La Tizza
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Jul 17 · 15 min read

Por Luis Emilio Aybar

En días recientes ha sido publicada de forma casi íntegra una carta escrita por el Che a Fidel al finalizar su etapa como dirigente revolucionario en Cuba. Como suceso editorial, la carta contiene menos novedades de lo que con seguridad a muchos le parecerá: la mayor parte de los criterios ahí vertidos por el Che han sido puestos a nuestro alcance por significativos esfuerzos editoriales en los últimos años.[i] Considero que el mayor aporte de la publicación de esta carta viene dado por el estímulo a la investigación y al debate público que pudiera concitar, siempre a partir de la limitada difusión social, e incluso en medios académicos, que tiene el trabajo de dirección económica llevado a cabo por el Che.

Dos estereotipos vinculados a su obra pueden sufrir duros golpes en el momento de la lectura. Aquellos cuyas referencias se reducen al papel del Che como líder militar, revolucionario internacionalista, pensador humanista, chocarán con una faceta de gran estadista, que alcanzara tanto desarrollo como las primeras. Aquellos que pudieran estar más familiarizados con su pensamiento económico, pero llegan lastrados por las etiquetas — «idealista» y otras — , encontrarán a un dirigente altamente preocupado con los problemas de la producción, muy crítico hacia los errores propios y con una gran capacidad propositiva para ajustar los deseos a las realidades, sin abandonarlos.

En justicia, debo incluir un tercer estereotipo, que era el mío propio cuando empecé a investigar sobre el Che, y, con probabilidad, el de muchos todavía dentro y fuera de Cuba. Es aquello que nos lleva a interesarnos más en todas sus ideas y esfuerzos sobre cómo formar al hombre nuevo, que en sus ideas y esfuerzos sobre cómo construir una base material para el socialismo. En otras palabras, pasamos de página cuando empieza a hablar de política industrial, inversiones, automatización, mecanización, calidad, control de costos, entre otros. Olvidamos así que se trata de dos objetivos enlazados de forma estrecha, que supo combinar de una forma que todavía hoy es testimonio de una actitud integral hacia el bienestar humano.

Sobre los «errores en la política económica»: una guía de lectura

Dado que la obra oral y escrita del Che referida al Sistema Presupuestario de Financiamiento y al papel del Partido es más conocida y referenciada, me centraré en lo producido, con anterioridad a esta carta, sobre los errores en política económica del Gobierno Revolucionario.

Aquí es fundamental partir de una primera etapa, durante los años 1959, 1960 y 1961 en los cuales el Che fue parte de ese subjetivismo y superficialidad en la formulación de la estrategia económica, que critica y se autocritica en la carta. Como ejemplos se puede revisar la Entrevista en el INRA, el 29 de octubre de 1959; su intervención en el Ciclo de conferencias del Banco Nacional, 26 de enero de 1960;[ii] la Entrevista concedida a Revolución al ser designado Ministro de Industrias, 26 de febrero de 1961;[iii] y su Conferencia en la inauguración del VII Ciclo Economía y Planificación, 30 de abril de 1961.[iv] La política económica, y dentro de ella la política industrial, adoptó metas irrealizables si se tomaba en cuenta las características de la economía cubana, los enormes obstáculos que se cernían sobre la Isla, y la inexperiencia y escasez del personal directivo y técnico.

Ya en la segunda mitad de 1961 los desórdenes existentes en el funcionamiento económico motivan la realización de una Reunión Nacional de Producción, con intervenciones de los integrantes del Consejo de Ministros. Contamos con el informe rendido por el Che en esta reunión, con fecha 27 de agosto.[v] Ahí aborda las carencias del trabajo realizado en el sector industrial, que estaba bajo su cargo, e incorpora opiniones sobre el desempeño de otros ministerios. Muchas de las trabas de los que habla en la carta de 1965 ya son presentadas aquí: entre ellos, el mal desempeño de Comercio Exterior o los retrasos en la construcción de plantas industriales por parte del Ministerio de Obras Públicas. Esta Reunión Nacional de Producción es un acontecimiento destacable por el desenfado crítico y autocrítico mostrado por los ministros en televisión nacional,[vi] una práctica que ha sido intermitente durante la etapa revolucionaria.

