La gente no es parte de un modelo de país inclusivo como se pregonaba

Entrevista a Arturo “Tino” Martínez

Por: Fernando Luis Rojas López

Roberto “Tino” Martínez es un joven docente en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires (UBA) que se ha especializado en la defensa de los derechos humanos y el procesamiento de causas por crímenes de lesa humanidad dentro del Colectivo Nacional de Abogados “Mario Bosch”. “Tino” se vinculó a la militancia “orgánica” a los 22 años en un comité de base del Frente Amplio uruguayo en Buenos Aires. A partir de ese momento transitó por la agrupación estudiantil Venceremos, el Movimiento Universitario Sur, Barrios de Pie, entre otras.

FLR: Me llama la atención que tu primera experiencia de militancia orgánica, aunque en la propia argentina, estuviera vinculada a una organización con arraigo uruguayo. ¿Por qué? ¿Casualidad? ¿Alguna lectura de carácter continental que rebasara el espacio nacional? ¿Ausencia de un referente en Argentina?

Tino Martínez: Comencé la militancia en el Frente Amplio por diversas razones, la primera de ellas es que mi madre es uruguaya y siempre estuve vinculado a Uruguay, desde la infancia conozco ese pueblo, su gente y su historia, con el tiempo también me nacionalicé uruguayo. Luego, elegir el camino de militancia orgánica con todos sus sacrificios, cuyos resultados más visibles se producirían en otro país diferente al cual vivo diariamente, sólo podía tener explicación en los postulados del guevarismo, y la identidad de Nuestra América. La militancia en el Río de la Plata, y con compañeros en el caso del Comité de Base al que pertenecía, que tenían el doble o triple de edad que tenía en ese momento, me permitió entender la realidad de esta parte del Río de la Plata. Así que en definitiva se convirtió en una militancia necesaria.

FLR: Vinculas tu militancia en la etapa universitaria con ciertas banderas de la “izquierda nacional” y mencionas al Che Guevara y Evita Perón. En ocasiones creo que se ha intentado desnaturalizar la condición “de argentino” del Che… ¿Coincides con esta percepción? ¿Tiene alguna relación con el esfuerzo por recuperarlo en aquellos momentos?

Tino Martínez: Sí, estoy de acuerdo con esa percepción, la condición de argentino del Che permite que, dentro de la militancia universitaria, muchos jóvenes se identifiquen con él y con su pensamiento. En definitiva, acercarse al Che por argentino, luego será acercarse al Che por latinoamericano, por su pertenencia a los países que se “encuentran al sur del Río Bravo” conforme lo que el mismo Che sentía.

Los medios masivos de comunicación, la derecha y la izquierda miope, coinciden en criticarlo en definitiva porque se les salió del molde. Un revolucionario que no generaba divisiones en el campo popular, ni por nacionalidad ni por afinidad política partidaria; que estaba llevando adelante un pormenorizado análisis teórico y práctica concreta y revolucionaria en varios aspectos. Es incómodo para la izquierda que intenta adaptar la realidad a sus libros y no al revés y también para la derecha dueña de los medios de comunicación que responden a los intereses de la clase dominante. No quieren un guerrillero argentino, un latinoamericano y revolucionario, porque la referencia, la sola referencia a la pertenencia del Che a los países oprimidos, desde una figura de fama internacional que triunfó en la lucha emancipadora, y que nació en La Higuera con ese mismo destino, es muy peligrosa.

El kirchnerismo se procuró enmarcarlo en un cuadro y colgarlo en una pared de la casa rosada (la casa de gobierno), tener a mano el símbolo, para que jamás entren en esa casa las ideas revolucionarias del Che Guevara. El gobierno actual lo primero que hizo fue descolgar ese cuadro, justamente porque todavía la derecha siente, solamente con ver su imagen, la derrota de su clase en Cuba en 1959 y la amenaza constante de la derrota de sus ideas cuando un hombre se identifica con su pueblo, se prepara, estudia, se compromete y dedica su vida a luchar contra el hambre, la opresión y la explotación del hombre por el hombre.

FLR: En la actualidad estás colaborando con las querellas a los responsables del terrorismo de Estado entre 1976 y 1983 en Argentina. ¿Cuáles son los obstáculos que enfrentas y cuánto tienen que ver con la persistencia –a pesar de la llamada democracia– de algunos rezagos de la época de las dictaduras?

