Fidel: las encrucijadas de la libertad

Por: Frank Josué Solar Cabrales

Fidel Castro en la Sierra Maestra.

Una historia simplificada de la Revolución cubana, y del rol de Fidel Castro en ella, ha presentado un esquema según el cual el líder lo tenía todo planeado y previsto de antemano, en una estrategia preconcebida que se fue cumpliendo de manera perfecta, sin mayores contratiempos, hasta conseguir la victoria. En esta versión no hay espacio para la improvisación, el error, las contradicciones o los zigzags tácticos: la genialidad de Fidel lo tenía todo muy bien estudiado desde el principio, como una suerte de adivino.

Los historiadores que sostienen esta tesis han quedado descolocados cuando el propio Fidel reconoció en varias ocasiones que cometió equivocaciones y que al analizar determinados acontecimientos desde la perspectiva del presente, hubiera tomado decisiones distintas. Por ejemplo, la invasión a Occidente.[1] O realizar la promesa de desembarcar en el año 1956.[2] Si nos dedicáramos más a entender las razones, las motivaciones, los condicionamientos, las esencias y las causas profundas de su comportamiento político durante todos estos años entonces podríamos realizar un análisis sopesado, serio y equilibrado de los procesos históricos relacionados con la Revolución, no para juzgar desde la atalaya del presente, sino para comprenderlos y aprender de ellos.

Aquella manera de entender la historia ha registrado a menudo el desempeño de Fidel y del Movimiento 26 de Julio durante la insurrección contra la dictadura de Fulgencio Batista como la mera aplicación de una concepción preelaborada, en vez de analizarlo como un proceso en el cual, sobre la base de principios generales, se produjeron avances, giros y retrocesos tácticos, de acuerdo con distintas coyunturas y necesidades.

En ninguno de los documentos conocidos del exilio mexicano de Fidel y sus compañeros, tanto públicos como privados, se hallan referencias a la guerra de guerrillas como estrategia de lucha del Movimiento 26 de Julio. En cambio, abundan los fragmentos donde se explicita que la concepción estratégica de la organización consistía en la conjugación de un levantamiento insurreccional y una huelga general. Prácticamente recién llegado a México el líder de la organización, que estaba pensando ya en la preparación de un estallido,[3] no de una guerra larga, explicaba a los compañeros que habían quedado en Cuba el contenido del próximo manifiesto al pueblo: “lanzaremos ya las primeras consignas de insurrección y huelga general”.[4] En carta a la dirigente del Frente Cívico de Mujeres Martianas, Carmen Castro Porta, resumía esta concepción estratégica: “En dos renglones se sintetiza nuestra concepción sobre la única forma posible e incontrarrestable de derrocar la Dictadura. Insurrección armada, secundada por una huelga revolucionaria y un sabotaje completo de todos los medios de comunicación del país en el momento de la acción”.[5] Y en otra misiva, esta vez a Ángel Pérez Vidal, responsable de la agrupación Acción Cívica Cubana, de Nueva York, la ratificaba: “una estrategia completamente nueva que tiende a desatar una insurrección para que sea secundada de inmediato por una huelga general revolucionaria”.[6]

La estrategia del Movimiento representaba una novedad con respecto a la que habían estado aplicando otras organizaciones insurreccionales, pero no en el sentido de implicar desde el principio la creación de un ejército guerrillero rural que creciera paulatinamente, y fuera capaz de tomar el poder a través de la derrota militar del ejército de la dictadura, sino porque a diferencia de las conspiraciones castrenses, atentados y acciones putschistas en la capital que caracterizaban la actividad de los otros sectores insurreccionales, el 26 de Julio centraba su política en la participación protagónica del pueblo, en el desarrollo de operaciones armadas que junto al paro organizado de los trabajadores propiciaran un levantamiento insurreccional popular.[7]

Si “una revolución, a diferencia del putsch militar, es obra del pueblo”, la concepción de lucha de la organización le otorgaba un papel central en las tareas del estallido insurreccional que estaba fraguando: “preparar al país para la Revolución en grande sin posibilidades de fracaso; dar las consignas que en todas partes deben seguir las masas, cuando estalle como una tempestad la rebeldía nacional, para que los destacamentos de combate, bien armados y bien dirigidos y los cuadros juveniles de acción y agitación puedan ser secundados por los trabajadores de todo el país organizados desde abajo en células revolucionarias capaces de desatar la huelga general”.[8]

