Señoro al volante

Me lloverán hostias como panes, de esas con mano de pelotari abierta. Pero me tiro de chumbo igualmente a mi análisis generalista, impopular e irreverente.

El macho ibérico despatarrado tiene una capacidad innata para aparcar maniobrando con mucha presteza. El ejemplar diestro gira el volante sirviéndose solo de la izquierda, y, no contento con eso, usa con habilidad el retrovisor.

Es un perfil de perfecto señoro.

Y señoro me siento yo estos días. Contraer una dolencia atípica e improbable que me entumece la derecha me ha dotado por entrenamiento de lo que cromosómicamente no me corresponde. Vamos, que aparco con donosura testicular.

Pero este señoro bibiano necesita bañar su vida de ironía, y por eso se ha vaciado hoy encima un frasco de La Vie Est Belle.