Tino Martínez: Puedo mencionarte, dentro de mi modesto aporte en las causas de lesa humanidad, que existen obstáculos diversos. Algunos tienen que ver directamente con los rezagos de la dictadura y otros no tanto pero se relacionan. Hoy en día las trabas al juzgamiento de los responsables, partícipes y colaboradores del terrorismo de Estado –pertenezcan a las fuerzas armadas o no– tienen que ver principalmente con el rol que está desempeñando parte del poder judicial. El poder judicial se acomoda siempre según el signo político que gobierne el país, ahora que la “derecha declarada” llegó al gobierno, los jueces frenan los procesos, emiten sentencias inéditas, hasta contrarias a los principios procesales, para frenar los juicios que se están llevando a cabo. Esto va de la mano con el vaciamiento en las áreas de derechos humanos que el gobierno macrista está llevando a cabo (despidos masivos de personal, desmantelamiento de áreas estatales, clausura de programas de Verdad y Justicia, entre otros).

Pero también tiene que ver con que el avance que tienen las causas judiciales –gracias a las organizaciones de derechos humanos– es siempre de un impulso permanente; y desde la época de la dictadura en adelante las estrategias del pueblo, de los abogados y de las organizaciones de derechos humanos se dieron prácticas concretas para eliminar los obstáculos que impone el sistema político y el sistema judicial. Por ejemplo, ahora valiosos compañeros abogados y las organizaciones de derechos humanos están llevando causas donde se juzga el papel de los jueces y fiscales durante la dictadura militar. También otras donde los acusados son los empresarios que se beneficiaron, que promovieron o que fueron coautores de los crímenes del terrorismo de Estado.

La Tiza: ¿Después del ascenso al poder de Macri se ha dificultado este proceso; o venía cargado de trabas desde la época anterior?

Tino Martínez: En esta etapa del gobierno de Macri, sí se ha dificultado el proceso de juzgamiento, ya sea por la negación oficial de lo sucedido, de la puesta en duda permanente de la cantidad de desaparecidos o de la voluntad clara que tiene el gobierno de llevar adelante los reclamos de los genocidas. A su vez, se dificulta obstaculizando causas judiciales o generando un discurso benevolente sobre los genocidas, entre muchas otras cuestiones que lleva adelante el gobierno de la burguesía en el poder.

Pero debo decir que sí, que durante el gobierno anterior no existió voluntad política para superar los obstáculos en el pleno juzgamiento. En ese sentido no se escucharon los reclamos que parte de los movimientos de derechos humanos le manifestaban al autodenominado “gobierno de los derechos humanos”. Hay una definición que me parece muy descriptiva, la realiza un reconocido compañero, el Dr. Juan Carlos Wlasic, que denominó a la etapa anterior (durante el gobierno kirchnerista) como etapa de “impunidad técnica”; donde la impunidad pasa por no realizar las modificaciones legales y políticas que se necesitaban para romper con la estrategia de los genocidas para demorar, limitar o impedir el juzgamiento de los responsables del terrorismo de Estado.

En ese marco el kirchnerismo, a pesar de haber tenido la voluntad política (necesaria o no para construir su propia legitimidad como gobierno naciente) de llevar adelante los reclamos de las organizaciones de los derechos humanos y juzgar a los responsables, vio mermada esta voluntad a lo largo de los años y por ejemplo, jamás se promulgó una ley o un conjunto de normas que aceleren los procesos judiciales. El 1ro de marzo de 2008 la ex presidenta Cristina Fernández expresó su negativa de impulsar leyes que ordenaran los procesos judiciales y se acelerara el juzgamiento a los responsables del terrorismo de Estado. No puede quedar sólo en manos del poder judicial el andamiaje desde donde se busca la verdad y la justicia, menos con las características de nuestro poder judicial; es decir, debe realizar un aporte tanto el poder legislativo como el poder ejecutivo en ese sentido.

Todas estas posturas políticas del kirchnerismo –o como lo llamo, el “peronismo millonario”– se expresaron sobre todo desde el año 2008 cuando no se impulsó el juzgamiento, cuando quedó en manos de las organizaciones de derechos humanos la presión judicial y política para que se esclarezca el caso de Julio López –compañero desaparecido en democracia tras haber declarado en juicio como testigo contra uno de los genocidas–, más toda una serie de carencias y contradicciones discursivas y de acción política concreta. Todas estas posturas no sólo son la base de impunidad del gobierno actual sino que además se genera una lucha contra lo que no se hizo y se podía hacer y contra lo que jamás durante este gobierno se podrá hacer. Habiendo el “peronismo millonario” tenido la capacidad política de generar un blindaje y un avance en el juzgamiento a los responsables, lo que le faltó fue voluntad política efectiva. Lamentablemente esta característica imprimió todo su legado y las consecuencias no son solamente en las causas de lesa humanidad.

FLR: Tengo la percepción –que puede ser infundada– que durante los Kirschner hubo un reflujo de la movilización popular. ¿Es así? ¿En qué medida ello preparó el terreno para el ascenso al poder de Macri?

