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La política industrial

Por Luis Emilio Aybar

Segunda parte del trabajo «Lo más puro de mis esperanzas de constructor». Concepción y práctica del desarrollo económico en el Che Guevara.

Un criterio importante para analizar el uso de las riquezas generadas por los trabajadores y trabajadoras, es aquel donde se define cuánto de ellas se realiza en la satisfacción de necesidades directas e inmediatas de la población, y cuánto en el ahorro y la inversión para generar nuevas capacidades que permitan incrementar y diversificar la producción. En los primeros años de la Revolución este balance, conocido como la proporción entre acumulación y consumo, se fue estableciendo cada vez más por el Estado en función de las metas de desarrollo social adoptadas, y cada vez menos por el mercado y la pulsión de lucro de los capitalistas.

La naciente revolución lanza su estrategia de desarrollo económico a partir de cuatro objetivos estrechamente relacionados: diversificación agrícola mediante la Reforma Agraria, industrialización como complemento lógico de la Reforma Agraria, eliminación del desempleo y diversificación del comercio exterior.

Esta estrategia, sumada al déficit de divisas heredado de la dictadura, requería un control gubernamental sobre el fondo de acumulación,[1] lo cual se fue desarrollando mediante el estímulo al consumo de productos nacionales, el control de los incrementos salariales, la protección de la moneda nacional, la regulación de las importaciones, entre otros mecanismos.

Todo ello implicó establecer pactos sucesivos entre el gobierno revolucionario y la clase obrera, ante un movimiento sindical que encontraba un estímulo adicional, después del triunfo de enero, para impulsar sus reivindicaciones. La vanguardia política de la Revolución desarrolló su prédica en dos direcciones: 1) convencer acerca de los efectos negativos que acarrearía, debido a la situación de la economía, dar respuesta a las demandas de incremento salarial; y 2) conectar a la clase trabajadora con las metas de desarrollo económico a mediano y largo plazo, destinadas a conseguir lo que Fidel llamó «el pan para todos, todos los días».[2]

La industrialización, proceso que requería movilizar una gran cantidad de recursos del país, estaba relacionada entonces con la posibilidad de obtener un bienestar duradero para el pueblo de Cuba. En noviembre del año 1959, durante el X Congreso Nacional Obrero, el movimiento sindical oficializa un descuento del cuatro por ciento en el salario de todos los trabajadores, el que se venía realizando de forma voluntaria, como aporte a la industrialización del país.[3] Durante el año 1959 y hasta la segunda mitad de 1960, la estrategia contempla la participación de los privados (quienes aún poseían la mayor parte de la industria) pero su actuación sería regulada desde prioridades establecidas por el Estado, quien además debía invertir y administrar directamente las industrias que se crearan en sectores estratégicos.[4] Este enfoque sufrió un cambio radical en la segunda mitad del año 1960 con la nacionalización de todas las propiedades norteamericanas, de todos los bancos (excepto los canadienses) y de 382 grandes empresas, incluyendo los centrales azucareros.[5]

En vísperas de la creación del Ministerio de Industrias, en febrero de 1961, ya han sido perfiladas las características fundamentales de un nuevo patrón de industrialización: protección de la economía nacional, nacionalización de la industria, apuesta por un desarrollo endógeno, planificación estratégica, compromiso con la clase trabajadora y administración a cargo del Estado. En síntesis: una sociedad que recupera sus riquezas, destina una parte de ellas a transformar su estructura productiva, y deposita la gestión en un Estado controlado por las fuerzas revolucionarias.

La imagen de la industrialización

Desde un inicio se asoció industrialización con Reforma Agraria en la estrategia económica, como parte de un enfoque ya bastante extendido en las teorías de desarrollo al uso. Fidel lo explica de esta manera:

«[…] Efectivamente, nosotros en Cuba confrontamos ese problema y sabemos que los 700.000 desempleados de allá no hay manera de ocuparlos, la solución única que tiene el problema es sencillamente establecer industrias… las industrias que se establezcan para el mercado interno, porque no hay industria que prospera si no tiene quien le compre, […] por eso nosotros la solución del problema de Cuba la hemos basado en dos principios: Reforma Agraria y desarrollo industrial, porque si los campesinos de nuestra patria no perciben ingresos, la industria ¿a quién le va a vender?» [6]

Mismo enfoque se encuentra en la Resolución №94 del 21 de noviembre de 1959, que oficializa la creación del Departamento de Industrialización del Instituto Nacional de Reforma Agraria, el cual venía funcionando como tal hacía dos meses.

