Ser una auténtica pe**r*a

Si usas “exceedingly” en vez de “very” te ganas ese calificativo a pulso.


Si le dices a tu vicechairman que lo haces porque lo oíste en una de tus miniseries favoritas de la BBC sigues construyendo tu perfil de pe**r*a.

Si acabas de deslizar que tienes un vicechairman para empujar a que alguien te pregunte si tú eres la chairwoman estás llegando a pe**r*a nivel leyenda.


La irremediablemente dura vida te puede hacer una pe**r*a integral, porque ya no puedes evitar mostrar que sabes la diferencia entre el paclitaxel y el oxaliplatino, sea para bien, para mal, o para nada.

Y te encuentras a gusto rodeándote de personas pe**r*as que saben que la soprano no ha llegado al si bemol, o como se compactifica Yang Mills en un toroide; y lo peor es que te has vuelto tan pe**r*a que finges que tú también te has enterado del pinchazo de la soprano y del gauge usado en el planteamiento teórico.

“Me fugaría a Transilvania ……. para no ver tras el espejo al bicho infame que dice ser yo”.

Menos mal que te queda “la bajeza” de leer con fruición el Hola cuando vas a la consulta del masajista, perdón del fisioterapeuta.

La diva Lupita Ferrer, buen avatar para mi futura enésima identidad anónima identidad secreta.
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