan. Un espectáculo único.

Se puede continuar por la ruta circular o volver al punto de partida por el mismo camino.

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