Tino Martínez: Tal como comprendo tu pregunta puede ser certero que haya existido un reflujo de la movilización popular, sobre todo desde el fallecimiento de Néstor Kirchner. Me refiero a que hubo un impulso a partir de aquella muerte, que provocó que buena parte de la juventud decida entrar a las filas del kirchnerismo y mantener una militancia con las características propias de una construcción política partidaria desde el poder gobernante, lo que luego contribuyó a los resultados electorales de este último año. Durante la época de la crisis del 2001 existían algunas organizaciones políticas y sociales que luego se suman al oficialismo kirchnerista, pero no todas lo hicieron. Es importante aclarar que nadie era kirchnerista en el 2001 o en la década del noventa porque el kirchnerismo como tal, no solo no existía, sino que sus referentes eran oficialistas. Es decir, el “peronismo millonario” existía dentro del declarado peronismo neoliberal, por más que algún que otro discurso perdido de época quiera probar lo contrario.

Lo cierto es que las masas de jóvenes se suman al peronismo kirchnerista, y su política se vio sustentada por una gran cantidad de jóvenes y de sectores del campo popular sólo a partir de verse entusiasmada e identificada con los discursos oficiales y algunas políticas que se tomaron, que hasta ese entonces eran sostenidas y reclamadas por el campo popular y no se habían llevado adelante.

Pero políticamente el “peronismo millonario” se alejó de la transversalidad que pregonaba y se aferró con fuerza al partido justicialista, a “los barones del conurbano” y a los “gobernadores feudales” de las provincias de Argentina. Todos ellos sólo querían y quieren una cosa: perpetuarse en el poder. Jamás en toda la historia argentina ese conjunto de actores políticos quiso otra cosa que no sea perpetuarse en el poder. Aquí el pueblo no es protagonista de un cambio social y político, no es parte de un modelo de país inclusivo como se pregonaba; el pueblo solo vale como voto en las elecciones y pensaban que ese pueblo podía seguir la promesa siempre incumplida de tener un modelo de país más humano e inclusivo, el famoso “capitalismo humano”.

Mientras hubo consumo, la ilusión de la inclusión era tan sólo ese sentimiento falso que genera consumir. El consumo de productos que ofrece el “capitalismo humano” genera la ilusión que con aquel acto materialista se está ayudando –a través de la “redistribución de la riqueza” — al prójimo, al que todavía no puede consumir. Al cabo de un tiempo, cuando la economía capitalista muestra sus leyes elementales, la crisis desnuda el discurso oficial y todo lo que se consumió terminó por mostrar el egoísmo y la mentira generada desde el gobierno, que derivó en gran cantidad de pobres e indigentes que obviamente en toda la década no pudo, ¡ni siquiera pudo!, satisfacer sus necesidades básicas. En el camino quedaron los restos cadavéricos de las promesas de redistribución de la riqueza, de la inclusión, del avance social y de la educación altamente tecnológica. El macrismo solo tuvo que señalar los cadáveres que se encontraban por el camino y ante un paisaje tan tétrico y de terror, fue bendecido por un gobierno de millonarios que le allanó todo el camino para que llegara al poder.

No creo que los análisis más certeros puedan olvidar el papel del discurso del “peronismo millonario” y la realidad cotidiana de la gente, tampoco creo que sean tan protagonistas los escándalos de corrupción que todavía envuelven al kirchnerismo. Si bien los medios hegemónicos de comunicación contribuyen en buena medida al estado de ánimo popular e influyen en la toma de sus decisiones, nadie hizo tanto como el kirchnerismo para que gane el macrismo.

Tampoco se trata solamente de promesas incumplidas o de lo que le ocurre a todos los gobiernos que atraviesan crisis económicas, donde baja el consumo y los salarios no generan la capacidad de sobrellevar todas las heridas que produce el capitalismo; no podemos olvidar los puntos de contacto que tienen los países de nuestra América y sus realidades políticas. Poco de lo que hizo el kirchnerismo a nivel local fue en el sentido de generar una base, de blindar un estado de situación que genere una barricada contra las políticas del gobierno que ya sabían bien que vendría.

Cuando luego de más de una década de poder gubernamental en un país, luego de una década de discurso de derechos humanos, luego de una década de discursos de inclusión, luego de una década de que los bancos y las grandes empresas “se la llevaran en pala” como dijo Cristina Kirchner haciendo gala de los beneficios del capitalismo humano, que promete inclusión y posibilidad de consumir de los sectores más pobres, si luego de una década de estas características, donde la promesa era “profundizar”, era “vamos por todo”; si luego de todo esto, tu candidato a presidente es un empresario millonario, que venía del menemismo igual que el kirchnerismo y que como gobernador generó miseria y pobreza en una de las provincias “más ricas” de la argentina como es Buenos Aires, entonces eso sólo habla de tu incapacidad política de generar renovación de la dirigencia en el supuesto “modelo inclusivo”, o de tu realidad y pertenencia de clase que necesitaba que algún buen representante de la derecha gobierne durante cuatro años. Y ese pudo ser el candidato kirchnerista Scioli o Macri, al kirchnerismo le dio igual.