La actividad del Departamento fue más allá de la mera industrialización de los productos agrícolas. Desde su surgimiento destinó esfuerzos al estudio de posibles líneas de desarrollo industrial para Cuba como campo en sí mismo. En general, se buscaba que la industrialización contribuyera a transformar a mediano y largo plazo las proporciones de la economía: una mayor presencia de la producción de medios de producción, en comparación con la producción de bienes de consumo; un mejor balance entre la importación y la exportación y entre las actividades agrícola, industrial y de servicios; una distribución más pareja del dinamismo económico a lo largo del territorio nacional.

En un recorrido por discursos e intervenciones del Che durante los años 1959, 1960 y hasta el 1961,[7] así como en decisiones económicas adoptadas en este período, se evidencia un énfasis en la sustitución de importaciones. Se buscaba que el país lograra autoabastecerse en una amplia gama de productos terminados como forma de ahorro, mientras la obtención de divisas continuaba a cargo de los sectores exportadores tradicionales. Solo se contemplaba la exportación en el resto de las actividades industriales después de alcanzar una capacidad productiva que abarcara el mercado nacional. [8]

En el campo de las líneas de desarrollo industrial, se evoluciona de una selección de industrias básicas afincadas en recursos y capacidades presentes en el país, hacia una selección donde estas últimas son combinadas con actividades de vanguardia, basadas exclusivamente en el aprendizaje técnico y la inversión, lo que se conoce en la jerga económica como la relación entre ventajas comparativas y ventajas adquiridas. En el artículo Rumbos de la industrialización,[9] escrito entre finales de 1959 y principios de 1960, Che define seis líneas básicas a partir de los estudios y análisis realizados hasta ese momento: 1) energía y combustible; 2) industria siderúrgica y metalúrgica; 3) industria de la caña y sus derivados; 4) industria química; 5) plan de desarrollo minero; 6) industria de productos agropecuarios.[10] En ellas se partía de posibilidades existentes en el país para su despliegue, y también se apostaba a procesos de ampliación e innovación que contribuyeran a formar una base industrial sólida.

Es destacable la búsqueda de integración productiva que desde el principio orientó las proyecciones elaboradas por el Che y sus colaboradores: creación de la base energética y siderúrgica, encadenamientos entre los derivados de la caña y la actividad agropecuaria, entre el níquel y los derivados de la caña con la industria química, aprovechamiento integral de los productos agrícolas y de los recursos minerales, etcétera.

Con el avance de los estudios realizados en estos años acerca de las tendencias de la industria moderna, las líneas de desarrollo presentadas son reformuladas, y a principios de 1962 aparecen reducidas y enriquecidas con nuevos campos: 1) Metalurgia, 2) Sucroquímica, 3) Construcción naval y 4) Electrónica.[11] Las dos primeras provienen de las líneas anteriores, y tienen una base en recursos y capacidades existentes en el país. Las dos últimas tienen muy poco o ningún antecedente en la economía cubana, y con ellas se busca alcanzar un desarrollo industrial de avanzada en el mediano y el largo plazo.

En conclusión, a finales 1961 ya está perfilada la imagen de una industria endógena, integrada, exportadora y moderna como horizonte para Cuba.