En este momento, sin embargo, la política de inversiones no es cuestionada por el Che, pero su capacidad reflexiva pronto adicionará a la crítica del funcionamiento administrativo una evaluación sistemática de las estrategias económicas.

En «Tareas Industriales de la Revolución en los años venideros», aparecido en la revista Cuba Socialista en marzo de 1962, encontramos un primer cuestionamiento a la política de sustitución de importaciones: «Es bueno acentuar que los primeros pasos de la Revolución no pudieron escapar a este lastre de improvisación que nos venía, junto con la falta de datos estadísticos y conceptos de desarrollo, del pasado inmediato. Nos faltó el énfasis debido en el aprovechamiento de nuestros propios recursos; trabajamos con la vista fija en la sustitución de importaciones de artículos terminados, sin ver claro que esos artículos se hacen con materias primas que es necesario tener para fabricarlos».[vii]

En la Reunión Bimestral del 14 de julio de 1962 añade a esto un cuestionamiento más global del primer plan de desarrollo adoptado, el descuido de las exportaciones, y el atraso tecnológico de las fábricas compradas a los países del campo socialista.[viii] En un tono coloquial y espontáneo hace un análisis muy autocrítico, que será sistematizado en sus informes anuales al Consejo de Ministros a partir de ese año.

Dichos informes, que han sido publicados bajo los títulos Memoria anual 1961–1962 y Memoria anual 1963,[ix] son un ejemplo del método exigido por el propio Che a sus subordinados en los procesos de rendición de cuenta organizados en el Ministerio de Industrias. Contienen un balance de las metas y tareas planteadas, los avances e insuficiencias en su realización, los errores y defectos que es necesario superar, incluidos los suyos propios como ministro, y los posibles caminos para alcanzar resultados superiores. Muy importante para el tema que nos ocupa es la parte dedicada a sus opiniones sobre el desempeño de los otros organismos y sus propuestas de soluciones para el funcionamiento global de la economía. Ahí aparece su reclamo permanente hacia la Junta Central de Planificación (JUCEPLAN) de elaborar con el debido rigor un plan de desarrollo a mediano y largo plazos que estableciera una mayor racionalidad en la asignación de los recursos, así como la necesidad de ordenar las relaciones entre los sectores de la economía.

Durante los años 1962, 1963 y 1964, aborda en muchas ocasiones los errores en política económica, incluso frente a los obreros.[x] Algunos análisis aparecieron en la prensa nacional, como su entrevista con el periodista mexicano Víctor Rico Galán, replicada en el periódico Hoy.[xi] Destacamos, por su sinceridad y transparencia, la entrevista con el periodista de la popular sección «Siquitrilla».[xii] En el año 1963 el análisis más integral lo hace el 16 de julio en el Seminario sobre Planificación en Argelia, que incluye propuestas sobre cómo hacer la planificación de modo más eficaz en lo adelante.[xiii]

Este último tema es bien zigzagueante en estos años. El Che pasa de reconocer que el esbozo de plan anual de 1961 fue «ilusorio y burocrático»,[xiv] a afirmar que el de 1962 será un «plan serio»;[xv] y de ahí a tener que reconocer, de nuevo, que este último también fue «absurdo y desligado de la realidad».[xvi] Es la inexperiencia que acompañaba la grandeza de la revolución que estaba teniendo lugar. Peor es si no se aprende, y a aprender sin dejar de actuar se dedicó el Che con una gran dedicación. Por eso cuando la JUCEPLAN se disponía en 1964 a cometer en un nuevo plan de desarrollo perspectivo los mismos errores que en el plan cuatrienal de 1961–1964, envía un escrito a la misma,[xvii] sistematizando los elementos que debían ser tomados en cuenta para no volver a errar. Como en la carta de 1965, defiende la necesidad de contar con estudios profundos de la economía cubana e internacional para planificar, y de aplicar métodos matemáticos más avanzados que los del campo socialista.