Es más, su organización política con más fama, “La Campora”, durante toda una época no militó la campaña de su propio candidato. Ese combo de incapacidad o sinceramiento de clase, entre otras cosas, provocó que hoy la derecha más retrograda esté en el poder. Y así como el “peronismo millonario” fue “posibilista” en el poder, bajo la excusa de hacemos lo que podemos, que más no se puede, ahora que son oposición solo luchan bajo la misma excusa, cuando y como se puede, sin descuidar otros intereses.

FLR: Sin embargo, parece perceptible que –independientemente de los errores del kirchnerismo– el gobierno de Macri se ha orientado en desmontar incluso lo que se hizo en ese período. Y el caso de la política exterior, al menos para mí, es el más evidente: ahí están la posición ante la visita de Obama, la actitud frente a Venezuela y Bolivia en el MERCOSUR, la política hacia Cuba.

Tino Martínez: Sí, coincido. Es que justamente al ser un gobierno peronista, podemos volver a decir que no es lo mismo el peronismo puertas adentro que puertas afuera. La política internacional del kirchnerismo superó las expectativas de muchos y fue un eslabón más de protección ante ciertas agresiones del imperio. Coincido en la visión positiva de la política exterior de esta clase de peronismo, millonario o no, ciertos intereses se vieron protegidos y beneficiaron a Latinoamérica como expresión geopolítica de poder.

La política hacia Cuba no fue para nada extraordinaria, según como lo veo, menos aún con las posibilidades que se tuvieron. Pero sí es cierto que Argentina en la época kirchnerista generó lazos con los países hermanos que ayudaban a construir otra realidad, bajo la vanguardia de Chávez o de Evo Morales, quienes en última instancia tuvieron o tienen una visión más clara del camino que debe recorrer Nuestra América. El macrismo, conforme sus ideas de clase, debe desmontar todo lo que sospeche que pueda perjudicarlo, o debe desmontar todo lo que sospeche tenga cierto aroma progresista. El macrismo, su gobierno, un conjunto de empresarios que muestran incapacidad de administración y perversidad, tienen claros sus intereses de clase y arrasan con todo lo que en algún momento, tan solo idealmente, se interpretó como de izquierda o progresista aunque en realidad no lo fuera.

FLR: Entonces “Tino”, ¿no existe una perspectiva favorable a una izquierda argentina que logre articularse con las bases populares, generar apoyo electoral y presentarse desde una posición unitaria?

Tino Martínez: En mi opinión, todas estas interpretaciones y opiniones que te he vertido, me llevan a concluir que la izquierda argentina todavía no se plantea una unidad de acción, no se plantea una real vocación de poder, ni generar frentes de izquierda que puedan llevar adelante un proceso político. Todo lo contrario, las divisiones en la izquierda argentina, que no se superan históricamente, generan la posibilidad de profundizar esta crisis de representación en la sociedad argentina y atento a que cada partido, cada organización, concibe la lucha política de diferente forma, solo genera una ilusión electoral que se desvanece al corto tiempo.

Ahora que la derecha recalcitrante gobierna el país, las organizaciones de izquierda o progresistas mantienen para sí la única verdad revelada de cómo ganarle a la derecha, es decir, donde debe haber unión se ve diferencia; donde debe haber lucha, donde se debe tomar la calle, se ven intereses mezquinos; donde deben haber acuerdos parlamentarios, se ven intereses político-partidarios. Entonces, muchas organizaciones luchan, toman espacios, debaten, se enfrentan, pero solo con las agrupaciones de izquierda “amigas”; luego las otras organizaciones tienen el interés de que se las vea como las únicas que enfrentan al poder represor del macrismo, y reclaman protagonismo. Y estos problemas surgen en las luchas, en sus modos. Mucho más difícil es que las agrupaciones se sienten a pensar coherentemente desde la necesidad del pueblo una alternativa de gobierno. Insisto en que en esa alternativa pueden pensar los elementos más lúcidos y comprometidos que integraban el kirchnerismo y todo el arco político de izquierda, pero la realidad política argentina está lejos de querer depurar las organizaciones y resurgir con sus mejores cuadros como una alternativa de izquierda, para recorrer el arduo camino hacia el socialismo.