Las condiciones iniciales

Estas son las proyecciones, que no necesariamente se corresponden con la política industrial concretada. Entre las primeras definiciones que se debían alcanzar estaba lo concerniente al ritmo del proceso de industrialización, tomando en cuenta el conjunto de factores sociales que intervenían. La posibilidad de adoptar un ritmo acelerado de crecimiento tecnológico fue postergada ante la meta de superar el desempleo en el año 1962. Esto se expresó en tres directrices fundamentales: 1) consentir en incorporar al sector estatal pequeñas fábricas abandonadas o malversadas por los dueños capitalistas, que eran ineficientes y tecnológicamente atrasadas pero daban empleo; 2) postergar la mecanización de determinadas industrias cuando no estuvieran dadas las condiciones para realizarla sin afectar el empleo; 3) privilegiar, en la política de sustitución de importaciones, la compra de fábricas de tecnología simple, que requerían inversiones de poca concentración de capital y por tanto permitían emplear más personas con menos dinero. En la definición de su ubicación territorial se procuró dar respuesta a los lugares más afectados por la desocupación.[12]

Así, el trabajo realizado hasta 1962 en aras de un desarrollo industrial avanzado se concentró en lo fundamental en generar las condiciones para su posterior despegue. Esto se tradujo en investigar al unísono las potencialidades económicas del país y las principales tendencias de la industria moderna, en relación con las posibles líneas de desarrollo futuro. También se dieron pasos para crear la base energética, mecánica y metalúrgica que requiere la formación de un sistema industrial sólido.

La tarea más urgente era mantener e incrementar la producción, ante la demanda creciente de un país que bullía. Se trabajó por mantener la capacidad de producción instalada, recuperarla donde se hubiera perdido, y optimizar su uso. Cuando no era posible incrementar la producción con medidas racionalizadoras, se invertía en nuevas capacidades en las fábricas existentes. Mientras, entre 1960 y 1961 se gestionó la compra de nuevos equipamientos y nuevas plantas a los países socialistas, para ampliar la capacidad de producción en aquellas actividades prioritarias donde las medidas ya citadas no alcanzaban para responder a la demanda (caso de los sectores energético, textil, y de materiales de la construcción, por ejemplo), y también para ahorrar divisas en rubros que en ese momento dependían exclusivamente de las importaciones.

Un esfuerzo destacable se realizó para recuperar la producción de níquel, una actividad importantísima por su contribución a las exportaciones, y por el papel que podía jugar en el desarrollo industrial futuro. Se logró mantener en producción la fábrica de Nicaro, «Rene Ramos Latour», nacionalizada al gobierno norteamericano; pero la principal proeza fue echar a andar la planta de Moa, renombrada «Pedro Soto Alba». En el momento en que fue expropiada a la empresa norteamericana Texas Sulphur Co., estaba aún en construcción. Por su tecnología de punta, los técnicos norteamericanos afirmaron que los cubanos no serían capaces de terminarla y hacerla funcionar. Sin embargo, se obtuvo el éxito en un esfuerzo mancomunado de técnicos cubanos y soviéticos con el minucioso acompañamiento del Che desde la dirección ministerial.[13]

Todo esto se hacía al mismo tiempo que se creaba una nueva organización económica, imprescindible en un sistema industrial que había sido totalmente reconfigurado en el año 1960. El período 1960–1962 vivió el surgimiento de las Empresas Consolidadas,[14] el Sistema Presupuestario de Financiamiento, los Consejos Técnicos Asesores,[15] los Comités de Industrias Locales (CILOS),[16] los sistemas de capacitación de la fuerza laboral, y se le dio un fuerte impulso a la formación de un sistema contable y estadístico común a todas las empresas. Un gran esfuerzo organizativo requirió también establecer todas las estructuras de funcionamiento del Ministerio de Industrias, creado en febrero de 1961, y pautar el conjunto de sus relaciones con las empresas a su cargo. Tengamos en cuenta que estas alcanzaban un número de 48, integraban 1.500 establecimientos fabriles (incluidos todos los centrales azucareros), abarcaban el 70 por ciento de la producción industrial del país, y empleaban a 260.000 trabajadores aproximadamente.[17] Estaban a cargo de actividades como la producción de electricidad, la refinación del petróleo, la metalurgia ferrosa, la metalurgia no ferrosa, la minería, la industria química, la producción de papel, azúcar, madera artificial, fertilizantes, sal, cemento, cerámica, harina, bebidas, tabacos, cosméticos, medicinas, goma, plástico, vidrios, pinturas, fósforo, ropa, calzado, entre otras.[18] La organización social del sector industrial debía ser de tal tipo que propiciara actitudes y valores socialistas y al mismo tiempo ofreciera la eficiencia y la eficacia necesarias para cumplir la política industrial.