El Movimiento buscaba derrocar la dictadura con el esfuerzo de todos en una gran batalla: “todos tenemos algo que hacer en la gran batalla que se avecina, pues el esfuerzo de todos unidos liquidará a la tiranía. No haremos una insurrección de grupos como quisieran los agentes del gobierno, no; esto nuestro es una revolución de pueblo que convoca a la Insurrección y a la Huelga General”.[9]

Vista desde esta perspectiva, la consigna “en el año 1956 seremos libres o seremos mártires”[10] era una expresión literal, no figurada. Quería decir exactamente lo que decía, esto es, que en 1956 se desembarcaría en Cuba para producir una explosión insurreccional que intentaría el derrocamiento de la dictadura, aún a costa de la propia vida. Por eso en la Carta de México, el pacto firmado el 29 de agosto de 1956, la Federación Estudiantil Universitaria y el Movimiento 26 de Julio reiteraron como estrategia coincidente de lucha “la insurrección secundada por la huelga general en todo el país”, y consideraron “propicias las condiciones sociales y políticas del país, y los preparativos revolucionarios suficientemente adelantados para ofrecer al pueblo su liberación en 1956”.[11] O sea, creían que existían las condiciones en ese año, no para iniciar la batalla por la libertad, sino para obtenerla.

Antes de concluir 1956 Fidel debía desembarcar en Cuba al frente de una expedición armada, cuya intención no era emprender una guerra de guerrillas rural de largo aliento, que fuera avanzando progresivamente desde el campo hacia las ciudades, sino desatar acciones violentas, sabotajes, disturbios y huelgas en todo el territorio nacional, hasta conseguir el colapso de la dictadura. Esta estrategia insurreccional, básicamente urbana, buscaba paralizar el aparato represivo del régimen, y movilizar y armar al pueblo para la toma del poder.[12]

Fidel junto a Raúl y Juan Manuel Márquez mientras se preparaba lo que sería la expedición del Granma.

En el arsenal simbólico del Movimiento 26 de Julio algunas tradiciones de lucha tenían un peso específico relevante. La organización se reconocía en la herencia de las expediciones, tanto las mambisas como las realizadas y proyectadas durante la Revolución de los años 30, en el inicio de las Guerras de Independencia por la región oriental de la Isla, y en los levantamientos urbanos y tomas de cuarteles característicos del movimiento insurreccional contra la dictadura de Gerardo Machado.

La ausencia de un trabajo organizado de proselitismo entre el campesinado a nivel nacional antes de diciembre de 1956 es otro elemento de análisis que apunta a negar la posibilidad de la guerra de guerrillas como estrategia inicial del Movimiento, el cual ni siquiera contaba en su estructura funcional con un frente o sección dedicado a ese sector social, soporte fundamental de apoyo si se pretendía el comienzo de una lucha guerrillera. Tampoco se establecieron en la Sierra Maestra, en los meses previos al desembarco del Granma, bases y campamentos con provisiones, ni rutas seguras de abastecimientos, que habrían facilitado el inicio de la contienda armada en esa serranía. La guerra de guerrillas no fue preparada con antelación. La red de suministros a la guerrilla, tanto como la guerrilla misma, se fueron “improvisando sobre la marcha”, gracias al aparato clandestino del 26 de Julio y a los campesinos que Celia Sánchez había organizado con el objetivo de recibir la expedición.

Por otro lado, no estuvo prevista la realización del desembarco por algún punto de la costa sur de la Sierra Maestra, que hubiera garantizado el acceso rápido y seguro a ella para el establecimiento de un núcleo guerrillero, si ese hubiera sido el propósito primario. Por el contrario, la travesía tenía como destino Niquero, distante decenas de kilómetros de esa cordillera oriental, porque el objetivo del desembarco era incorporarse a la insurrección que debía desatarse en todo el país, o al menos en Oriente, el 30 de noviembre de 1956.