Más o menos por la misma época escribe Cuba, su economía, su comercio exterior, su significado en el mundo actual,[xviii] que en mi opinión es un texto equivalente a El Socialismo y el hombre en Cuba pero en el campo de la política económica, en el sentido de constituir un texto de madurez donde sintetiza sus principales aprendizajes. Ahora se le suma esta carta de 1965, pero es importante que tomemos en cuenta que ella presenta un desbalance explícito: se concentra en los errores cometidos, no es su objetivo analizar los logros. A la gravedad de la situación descrita es necesario sumarle, para completar la imagen de la Cuba de aquellos años, algunos hechos económicos que constituyeron verdaderas proezas: por ejemplo, el impulso a la producción niquelífera, y dentro de ello el haber logrado poner en funcionamiento la planta de Moa, algo que no habían logrado ni siquiera sus anteriores dueños, los norteamericanos. Por otro lado, cuando comenzó la aplicación del bloqueo fue necesaria una profunda reorganización de la economía para acoplarla a las exigencias técnicas del comercio exterior con los países socialistas, algo que se logró en poco tiempo sin paralizar el país. Un extraordinario esfuerzo de formación acelerada de fuerza de trabajo calificada se llevó adelante, sentando las bases de lo que sería una de las grandes conquistas de la Revolución. Otros avances que pudiéramos mencionar fueron la organización eficaz del aparato de contabilidad del Ministerio de Industrias, la construcción de los primeros modelos de máquinas cortadoras de caña, el establecimiento de las bases para el desarrollo energético del país, la fundación de los primeros centros de investigación científica, la recuperación de la producción cañera con grandes campañas de trabajo voluntario, la ocupación de la mayor parte de la población desempleada, el respaldo productivo a numerosos programas sociales y la multiplicación del presupuesto de la nación, gracias a la nacionalización y estatalización de las riquezas del país.

Lo nuevo…

En relación con lo publicado con anterioridad, identifico los siguientes elementos novedosos en la carta de 26 de marzo de 1965:

1. Su análisis sobre los problemas del comercio exterior y cómo resolverlos.

Aunque de esto ya se había ocupado en los informes al Consejo de Ministros, o en el artículo Cuba, su economía, su comercio exterior…, aquí se extiende en la explicación, ofreciéndonos un panorama amplio de las problemáticas confrontadas en esta esfera. Destaco, por su vigencia, su enfoque de complementar los grandes rubros con pequeñas exportaciones diversificadas, de buscar «hasta el último rincón para tratar de sacar un pesito más en cada cosa» y de dar «un paso que podría haber sido seguido de otro y otro» en el campo de la obtención de nuevas fuentes de divisas.

2. Sus conclusiones sobre el problema de la participación obrera, y su vínculo con la motivación laboral.

Esto no es un tema nuevo en su obra. Desde temprana fecha desarrolló reflexiones y propuestas para impulsar la participación obrera, y la concibió como un tipo de incentivo.[xix] El debate planteado en términos de estímulos morales y materiales oscureció un poco esta arista, pero debemos tener presente que para el Che la participación es una de las «premisas de organización» del desarrollo de la conciencia.[xx] Es importante resaltar, sin embargo, que una característica de su pensamiento es no ver contradicción en depositar la toma de decisiones en los dirigentes y al mismo tiempo hacer participar a los obreros en la dirección,[xxi] enfoque que también trasluce la misiva de 1965. La novedad de esta última consiste en que ahí presenta sus reflexiones conclusivas, y reconoce no haber encontrado el camino para lograr una auténtica participación obrera.