Los obstáculos

Partiendo de esta sistematización de las tareas planteadas hasta 1962: superación del desempleo, recuperación y ampliación de fábricas existentes, incremento de la producción, instalación de nuevas plantas, sustitución de importaciones, preparación para metas superiores; podemos preguntarnos ¿qué dificultades se enfrentaron para llevarlas adelante?

En primer lugar, la escasez de técnicos y la gran inexperiencia de casi todos los dirigentes. Los datos que aporta Sáenz son aplastantes. De 2.700 técnicos industriales del país (cifra ya de por sí escasa), la mayoría ingenieros civiles, solo se quedaron 700. El resto emigró, entre ellos los de más alto nivel.

El personal dirigente, por su parte, tenía un nivel escolar muy bajo. Un dato ilustrador: en 1963 se dictó una disposición que ordenaba que en un año todos los administradores de fábricas debían tener como mínimo el sexto grado. De los cuatro viceministros, solo uno era universitario, y de todos los directores de empresas, solo tres. Otro factor limitante era el ambiente de lucha de clases que vivía el país, con sabotajes a la producción y planes conspirativos de la contrarrevolución, lo cual impedía designar directivos que no fueran confiables políticamente, aunque tuvieran un alto nivel escolar.

En segundo lugar, el bloqueo norteamericano, establecido entre 1960 y 1961. Toda la industria cubana, hasta ese momento, fue montada sobre la base de un mercado suministrador cercano y ágil, a tan solo 90 millas. Todos los sistemas de clasificación, características de las materias primas y piezas de repuesto, especificaciones tecnológicas, etcétera, estaban alineados con el sistema industrial norteamericano. El bloqueo obligó a reorientar casi todo el comercio exterior hacia el campo socialista y, por tanto, a desplegar un esfuerzo organizativo enorme para acoplar los sistemas productivos. Sáenz pone ejemplos muy ilustrativos: la generación de electricidad en Cuba, al igual que en Estados Unidos, se realizaba a 60 hertzios, en el campo socialista a 50 hertzios; los motores pequeños en Cuba trabajaban con 110 voltios, en el campo socialista con 220; en Cuba se manejaba el sistema inglés de medidas, en el campo socialista el sistema métrico; los equipos y piezas fabricados en los países socialistas no soportaban el clima cálido y húmedo de Cuba; y en muchos casos, no existían tecnologías sustitutas a las de procedencia norteamericana, por lo que los nuevos suministradores tuvieron que desarrollarlas. Por último, hubo que ampliar significativamente la capacidad de almacenamiento del país, innecesaria hasta ese momento por la cercanía del mercado de importación.

La operación tuvo un éxito rotundo, y Che pudo decir en marzo de 1961 que podían considerarse satisfechos «de haber salido de una prueba tan dura, con tan pocas bajas», y de haber cambiado «todo nuestro comercio al mismo tiempo que hemos cambiado nuestro sistema social.»[19]

De cualquier forma, y a pesar del aseguramiento de lo básico por la vía de los países socialistas, el abastecimiento de materias primas, equipamientos y piezas de repuesto continuó siendo un problema que reclamaba atención permanente, por varias razones, entre ellas la presencia de algunos suministros que solo existían en el mercado capitalista, la falta de liquidez para dar respuesta a todas las demandas de importación, el insuficiente desarrollo de fuentes nacionales de materias primas y piezas de repuesto, y la presencia de grandes desórdenes interministeriales en el país.