En un testimonio brindado en los primeros días de enero de 1959, Faustino Pérez explicaba el plan de Fidel al desembarcar el Granma: “Inicialmente pensó desembarcar en Niquero la madrugada del 30 de noviembre; Crescencio Pérez, con camiones y un centenar de hombres, esperaría por nosotros. Tomaríamos Niquero y saltaríamos sobre Manzanillo, a la par que en Santiago estallaba la rebelión. A partir de ese instante, comenzaría a funcionar un proyecto de agitación y sabotajes que culminaría en la huelga general”.[13] En líneas similares lo había expuesto el periodista Herbert Matthews cuando publicó la primera entrevista realizada a Fidel Castro en la Sierra Maestra.[14]

Lo que debió ponerse en práctica el 30 de noviembre de 1956 era un plan de levantamiento nacional, con acciones insurreccionales en casi todo el país, acompañadas de una huelga general, cuya intención era no solo distraer fuerzas para facilitar y apoyar el desembarco del contingente expedicionario, sino producir un estallido popular que derrocara la dictadura.[15]

Todas las evidencias señalaban, tal como lo mostró luego la realidad, y tal como le advirtió Frank País a Fidel en su último viaje a México, que no estaban creadas las condiciones para coronar con éxito un plan tan ambicioso: “Cuando hablamos por última vez en México te dije que no creía en la organización existente en Cuba, en el trabajo obrero realizado para la Huelga General, ni en la eficacia de los cuadros de acción, pues estaban indefensos, impreparados y sin acoplar”.[16] Aun así, el líder exiliado persistió en la idea de seguir adelante con su puesta en práctica, por el costo político que podía tener incumplir la promesa de ser libres o mártires en 1956:[17] De cualquier manera, el grado de organización alcanzado en Oriente podía garantizar al menos allí un nivel indispensable de apoyo, y el material bélico llevado en la expedición podía multiplicar rápidamente la cantidad de hombres en armas.[18]

Fidel en la Sierra Maestra

La relativa cercanía de la Sierra Maestra proveía, al igual que el 26 de julio de 1953, la alternativa segura en caso de fracaso del plan, para continuar desde allí el combate, ya con formato guerrillero.[19] La subida a la Sierra Maestra y el inicio de la lucha guerrillera fue la respuesta prevista ante la eventualidad de un revés, no el propósito inicial de la expedición:

(…) lo nuestro no fue un desembarco, fue un naufragio. En cuanto a la táctica a seguir y al hecho de tener que subir a la Sierra, se fue improvisando sobre la marcha. Como es sabido, teníamos que desembarcar coincidiendo con la huelga de Santiago de Cuba, pero una traición en México, primero, y el mal tiempo, después, retrasaron nuestra llegada y desbarataron nuestros planes. Pero teníamos que llegar a Cuba y llegamos y lo que nunca falló fue nuestra decisión; el ánimo de los hombres del “Granma” estaba dispuesto y preparado para hacer frente a toda eventualidad. Dadas las condiciones que le señalé, teníamos que ganar la Sierra, dominarla a través de sendas escarpadas, picos abruptos, montañas, valles y vegetación, teníamos que vencerla y la vencimos.[20]

Aunque vistas en su conjunto, las jornadas comprendidas entre el 30 de noviembre y el 5 de diciembre de 1956 pueden considerarse como una derrota, por no conseguirse los objetivos iniciales propuestos,[21] los beneficios políticos obtenidos de ellas compensaron los costos del fracaso militar.[22]

El heroísmo desplegado por los combatientes clandestinos el 30 de noviembre de 1956 y por los expedicionarios del yate Granma, agigantó la estatura del Movimiento 26 de Julio y su líder ante los ojos del pueblo. Ya Fidel tenía a su favor haber dirigido, sorprendiendo a todos, el primer hecho armado contra la dictadura de Batista, y ahora cumplía, contra todas las probabilidades, la promesa pública de desembarcar en Cuba en 1956. Esa conducta de firmeza y coherencia en sus compromisos, que se cumplían aun a riesgo de la vida, y en la cual los hechos acompañaban a las palabras; y la capacidad de aportar la acción revolucionaria movilizadora, con oportunidad, le atrajeron la simpatía y la confianza del pueblo, sobre todo de sectores juveniles que habían perdido la fe en los políticos tradicionales. El Movimiento demostró además una capacidad impresionante para reponerse y superar sus propios errores y fracasos en muy poco tiempo, a una velocidad impactante, y realizar los ajustes tácticos pertinentes.

