¿Atrapados o liberados?
Las nuevas generaciones ante la política.
Es lo que nos distingue de los animales, es la voluntad y el intelecto colectivo que por segundos nos hace más cercanos a formar un solo ser, nuestra organización, nuestra estructura, nuestra sociedad. Siempre en pie, siempre agonizante, arrodillados a su lado la consolamos y buscamos mejoría. En 2011 quedó grabado en fuego la fuerza de una idea, que sigue trascendiendo ideologías y diferencias, que destapó algo en nuestro país, o más tapo algo: el miedo a gritar, a reclamar, a pelear, a exigir un mejor país, una mejor vida y una mejor futuro. Fueron los estudiantes, entre mesas y piedras que marcaron el paso. Hoy, vemos reflejadas de una forma casi transparente los problemas que nos acontecen, la segregación en el educación, en la salud, los mortales golpes de las ANFP, figuras públicas que viven en otras esferas dentro del mismo suelo. Siempre fue claro, quién tiene dinero gobierna y devora poder, pero hoy no es una verdad murmurada a regañadientes, hoy se grita, a los cuatro vientos y redes sociales. Queremos que se sepa, que las injusticias existen, que no son fantasmas personales.
Resbalan las molotov del encapuchado, su era paleolítica se acaba, llega el tiempo de pensar, de dejar de ser parte del ganado. Los jóvenes lo afirman “la política no les interesa” ¿por qué? “porque los políticos la ensucian” y queda la eterna duda “¿como salvar a la política de los políticos?”
Siempre hubo un susurro diciendo “no vamos a lograr nada…” ante pasos inexorables hacía su destino.
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