Periodismo bot: qué puede pasar, cómo puede pasar

Tres consecuencias previsibles y cuatro ejemplos locos (o no tanto)

Ilustración de J. Longo publicada en el artículo Fantasy football and the cold future of robot journalism, de Allen Weiner en The Kernel de Daily Dot.

Llevamos décadas, si no siglos, soñando con robots. Buenos y malos. Pero todos ellos mínimamente antropomorfos, palpables, con una presencia física. Y resulta que los primeros robots que van a cambiarnos -ahora sí- la vida no tienen ninguna de esas cualidades: ni son buenos, ni malos, ni les podemos tocar. Al llegar a nosotros en esta era líquida, no hace falta nacerlos físicos para luego digitalizarlos, ya son gotas de bits inteligentes.

Los bots son líneas de código constantemente alimentado vía machine learning que viven entre nosotros, sí, pero en ese ‘nosotros’ líquido y digital. Y puesto que no deben preocuparse de coordinar giros de muñeca ni equilibrios bípedos, centran toda su atención en la faceta que nos hace verdaderamente humanos: la sofisticación comunicativa.

Así, les vemos crecer como setas allí donde esa faceta tan humana ha encontrado el mejor contexto imaginable para desarrollarse: las aplicaciones de mensajería. Ya existen cientos de ellos para Slack, Telegram o WeChat, Facebook Messenger acaba de darle también al ‘on y se leen razonables predicciones para Whatsapp.

¿Consecuencias de este advenimiento? Algunas las podemos atisbar, otras son imprevisibles. Entre las primeras:

  1. Creación de una nueva capa tecnológica y un nuevo mercado. Pasamos del ecosistema web abierta/App markets a otro que podríamos formular así: web abierta/App markets — App-app markets. Muchas empresas, entre ellas sin duda los medios de comunicación, van a encontrar que no tiene sentido invertir en crear y actualizar sus propias apps pudiendo estar con desarrollos mucho más ágiles y efectivos en forma de bots en las aplicaciones de mensajería.
  2. Revolución en el diseño de producto. Como apunta Eduardo Manchón en este post, la era bot va a afectar de lleno a la interacción con el usuario en interfaces gráficas (GUI). Como él dice, “si la manera natural de empezar una interacción para un ser humano es comenzando a hablar, entonces la puerta natural de entrada a Internet ya no será un buscador, sino las interfaces conversacionales (chatbots)”. Los formularios, botones, los miles de wireframes, mockups, etc. en busca de una IA perfecta, los call-to-acion, las pruebas A-B de diseño… Todo eso tiene sentido cuando tenemos que recrear una interacción hombre-máquina, pero ¿qué pasa cuando esa interacción puede darse de la forma más natural y primitiva que siempre tuvo el ser humano de comunicarse, que es conversando? Pues puede pasar que “una web, una app, un servicio, pasaría a ser un contacto más de Whatsapp o Messenger”.
  3. Aceleración exponencial de la inteligencia artificial. Lo que vemos en la película Her podría llegar a parecernos infantil o naïf. Si finalmente los bots llegan a WhatsApp y se abre el melón, las grandes marcas se rascarán el bolsillo contratando estudios especializados, pero muy pronto aparecerán cientos de startups dedicadas a crear entornos de auto-desarrollo de bots. Al final, cualquiera podrá crear uno. Millones de bots aprendiendo de miles de millones de conversaciones humanas, de todas las etnias y culturas y clases sociales. Cada día. Imaginad.

Si ese es el panorama, si hasta el precariado va a tener su propio mayordomo digital, significa que se van a liberar billones y billones de minutos de atención que pasarán a ser duramente competidos.

Las personas vamos a dedicar menos tiempo a la burocracia digital (reservar vuelos, entradas, compras rutinarias, curación de contenidos, incluso leer el mail o atender las notificaciones de Facebook). Y ese tiempo que ahorramos estará disponible para que lo invirtamos en más y más consumo de contenidos. ¿Y quién nos lo va a sugerir y servir?

Sí, nuestra legión de bots. Y en la constante lucha por influir en el relato de la vida de cada ser humano con capacidad de compra, por pequeña que sea, entre esos bots la mayoría tiene pinta que van a ser de marcas y servicios de consumo. El branded content está a las puertas de su verdadera edad de oro. Y grandes devoradores de atención como Facebook, que ahora la cazan principalmente a través de su app propia y de la web, puede que en el futuro lo hagan sobre todo a través de su Messenger e incluso ‘su’ WhatsApp.

Bots y periodismo: cuatro ideas locas

Entonces, ¿cómo podemos imaginar un ‘bot periodístico’, que sea capaz de lograr ser un contacto prioritario por encima de los bots de otras marcas, la mayoría ajenas a la industria de los contenidos?

La respuesta: Ni idea, ¿me ayudas?

Eso sí, por plantear hipótesis de partida, aquí van algunas ideas locas:

  • El secretario. Es la hipótesis más obvia: un bot al que le damos una palabra clave en el chat y nos busca y contesta con las últimas noticias sobre ese tema. Le podemos pedir que automatice la tarea y nos avise siempre, o sólo cuando haya más de X impactos, por ejemplo.
  • El geógrafo. Simple: un bot que, en función de nuestra geolocalización, nos chatee con historias relacionadas con el lugar en el que estamos. No es necesario que sean de rabiosa actualidad. Podría enviarnos un clip de vídeo del 15M cuando pasemos por Sol o una imagen de Los fusilamientos de Goya cuando merodeemos por Príncipe Pío.
  • El cotilla. Imagino un bot que cada X tiempo me pregunta vía WhatsApp o similar algo como: “Hola Pau, ¿qué ha pasado hoy en tu barrio/ciudad?”. Es muy simple, pero con la consiguiente recompensa (por ejemplo, una suscripción gratuita o reducida a tu contenido), quizá acabaría alimentando una ingente base de datos viva y sobre la que se podrían programar patrones para detectar nuevas historias y coberturas que nos distinguiesen de la competencia. Imagina a miles de personas contestando a diario esa pregunta con textos, fotos, imágenes, vídeos… Este mismo bot, seguramente en no mucho tiempo, será capaz de combinar todos los contenidos que recibe para crear él mismo historias que sirva el bot Secretario. Aquí es donde los ‘Pelayo’ del periodismo se echan las manos a la cabeza.
  • El tiquismiquis. Yo le añadiría como contacto enseguida. Un bot al que le compartimos un enlace y -tras trabajar por todos nosotros juntos- nos dice la fiabilidad de la información. Este bot desconfiado se mirará todas las fuentes posibles, chequeando la información contenida en el artículo del enlace, y nos indicará la credibilidad del contenido. Lo siento por el equipo de Prueba de verificación de Ana Pastor.

Quizá parezca precipitado decirlo, pero estamos entrando en una nueva era, como cuando la aparición del iPhone creó el mercado de las apps. Éstas no acabaron con la web abierta, pero la cambiaron.

No sé si los bots acabarán con las Apps, la web abierta o si que será primero, Black Mirror o el cambio climático, pero sea lo que sea habrá que contarlo.

Y en esa historia, casi seguro, habrá uno o miles de bots de por medio.


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