Considero, sin embargo, que el Che tuvo intuiciones muy fértiles, la más importante de las cuáles se puede leer en las actas de la Reunión Bimestral de febrero de 1964. Ahí plantea que los obreros de Industrias han mostrado poco interés en los espacios de participación «porque ven que no se soluciona nada allí», y porque un «fallo constante» del Ministerio ha sido no canalizar adecuadamente las iniciativas y demandas que emiten las bases.[xxii] Considera que para modificar esa situación los dirigentes deben comenzar a rendir cuentas en las asambleas, y estar obligados a gestionar soluciones efectivas a los planteamientos recibidos, con comités auxiliares que controlen al Estado de cumplimiento.[xxiii] Esbozó así un principio de participación vinculante.

3. Su propuesta de organización del Partido.

La mayor parte de los criterios vertido en la carta de 1965 sobre el Partido ya están presentes en escritos o intervenciones anteriores del Che, pero aquí los relaciona con una serie de tareas a acometer para organizar el Partido en aquel escenario, de una forma que no entorpeciera el funcionamiento del gobierno, y que tributara como objetivo central a la formación del hombre nuevo.

4. Las limitaciones del nuevo plan de desarrollo.

En el momento en que el Che escribe esta carta, el Gobierno Revolucionario ha adoptado un plan de desarrollo mucho más ajustado a las realidades del país, que asumía tres líneas fundamentales: el azúcar, el níquel y el ganado. En el artículo Cuba, su economía, su comercio exterior, su significado en el mundo actual, o en la entrevista concedida a la revista Economía Mundial y Relaciones Internacionales,[xxiv] ambos de 1964, no pone ningún reparo a estas líneas, se limita a describirlas como un camino prometedor. En la carta, sin embargo, plantea las limitaciones de un desarrollo basado en materias primas, cuestiona las ventajas reales de exportación que ofrecería el ganado, defiende la posibilidad de establecer planes a largo plazo y reafirma el papel que en estos planes debía reservarse para la industria. Sus análisis reciben el beneficio del trabajo realizado por la Dirección de Planificación Perspectiva de su propio Ministerio. Ahí se han llevado a la práctica los métodos que el Che ha venido proponiendo a la JUCEPLAN, o sea, incorporar como requisitos de una buena planificación el estudio profundo de la situación de la economía nacional, de las perspectivas de la economía mundial, y de las principales tendencias del desarrollo tecnológico internacional.[xxv]

He destacado estos cuatro puntos, pero no cabe duda de que la carta en su afán de integralidad presenta enriquecimientos de sus ideas sobre los errores en política económica, el Sistema Presupuestario de Financiamiento y el papel del Partido, aun cuando él mismo afirma no haber dicho «nada nuevo». Lo mismo pudiéramos decir sobre su relación con Fidel, que estuvo marcada por una gran sintonía, pero es valiosa la oportunidad de asomarnos a sus debates internos, que también sostenían con naturalidad.

Antes de finalizar quisiera detenerme en un punto.

Aurelio Alonso, en sus comentarios recientes a la carta de 1965, ha afirmado que «ni el sistema presupuestario suponía (ni Che se planteó) una economía estatizada del todo, sino que el socialismo supuso siempre para él una sociedad con diversidad de formas de propiedad donde predominara y rigiera la empresa estatal socialista».[xxvi] Esto no es correcto. El Che apostaba a la socialización completa de la propiedad y ello se evidencia en múltiples escritos y discursos.[xxvii] La afirmación que hace en la epístola está en total coherencia con su pensamiento. Hay que tomar en cuenta que las afirmaciones citadas,[xxviii] como sugiere Humberto Pérez, tienen lugar en un momento donde no han ocurrido las expropiaciones de la segunda mitad de 1960, y en los planes económicos del gobierno tiene más importancia la participación de los privados. Pero en cuanto la Primera Declaración de La Habana, aprobada por el pueblo de Cuba entre septiembre y octubre de 1960, condenó la explotación del hombre por el hombre, el Che va a pregonar este principio por doquier, hasta la declaración oficial del carácter socialista de la Revolución en abril de 1961.