Si bien no se pudo obtener la libertad en ese momento, lo verdaderamente importante es que se cumplió la promesa de intentarlo en 1956 y, por fortuna, para Fidel y varios de sus compañeros no se concretó la alternativa de martirio contenida en la consigna, y pudieron continuar el combate desde las montañas orientales.[23] Fue solo entonces cuando entendieron “la falsedad del esquema imaginado en cuanto a los brotes espontáneos de toda la Isla” y “que la lucha tendrá que ser larga y deberá contar con una gran participación campesina”.[24] Si Fidel buscaba un triunfo rápido en los primeros días de diciembre de 1956, fue en el transcurso de la guerra misma cuando se fue percatando de las potencialidades de la lucha guerrillera para la causa revolucionaria. Así se lo hizo saber a Frank País en julio de 1957:

Tan claramente veo eso hoy, que si me dieran a escoger entre una victoria los días del 30 de noviembre y nuestro desembarco, o la victoria un año después, yo preferiría sin vacilar la victoria que se está gestando a través de este formidable despertar de la nación cubana. Más todavía: considero que la caída del régimen dentro de una semana, sería mucho menos fructífera que la caída dentro de cuatro meses. Aquí en son de broma, suelo afirmarle a los compañeros que no queremos una Revolución sietemesina. El espíritu renovador, el ansia de superación colectiva, la conciencia de un destino superior, están en pleno auge, y pueden llegar incomparablemente más lejos.[25]

Para que Fidel nos siga siendo útil, para que siga acompañándonos y orientándonos en los actuales y futuros desafíos, es preciso estudiar su pensamiento y su praxis con rigor y profundidad, no idealizándolo como una especie de semidiós que lo tenía todo previsto y cuyos deseos determinaron el curso de los acontecimientos, sino como un dirigente revolucionario con extraordinarias cualidades y capacidades para reaccionar con éxito, prontitud y eficacia ante las más diversas coyunturas, para ajustar las tácticas en respuesta a realidades cambiantes y contradictorias, para sacar provecho incluso de las circunstancias más adversas, es decir, para convertir los reveses en victorias, combinando una inclaudicable firmeza en los principios con una gran flexibilidad táctica. Solo así podremos aprender de él y serle fiel.

Notas

[1] “En cierto momento tratamos, por ejemplo, de reeditar la invasión desde Oriente hasta Occidente, hasta que me percaté de que no era la estrategia correcta”. Katiuska Blanco Castiñeira: Fidel Castro Ruz: Guerrillero del Tiempo. Conversaciones con el líder histórico de la Revolución Cubana, 1era. parte, tomo II, Ediciones Abril, Ciudad de La Habana, 2011, p. 354.

[2] “Fue una decisión muy audaz. No voy a decir que correcta. (…) Si lo miro retrospectivamente y me pregunto si era necesario, puedo responder convencido que no era necesario ni imprescindible, no había que atenerse con todo rigor a tal compromiso para hacer la Revolución. (…) Aposté fuerte y puse una fecha precisa, algo peligroso que nos colocó en una posición muy comprometida. Con más experiencia no lanzaría la consigna, habría dejado una reserva de tiempo (…)”. Ibid., pp. 400, 425.

[3] “(…) no es todavía a mi entender la hora de la Revolución; toda la conmoción es artificial, el verdadero estallido hay que prepararlo con más calma y con más ciencia”. Carta de Fidel Castro a Melba Hernández y Haydée Santamaría, 2 de agosto de 1955, en Heberto Norman Acosta: La palabra empeñada, tomo 1, Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, La Habana, 2006, p. 194.

[4] Carta de Fidel Castro a la Dirección Nacional del Movimiento 26 de Julio, 2 de agosto de 1955. Fondo Fidel Castro Ruz. Archivo de la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado.

[5] Carta de Fidel Castro a Carmen Castro Porta, 17 de septiembre de 1955. Fondo Fidel Castro Ruz. Archivo OAHCE.

