Se despejan las nubes

Por Arthur González

Las últimas declaraciones de la Iglesia católica en Cuba, aparecidas en la revista “Palabra Nueva” de la Arquidiócesis de La Habana, despejan en parte las incógnitas que se vienen presentando en la actuación de esa institución religiosa, manifestadas ya sin sutilezas

en las proyecciones de la revista “Cuba Posible”, dirigida por dos laicos prominentes, desde donde reclaman espacios políticos y se cuestiona a la Revolución, bajo “preocupaciones” sobre el futuro de la nación, coincidentes a las expresadas por algunas figuras de la contrarrevolución interna y la Casa Blanca.

El 21.10.2015, “Palabra Nueva”, bajo la tutela del cardenal Jaime Ortega Alamino, reclamó abiertamente “remover definitivamente las restricciones que frenan el trabajo de las instituciones religiosas, para que la reciente visita del Papa Francisco no sea un paréntesis en la vida nacional”, afirmó su director Orlando Márquez.

Añadió que “esa apertura definitiva es imprescindible cuando se necesita la colaboración de todos en el proceso de cambios que vive el país, por la aplicación de las reformas del presidente Raúl Castro” y según él “no hay razón alguna para desconfiar de las intenciones y propósitos de la Iglesia católica, de otras iglesias cristianas o de cualquier otra manifestación religiosa presente en Cuba, que desee trabajar por la paz, la fraternidad y la promoción de los cubanos”.

En su petición Márquez explica que “sería coherente que las autoridades reconocieran el lugar que corresponde a la Iglesia en la sociedad y su triple misión: cultural, caritativa y profética”.

Quizás sean esos los motivos por el cual el libelo “14yMedio”, creado por la CIA para su bloguera Yoani Sánchez Cordero, esté divulgando las actividades de la iglesia en la formación de jóvenes para el trabajo no estatal, que desde hace más de un año se ejecuta en sus locales sin la menor interferencia estatal.

Pero ¿qué pretende la iglesia católica en esta etapa de transformaciones económicas en Cuba, al solicitar que se le reconozca el lugar que le corresponde en la sociedad?

¿Será que desea un espacio político para ejecutar los lineamientos de trabajo que trazó el llamado Plan Bush en el 2004 para las iglesias, a fin de lograr la Transición “pacífica” hacia el capitalismo?

Desde su aprobación por el Presidente Bush en mayo del 2004, la Santa Sede no se pronunció ni a favor ni en contra de lo plasmado en dicho documento; por tanto, aceptó el rol que le asignaba Estados Unidos en su proyecto de destruir a la Revolución.

El capítulo religioso del Plan Bush se titula: “Acelerando la Transición cubana”, y comienza afirmando:

“Las organizaciones religiosas, incluyendo la católica y ciertas denominaciones protestantes auténticamente independientes, presentan el más rápido crecimiento y las alternativas potencialmente más fuertes al Estado cubano, proporcionando servicios básicos e información al pueblo cubano”.

“…varias ONG norteamericanas están trabajando para desarrollar talleres con ministerios, iglesias y personal laico con un interés común, proporcionar ayuda humanitaria como vehículo para fortalecer la sociedad civil en Cuba”.

“Las organizaciones religiosas pueden jugar un papel indispensable en la Transición hacia una Cuba Libre”.

“…la importancia especial de las instituciones religiosas en la Transición, es debido al hecho de que ellas son una de las pocas organizaciones no gubernamentales intactas en la Isla que tienen la confianza del pueblo y los medios para organizar una red social de comunicaciones y canales de distribución en todos los niveles de la sociedad”.

En ese Plan para la Transición, se tratan otros aspectos que van teniendo demasiadas coincidencias con las acciones que hoy se ejecutan bajo el financiamiento y dirección de la jerarquía católica.

Un ejemplo son las palabras de Teo Babun, hijo, director ejecutivo de la Asociación Alcance Humanitario Evangélico (Evangelical Chiristian Humanitarian Outreach), ECHO-Cuba, al asegurar:

“Las organizaciones no gubernamentales de base religiosa, actualmente desarrollan servicios humanitarios en los barrios, proveen transporte, obtienen suministros médicos y distribuyen alimentos. A los servicios sociales afiliados de las iglesias, se les permite recibir apoyo de organizaciones hermanas en los Estados Unidos y de cualquier otro lugar”.

Ese capítulo del Plan Bush también afirma:

“La política de los Estados Unidos será apoyar la participación de todos los grupos religiosos genuinamente no políticos tanto en la transición como en el desarrollo de una Cuba libre…”

“…estas organizaciones de base pueden ser una fuerza estabilizadora durante los momentos de la transición y una importante fuerza a largo plazo en el desarrollo de la sociedad civil para protegerla de un retroceso al totalitarismo”.

En enero de 1959 al iniciar la Revolución un amplio programa de trasformaciones sociales como la alfabetización, llevar los servicios de salud a los lugares donde jamás se supo lo que era un médico, la cultura, el deporte y el desarrollo de cursos de superación para la mujer, la iglesia católica no expresó su deseo de participar, por el contrario, se alió al Gobierno de Estados Unidos en sus actos para evitar la consolidación del triunfo del pueblo.

Al caer el campo socialista de inmediato aparecieron Pastorales que marcaban un distanciamiento con el Gobierno, e instaban a seguir los pasos de Europa del Este.

Desde hace décadas el Estado ha tenido un acercamiento sin igual con las Iglesias, en un diálogo abierto y franco, pero no para ocupar espacios políticos que no le pertenecen y menos aún que faciliten los objetivos de Estados Unidos.

La visita del Papa Francisco fue fructífera para todo los creyentes y el pueblo cubano lo aceptó con júbilo, pero eso no significa que ahora la Iglesia requiera algo que nunca tuvo en la República mediatizada, y por tanto deberá ser consecuente con el pensamiento del Papa Benedicto XVI cuando expresó:

“La Iglesia no está en el mundo para cambiar gobiernos, sino para penetrar con el evangelio el corazón de los hombres. Ese debe ser siempre el camino de la Iglesia”.

Por eso José Martí expresó:

“Ladrones del altar son esos comerciantes de opinión, y deberían sacarlos por las calles con sayal de lienzo y la cabeza llena de cenizas”.

Tomado de El Heraldo Cubano