El asunto es que esgrime dos criterios con relación al régimen de propiedad, uno ideológico y el otro técnico-económico. El primero lo lleva a condenar toda forma de apropiación privada de la plusvalía, toda forma de enajenación de la riqueza colectiva, y está basado en un principio de justicia.[xxix] El segundo lo lleva a preferir un ritmo menos acelerado en la expropiación de la pequeña propiedad capitalista, cosa que reconoce fue prácticamente imposible por la intensidad de la lucha de clases.[xxx] Explica que la incorporación de esas pequeñas propiedades, la mayoría de un carácter muy artesanal, dificultaba la gestión económica porque disminuía la productividad global de las empresas estatales y complejizaba su administración. Aunque fueran fábricas muy improductivas había que pagar salarios porque sus obreros no podían quedar desamparados, lo que incrementaba la carga presupuestal.

Cuando en el Seminario de Planificación en Argelia, en 1963, sintetiza sus deseos a futuro, se verifica el cruce de ambos criterios: «la socialización de los medios de producción se haría, fundamentalmente, de acuerdo con las posibilidades de los cuadros y de la organización general del aparato estatal, pero avanzando sin desmayos en este camino».[xxxi]

En lo personal comparto el proyecto del Che de superar toda forma de apropiación privada de la plusvalía, lo que no significa, podemos decir desde hoy, que debe existir una única forma de propiedad colectiva en el conjunto de la propiedad social.

El debate actual…

En sus comentarios, Aurelio nos exhorta a no olvidar que la carta a Fidel es «un análisis a la altura de 1965, y que nuestra lectura tiene lugar más de medio siglo después». Creo que es muy válida esta alerta. Ahora bien, es inevitable no identificar algunos problemas de nuestra economía abordados por el Che que han mostrado tener una recurrencia perversa: descuido de las exportaciones, crisis en los abastecimientos de insumos a la producción, no retorno de las inversiones, dependencia importadora, desórdenes intersectoriales, política de bandazos, entre otras. En estos momentos se está poniendo mucho esfuerzo en modificar ese patrón. Creo que en tal dirección es fundamental, como alerta el Che, convertir esos esfuerzos en métodos de trabajo a todos los niveles, e involucrar al pueblo en el control de toda la política económica.


Notas:

[i] Me refiero a las publicaciones del Centro Che Guevara y a la compilación Che en la Revolución, realizada en los años sesenta bajo la dirección de Orlando Borrego y reeditada por la Editorial José Martí entre 2013 y 2016. Más adelante pondré ejemplos de escritos y discursos del Che donde plantea criterios similares a los que encontramos en esta carta de 1965 a Fidel.

[ii] Ambas se pueden consultar en Che en la Revolución Cubana, tomo II, Editorial José Martí, 2013. Todas las referencias — a menos que se indique lo contrario — que aparecen en este artículo son a textos de esta obra; por lo que solo se indicará el tomo y la página correspondientes.

[iii] Tomo III.

[iv] Tomo III, en particular pp. 120–129 y pp. 143–147.

[v] Véase el «Discurso en la Primera Reunión Nacional de Producción», 27 de agosto de 1961, tomo III.

[vi] Incluso hubo diferencias de criterios entre el Che y Osmany Cienfuegos, entonces ministro de Obras Públicas. La transcripción publicada en Che en la Revolución Cubana da cuenta de ello.

[vii] Tomo I, pp. 117–118.

[viii] Tomo VI, pp. 200–203. Más detalles se pueden encontrar también en «Reunión Bimestral del 9 de marzo», del propio tomo VI, pp. 248–250.

[ix] Tomo VI.

[x] Véase, por ejemplo, «Entrega de premios a obreros más destacados del Ministerio de Industrias», 30 de abril de 1962, Tomo IV, pp. 123–124.