[6] Carta de Fidel Castro a Ángel Pérez Vidal, 19 de septiembre de 1955. Fondo Fidel Castro Ruz. Archivo OAHCE.

[7] “Quienes no vean los síntomas reveladores que muestran la huelga de los telegrafistas, la huelga bancaria, la masacre de trabajadores en el central “Washington”, etc., serán incapaces de entender el abc de esta estrategia revolucionaria, ni tampoco los que siguen con la espiroqueta putchista de tomar Columbia metida en la cabeza, como si una revolución en un Estado moderno pudiera resolverse en la acción de grupos civiles mal preparados y peor disciplinados y el resto del pueblo no contara para nada”. Carta de Fidel Castro a Carmen Castro Porta, 17 de septiembre de 1955. Fondo Fidel Castro Ruz. Archivo OAHCE.

[8] Manifiesto №2 del 26 de Julio al pueblo de Cuba, 10 de diciembre de 1955. Fondo Fidel Castro Ruz. Archivo OAHCE. Así se expresaba también en el editorial del primer número de Aldabonazo, órgano oficial del Movimiento 26 de Julio, correspondiente a mayo de 1956: “Esta estrategia sacó la Revolución de los pequeños círculos de combatientes y la colocó en manos del pueblo. (…) Las grandes zonas de población que durante varios años se han sentido desvinculadas de la lucha por la libertad, el 26 de Julio las incorpora a la Revolución con una estrategia de pueblo y una táctica insurreccional”. “Revolución, única salida”, en Aldabonazo, 15 de mayo de 1956, no. 1, p. 2

[9] “Año de Libertad: 1956”, en Aldabonazo, 25 de agosto de 1956, no. 2, p. 1.

[10] Pronunciada por primera vez por Fidel Castro en el acto de la emigración cubana celebrado en el hotel Palm Garden, de Nueva York, el 30 de octubre de 1955. Heberto Norman Acosta: Ob. cit., tomo 1, p. 317.

[11] “Alianza de Fidel Castro y la FEU, en México”, en Información, La Habana, 2 de septiembre de 1956, p. A-22.

[12] “Fidel Castro, héroe del Moncada, prisionero de Isla de Pinos, entrena a un grupo de expedicionarios que tiene como misión alcanzar las costas de Oriente, iniciar el incendio revolucionario de la provincia y separarla del resto de la Isla en un primer momento o avanzar inconteniblemente, de acuerdo con las condiciones objetivas, hasta la propia Habana, en una sucesión de victorias más o menos sangrientas”. Ernesto Guevara de la Serna: “El partido marxista-leninista”, en Orlando Borrego Díaz (comp.): Che en la Revolución Cubana, tomo I, Editorial José Martí, La Habana, 2013, p. 311.

[13] Faustino Pérez: “Yo vine en el “Granma””, en Bohemia, Edición de la Libertad, enero de 1959, p. 38.

[14] : “El plan consistía en desembarcar por Niquero, reclutar hombres, y ensayar un ataque contra el gobierno”. “Famoso corresponsal americano entrevista a Fidel Castro”, en Bohemia, 17 de marzo de 1957, no. 9, año 49, p. 62.

[15] “Antes del desembarco del Granma predominaba una mentalidad que hasta cierto punto pudiera llamarse subjetivista; confianza ciega en una rápida explosión popular, entusiasmo y fe en poder liquidar el poderío batistiano por un rápido alzamiento combinado con huelgas revolucionarias espontáneas y la subsiguiente caída del dictador”. Ernesto Guevara de la Serna: “Notas para el estudio de la ideología de la Revolución cubana”, en Orlando Borrego Díaz (comp.): Ob. cit., tomo I, p. 293.

[16] Carta de Frank País a Fidel Castro, 7 de julio de 1957, en José Bell Lara: Fase insurreccional de la Revolución Cubana, Editorial de Ciencias Sociales, Ciudad de La Habana, 2006, p. 117.

[17] “Nuestra máxima figura a pesar de peticiones nuestras de que prolongara un poco más la fecha de su llegada porque no habíamos podido situar todo lo mínimo necesario a todo el mundo, estimó que era más importante aprovechar la conmoción de este año y que si lo prolongábamos, perderíamos esta conmoción y no lograríamos ganar en organización y equipos”. Circular interna dirigida por Frank País a los responsables del Movimiento 26 de Julio, diciembre de 1956, en William Gálvez: Frank entre el sol y la montaña, 2da ed., Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2006, p. 321.

