Mucho político, poco líder


Ante los resultados de la Séptima Encuesta Nacional de la Juventud y las estadísticas presentadas sobre el interés en la política en lo jóvenes de Chile, la parte adulta y pública del país se ha mostrado preocupada, inciertos ante el futuro y el rol de las nuevas generación. Se desprenden inquietantes conclusiones al contrastar los gráficos, las más notorias, que los jóvenes de Chile creen en la política, creen en la democracia como camino a la equidad, pero sus dudas y desconfianza caen en los que ejercen el poder en el país, en los llamados políticos y sus partidos. Sólo, según el INJUV, un 19% se presenta interesado en la política, por tanto se entiende que al menos un 19% de jóvenes militan en algún partido o toman alguna ideología, tema realmente preocupante debido a dos grandes razones.

Lo primero, y que uno deduce casi al instante, es que las nuevas generaciones no sienten el llamado de la política, no ven en los abanderados sus sueños o metas, mucho menos confianza y tachan al sistema como una fachada a la corrupción, pero por qué se da esta situación tomando en cuenta que vivimos en un mundo hiper-conectado donde se supone que es más fácil interactuar y comunicar. Esto recae en los mismos políticos y su incapacidad como dirigentes del país, de su deficiencia para llegar al corazón de las personas y la falta del atributo más importante que debe tener un gobierno: respeto. Sin embargo, ese listado sólo es el contenido de lo que falta en este país: liderazgo neto, una voz tan fuerte que sea capaz de unificar y fortalecer la visión de uno de los bandos, una figura que entienda sobre la trascendencia de las ideas y inspire confianza en base a sus angustiados anhelos y no con falsas sonrisas. Eso es lo que los jóvenes esperan y seguirán esperando.

Lo segundo, llega junto al sistema económico, la privatización de la política, ya no se trata de quien logra convencer a otro, ya no es sobre si mis ideales se pueden traerte bien, ahora se trata de cuánto cuesta tu voto, de cuantos regalos hacen falta para asegurar mi presidencia. Es lamentable ver como las personas se rinden ante un fardo, como por poder y dinero son capaces de cambiar sus ideales y apariencia; es lamentable escuchar y leer como se roba dinero, como los senadores aumentan sus sueldos y como mantienen esta mala actuación por años. Es como una telenovela, los personajes dejan la escoba, el público los odia y el odiado da un paso al lado, pero vuele tras una temporada o dos para actuar como el bueno, siempre vuelven y el show nunca acaba.

A raíz de todo lo nombrado es que los jóvenes ya no creen en que la política se pueda limpiar, ya no creen en que algo se pueda cambiar ya que los fardos de dinero se alzan por sobre lo que ellos pueden escalar. Pareciera que están atrapados, perdidos y a merced de un círculo eterno e inexorable, pero algo crece dentro de la juventud, una duda, sobre el riesgo que tememos tomar ante la injusticia, sobre que tan fuerte son los sueños, sobre que tanto podremos cambiar.

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