Esto último constituyó, sin dudas, uno de los principales obstáculos para llevar adelante las metas económicas. Así como el Ministerio de Industria desarrollaba y aprendía una forma organizativa nueva, sucedía en los ministerios con los que tenía una dependencia directa, los que también sufrían la inexperiencia de sus directivos y la escasez de técnicos. Los problemas mayores aparecían en las relaciones con el Ministerio de Comercio Exterior (MINCEX), encargado de la importación de los abastecimientos; con el Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA), que suministraba caña, tabaco, henequén, cuero, y otros, para su procesamiento industrial; con el Ministerio de Obras Públicas, encargado de una gran parte de la construcción de las nuevas capacidades industriales y; obviamente, con la Junta Central de Planificación (JUCEPLAN), organismo rector de toda la economía.[20]

Todo el sistema económico del país estaba dando los primeros pasos en el establecimiento de la administración estatal y planificación económica, cuyo normal funcionamiento se veía afectado por la inexperiencia y por los cambios continuos en la asignación de los recursos que imponían la defensa del país, las políticas de justicia social y los efectos del bloqueo norteamericano.

Errores en la política de sustitución de importaciones

Entre los principales problemas estuvo el enfoque equivocado de la política de sustitución de importaciones, a lo que se sumaron errores en su implementación. Entre 1960 y 1961 se realizaron negociaciones con los países socialistas para la compra de fábricas completas, incluido el asesoramiento para su instalación en el país, la mayor parte de ellas destinadas a la sustitución de importaciones en el sector industrial. Al regresar de su viaje por los países socialistas, con motivo de estas negociaciones, Che cifró en más de 100 las plantas ya contratadas para su instalación sucesiva en el quinquenio 1961–1965.[21] Muchas de ellas eran fábricas de tecnología simple, como ya dijimos, como posibilidad de obtener en breve plazo un mayor aporte al autoabastecimiento nacional y a la superación del desempleo.

Para abordar las carencias de esta política, valgámonos del propio Che, quien es exhaustivo y profundo en su autocrítica, y sistematiza las diferentes aristas del problema. En julio de 1962, haciendo un balance de lo realizado en la etapa anterior, plantea:

«Nosotros iniciamos el proceso de desarrollo económico, ¿en qué forma? Tomamos los anuarios de Comercio Exterior y dijimos: aquí se importan palas… tanto. Vamos a hacer una fábrica de palas. Se importan tantos machetes… vamos a hacer una fábrica de machetes. Se importa tanto cepillo… vamos a hacer una fábrica de cepillo […] No nos dimos cuenta de una cosa elemental: para que un país se desarrolle, por chiquito que sea, tiene que tener una base de materias primas propias, y cuando un país, como Cuba, depende de la forma que depende del comercio exterior, para garantizar un desarrollo equilibrado debe desarrollar simultáneamente nuevas fuentes de comercio exterior […] Desarrollamos una tecnología en aquella época de desconocimiento nuestro tan grande, que es increíble. Una tecnología que nos costó no sé cuántos miles de pesos por una fábrica de palas, compañeros, y vale la pena ir a ver la fábrica de palas para tener una idea de lo que no se debe hacer en política de desarrollo […] Eso es lo que no se debe hacer, eso es lo que hicimos en una época y eso es lo que está tarando nuestro desarrollo. Hay otras cosas mucho más absurdas; el machete es un instrumento de trabajo; una radio, un refrigerador, bueno, pues podíamos importarlo o no importarlo, o no tenerlo, no importa; en eso hemos gastado millones de pesos.»[22]

Y, más adelante, lamenta no haber destinado más recursos a instalaciones muy necesarias como las fábricas de piezas de repuesto.

Hubo graves problemas en la concepción y ejecución de las inversiones. La inexperiencia de los equipos de negociadores cubanos que participaron en los convenios con los países socialistas, les impidió apreciar el atraso tecnológico de muchas de las plantas ofrecidas por estos últimos, lo cual hubiera conducido a explorar mejores opciones. La insuficiencia y ausencia de estudios de prefactibilidad y de factibilidad ocasionaron grandes dificultades en el momento de la puesta en marcha de muchas fábricas, por la ausencia de materias primas y la escasez de personal técnico, así como la incursión en actividades donde la importación del producto resultaba menos costosa que su fabricación nacional.[23] Una vez más, la inexperiencia de los equipos inversionistas y los desórdenes interministeriales produjeron grandes demoras en la instalación de las fábricas, incrementando sus costos. Che plantea que «el capítulo de las inversiones es uno de los más dolorosos para el Ministerio de Industrias. Los gastos de reposición no se efectúan correctamente en casi ninguna industria y el canibalismo y el robo entre entidades estatales ha sido un constante ladero del desarrollo de nuestra organización».[24]

Llegados a este punto, pudiéramos resumir los problemas presentados en la política de sustitución de importaciones del sector industrial en los siguientes:

- Dispersión de recursos en un número muy alto de actividades industriales, sin un análisis riguroso de la factibilidad de su producción nacional.