[18] Katiuska Blanco Castiñeira: Ob. cit., 1era. parte, tomo II, p. 417.

[19] “La operación Moncada fue el intento de tomar el poder de una cierta forma, fulminante. Apoderarnos del Regimiento y de sus armas, levantar la ciudad de Santiago de Cuba, lanzar la consigna de la huelga general en el país, y si en último caso no lo lográbamos, sencillamente marchar a la montaña con aquellas armas”. Palabras de Fidel Castro en conferencia de prensa con periodistas chilenos y extranjeros, 1972, en Vania Bambirra: La Revolución Cubana, una reinterpretación, 2da ed., Editorial Nuestro Tiempo, México DF, 1974, p. 27.

[20] “Ahora empieza, dice Raúl Castro, la Revolución”, en Información, La Habana, 17 de enero de 1959, p. A-15.

[21] “Los hechos del 30 en que palpamos la realidad de las circunstancias temidas, dejaron muy maltrecha nuestra organización, desorientada y casi fuera de combate.” Carta de Frank País a Fidel Castro, 7 de julio de 1957, en José Bell Lara: Ob. cit., p. 117. “Después del desembarco viene la derrota, la destrucción casi total de las fuerzas, su reagrupamiento e integración como guerrilla”. Ernesto Guevara de la Serna: “Notas para el estudio de la ideología de la Revolución cubana”, en Orlando Borrego Díaz (comp.): Ob. cit., tomo I, p. 293. “La realidad golpeó sobre nosotros; no estaban dadas todas las condiciones subjetivas necesarias para que aquel intento cristalizara, no se habían seguido todas las reglas de la guerra revolucionaria que después aprenderíamos con nuestra sangre y la sangre de nuestros hermanos en dos años de dura lucha”. Ernesto Guevara de la Serna: “El partido marxista-leninista”, en Orlando Borrego Díaz (comp.): Ob. cit., tomo I, p. 311.

[22] “La falta de una verdadera unidad, de un verdadero y más acabado trabajo revolucionario, la falta de recursos y de medios bélicos, hizo que el brote insurreccional del 30 de Noviembre no tuviera el empuje necesario como para derrocar el régimen. Esta experiencia nos ha costado un saldo doloroso de mártires, pero ganamos en madurez, en conciencia revolucionaria y nos demostró lo ineficaz de muchos de nuestros procedimientos y de muchos de nuestros líderes”. Circular interna dirigida por Frank País a los compañeros responsables del Movimiento 26 de Julio, 17 de mayo de 1957, en William Gálvez Rodríguez: Ob. cit., p. 386.

[23] “Tu espíritu indomable y el de tus compañeros que perseveraron obstinadamente aún en las condiciones más duras y difíciles, que supieron imponerse a la adversidad en las situaciones más desesperadas hicieron el milagro que nunca hubiéramos podido lograr todos nosotros aún con nuestro esfuerzo más desesperado y nuestra convicción más firme”. Carta de Frank País a Fidel Castro, 7 de julio de 1957, en José Bell Lara: Ob. cit., p. 117. “Fuimos derrotados y allí comenzó la más importante historia de nuestro movimiento. Allí se mostró su verdadera fuerza, su verdadero mérito histórico; nos dimos cuenta de los errores tácticos cometidos y de que faltaban algunos factores subjetivos importantes; el pueblo tenía conciencia de la necesidad de un cambio, faltaba la certeza de su posibilidad.” Ernesto Guevara de la Serna: “El partido marxista-leninista”, en Orlando Borrego Díaz (comp.): Ob. cit., tomo I, p. 311.

[24] Ernesto Guevara de la Serna: “Notas para el estudio de la ideología de la Revolución cubana”, en Orlando Borrego Díaz (comp.): Ob. cit., tomo I, p. 293.

[25] Carta de Fidel Castro a Frank País, 21 de julio de 1957. Fondo Fidel Castro Ruz. Archivo OAHCE.