[xi] Tomo IV, pp. 350–352.

[xii] Tomo IV.

[xiii] Tomo IV. Ya aquí reconoce que fue un error copiar el método de planificación de los checos.

[xiv] Véase el «Discurso en la Primera Reunión Nacional de Producción», 27 de agosto de 1961, tomo III, p. 322 y p. 325; y también «Tareas industriales de la Revolución en los años venideros», en el tomo I, p. 117.

[xv] Véase «Palabras en el Ministerio de Industrias sobre el Plan económico de 1962», tomo III, p. 404.

[xvi] Véase «Intervención en una reunión», 16 de marzo, tomo IV, p. 84.

[xvii] Véase «Opiniones del Ministerio sobre el Plan perspectivo de 1964»

[xviii] Fue publicado en la revista Nuestra Industria Económica en diciembre de 1964, tomo I.

[xix] Durante 1960 Che diagnostica una cierta crisis en el vínculo con los obreros y los sindicatos de base, una cierta apatía frente a las tareas del momento, y explica que para su superación paulatina se ha estimulado la participación en la dirección de las fábricas, con iniciativas como los Consejos Técnicos Asesores o las Asambleas de Producción. Véase, «Conferencia en la inauguración del VII Ciclo Economía y Planificación», 30 de abril de 1961, tomo III, p. 139. También «Ciclo de conferencias del Banco Nacional», 26 de enero de 1960, tomo II, p. 272.

[xx] Así lo enfoca en la «Reunión Bimestral del 22 de febrero de 1964», tomo VI, p. 325. Para tener el análisis completo véase de la página 323 a la 330.

[xxi] Véase, por ejemplo, «Discusión colectiva, decisión y responsabilidades únicas», tomo I. «También Discurso en la Primera Reunión Nacional de Producción», 27 de agosto de 1961, tomo III, pp. 322–323.

[xxii] «Reunión Bimestral del 22 de febrero de 1964», tomo VI, p. 327 y p. 329.

[xxiii] Tomo VI, pp. 327–328

[xxiv] Tomo V.

[xxv] En el archivo del Centro de Estudio Che Guevara se conserva una copia de la propuesta de «Plan Perspectivo para el sector industrial llevada a cabo por esta Dirección». Según nos planteó en una reciente entrevista Miguel A. Figueras, quien dirigiera aquel departamento, un resumen fue publicado por aquellos años en la revista Cuba Socialista.

[xxvi] Véase texto de Aurelio Alonso en La Tizza “Discutirla, con veneración e irreverencia”.

[xxvii] Véase, por ejemplo, «Tareas industriales de la Revolución en los años venideros», tomo I, p. 128: «nuestro país socialista debe aspirar a que todo el patrimonio de la nación sea propiedad social». También «Comparecencia televisiva acerca de los resultados de la Conferencia de Punta del Este», 23 de agosto de 1961, tomo III, p. 301. O lo que dijo en el «Discurso en el XI Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba», 28 de noviembre de 1961, tomo III, p. 439: «Comprendemos que tenemos que llegar al ciento por ciento de la propiedad estatal sobre los medios fundamentales de producción».

[xxviii] En «Ciclo de conferencias en el Banco Nacional, 26 de enero de 1960», tomo II, p. 103 Che dice algo similar al fragmento citado por Humberto Pérez, que corresponde a su artículo inédito «Rumbos de la industrialización».

[xxix] «No hay otra definición del socialismo, válida para nosotros, que la abolición de la explotación del hombre por el hombre», En el «Segundo Seminario Económico de Solidaridad Afroasiática», 24 de febrero de 1965, tomo V, p. 276.

[xxx] Así lo enfoca en «Conferencia en la inauguración del VII Ciclo de Economía y Planificación», 30 de abril de 1961, tomo III, pp. 101–102. También en el «Seminario sobre Planificación en Argelia», 16 de julio de 1963, tomo IV, p. 364.

[xxxi] Tomo IV, p. 361.

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