- Desconocimiento de las características tecnológicas de la industria moderna por parte de los equipos de dirigentes y negociadores, lo cual ocasionó la compra de fábricas de tecnología atrasada.

- Poca atención al establecimiento de nuevos rubros exportables, que incrementaran las fuentes de divisas, contribuyendo a financiar la actividad económica y social del país, incluido el abastecimiento de las nuevas producciones destinadas a sustituir importaciones.

- Baja presencia de producción nacional de materias primas y piezas de repuesto, a lo cual no se le prestó suficiente atención en este período.[25]

- Inmadurez organizativa para llevar adelante la construcción y puesta en marcha de las nuevas plantas.

A pesar de la corrección de muchos de estos errores a partir del año 1962, sus efectos se hicieron sentir sobre el período siguiente. Por un lado, los plazos acordados con los países socialistas para la instalación de las nuevas industrias abarcaban todo el quinquenio,[26] a lo que se sumaron demoras en la ejecución de las inversiones. Por el otro, los pagos de los créditos recibidos, así como el abastecimiento de las fábricas instaladas, presionaron el uso de las divisas más allá del año 1962.

«A pesar de los ingentes esfuerzos realizados –dice Che–, solamente entre 1963 y este año 1964 liquidaremos el trabajo de inversión en la chinchalería[27] comprada en distintos países de Europa y comenzaremos trabajos serios de fábricas automatizadas, que contribuyan a disminuir efectivamente la salida de divisas o a crear nuevas fuentes de ellas, trabajando a niveles de costos competitivos en el mercado internacional.»[28]

Un nuevo rumbo

La viabilidad de la política industrial adoptada estuvo afectada también por resultados desfavorables en la agricultura, principal fuente de divisas del país. A intensas sequías se sumaron errores en la política de diversificación agrícola y en la producción cañera, ocasionando una disminución drástica de las zafras de 1962 y 1963. Ello condujo a una reformulación de la política económica del país entre 1963 y 1964. Se estableció a la agricultura como el eslabón fundamental del desarrollo en el próximo período. Fidel planteó que esto no significaba un abandono de la industrialización.[29] Así lo explica Alberto Martínez en marzo de 1964:

«El carácter del eslabón principal de la agricultura en el próximo período no puede entenderse como un abandono de los objetivos en la industria. Aún más, el desarrollo acelerado de la agricultura requiere un abastecimiento creciente de productos industriales, tanto de bienes intermedios y equipos como de bienes de consumo y uso para los trabajadores agrícolas. Al conferir a la agricultura el carácter de eslabón fundamental se está indicando que allí se encuentra el punto de estrangulamiento de la economía para el próximo período, y que su desarrollo permitirá el avance del conjunto y con ello también el de la industria.»[30]

El nuevo plan de desarrollo asumía tres líneas fundamentales: el azúcar, el níquel y el ganado. En diversos escritos de 1964 Che no pone ningún reparo a estas líneas, se limita a describirlas como un camino prometedor.[31] Sin embargo, en años recientes se ha hecho pública una carta escrita a Fidel unos días antes de su partida, donde plantea las limitaciones de un desarrollo basado en materias primas, cuestiona las ventajas reales de exportación que ofrecería el ganado, defiende el establecimiento de planes a largo plazo y reafirma el papel que en estos planes debía reservarse para la industria. Sus análisis reciben el beneficio del trabajo realizado por la Dirección de Planificación Perspectiva de su propio Ministerio. Ahí se han llevado a la práctica los métodos que el Che ha venido proponiendo a JUCEPLAN, o sea, incorporar como requisitos de una buena planificación el estudio profundo de la situación de la economía nacional, de las perspectivas de la economía mundial, y de las principales tendencias del desarrollo tecnológico internacional.[32]

