You are the best thing ever happened to me

o cuando alguien no es capaz de pensar que lo mejor que le pudo pasar a uno tiene que ver con uno mismo


Esta mañana estaba en el despacho de la facultad corrigiendo exámenes de mis alumnos cuando ha sonado en Spotify una de mis canciones favoritas de estas últimas semanas “You are the best thing” de Ray Lamontagne. Tengo que decir que me gustan los arreglos musicales, pero no la letra. Últimamente, será por cosas de la edad y de las experiencias vitales vividas- ambas cosas van relacionadas -soy muy crítico con esa “fantástica” idea, promovida en la cultura romántica occidental, de que las mejores cosas que nos pueden suceder tienen que ver con el hecho de estar enamorados. O dicho de otra forma que solamente puedes ser feliz si estás enamorado/a y que lo que da sentido a la existencia es ese amor romántico desde el que tienes la impresión de ir “colocado/a” todo el día: no duermes bien, no comes bien, haces cosas que cuando se te pasa ese estado no entiendes cómo sucedieron, no estás concentrado, vives en las nubes, la imagen del otro/a todo el día revolotea en tu cabeza, pierdes la realidad de vista, te alejas de todo incluso de ti mismo/a, dejas de ser quién eras, etc, etc.

Si solamente podemos ser de verdad felices y únicamente podemos dar sentido a nuestra vida cuando estamos enamorados/as, entonces pocas veces seremos felices. El enamoramiento es un estado finito, muy variable, muy voluble y con tendencia a desaparecer de la misma forma que apareció. Lo importante es lo que queda después, lo que permanece más allá de ese estado inicial.

Opino que en realidad la mejor cosa que nos puede pasar es estar a gusto con nosotros mismos, conocernos bien, amarnos mucho y tener una buena autoestima, todo eso pasa por ser capaz de llevar una vida autónoma. Entonces podremos ser capaces de embarcarnos en relaciones de pareja desde la independencia, desde la seguridad y el autoconocimiento de que solos también podemos ser felices, encontrarnos bien. De esta forma podremos pasar del estado líquido de enamoramiento al estado sólido del vínculo, la filia y el ágape sin miedo a perdernos en el otro, y si nos perdemos debemos volver a encontrarnos en nosotros mismos. Cuando mis hijos eran pequeños, e íbamos a un lugar público, siempre les decía: “si os perdéis quedamos en la entrada”, ese era siempre nuestro punto de encuentro. Cuando nos extraviamos en una relación de pareja nuestro punto de encuentro somos nosotros mismos, aunque para ello debamos tomar la puerta de salida (de la relación).

Si cuando estamos en pareja nos sentimos seguros de nosotros mismos, si nos “autoestimamos”, entonces podremos tener una relación de mayor calidad, pues para ser completos no necesitaremos a otro/a, ya no será necesario que seamos “dos mitades unidas” (una naranja completada por dos mitades) para tener esa idea de plenitud vital. Más bien seremos un completo/a más otro completa/o (nos suplementaremos como pueden hacerlo una pera y una manzana) que siempre es más y mejor que dos mitades en uno. Además no existen dos medias naranjas que se complementen, lo digo por si aún no os habíais dado cuenta .

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