Balance final

La confianza depositada en la capacidad del Gobierno Revolucionario para administrar los recursos no obtuvo los resultados esperados ni cumplió los plazos señalados en el campo de la inversión industrial, y ello no solo se explica por la hostilidad económica de los Estados Unidos, como el propio Che se encarga de enfatizar.[33] Durante los años 1962, 1963 y 1964 aborda en muchas ocasiones los errores en política económica.[34] Desarrolla un diálogo autocrítico con los obreros, que alcanza su máxima expresión en 1964, en la serie de discursos para la inauguración de diversas fábricas planificadas para la sustitución de importaciones. El 19 de julio de ese año, en la inauguración del Combinado del Lápiz, reconoce que la fábrica estuvo mal concebida y afirma:

«Tenemos que puntualizar bien todos nuestros errores. Es importante, porque de los errores es de donde más se aprende. Y en esta misión en que todos estamos empleados en aprender cada día más, es bueno que también a nuestro nivel, al nivel de ministros, viceministros, encargados directos de una serie de tareas importantes de la producción, podamos también aprender señalando nuestros errores.»[35]

No obstante, muchas decisiones y apuestas fueron correctas, sobre todo si nos referimos a aquellas que respondían a necesidades perentorias de la nación, como las relacionadas con el sector energético, sidero-mecánico,[36] textil, calzado, cemento, fertilizantes. Los resultados aquí fueron más perdurables, aunque también fábricas de otros sectores lograron sobrevivir a los vaivenes que ha sufrido la economía durante todas estas décadas, como es el caso de la INPUD, productora de equipos domésticos, contratada a Checoslovaquia y finalmente inaugurada el 24 de julio de 1964.

El sector industrial realizó un aporte significativo a la protección y crecimiento del empleo, y entre 1959 y 1964 la producción creció a un ritmo de 6 a 7 por ciento anual en la industria no azucarera (la producción de los centrales se vio afectada por el descenso de la caña cosechada en el sector agrícola).[37] Estos años vieron nacer investigaciones, análisis prospectivos e institutos científicos pioneros en el sector industrial cubano,[38] lo que en 1963 ya era en un sistema de centros de investigación y desarrollo, algunos de los cuales llegan hasta hoy.[39]

Un extraordinario esfuerzo de formación acelerada de fuerza de trabajo calificada se llevó adelante, poniendo las bases de lo que sería una de las grandes conquistas de la Revolución. Otros avances que pudiéramos mencionar fueron la organización eficaz del aparato de contabilidad del Ministerio de Industrias, la construcción de los primeros modelos de máquinas cortadoras de caña, el establecimiento de las bases para el desarrollo energético del país, la recuperación de la producción cañera con grandes campañas de trabajo voluntario, los significativos aportes al presupuesto de la nación y la producción masiva de artículos industriales como materiales escolares, ropa y zapatos, medicamentos, muebles y productos alimenticios para respaldar los programas sociales de la Revolución, entre ellos un plan de electrificación que llevó la luz artificial por primera vez a infinidad de caseríos y poblados.

Todo esto demuestra que las dos tareas simultáneas del socialismo — es decir, no solo la formación del hombre nuevo sino también el desarrollo de la base material — no fueron palabras de adorno en la vida Che. A ambas entregó, como dijera en aquella despedida, lo más puro de sus esperanzas de constructor.

Notas:

[1] Parte de la renta nacional que no es destinada al consumo sino a la ampliación de capacidades económicas.

[2] Citado por el propio Che en su intervención en el Programa de televisión Cuba Avanza, del 18 de junio de 1960, en Orlando Borrego (comp.). Che en la Revolución Cubana. Editorial José Martí, 2013, tomo II. p. 169.

[3] Véase José Bell, Delia Luisa López y Tania Caram. Documentos de la Revolución Cubana. 1959. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 2006. Che también se refiere a esta decisión y su significado político en varias de sus intervenciones durante los meses anteriores y posteriores a noviembre de 1959.

[4] Para conocer el enfoque gubernamental del papel de los privados y la relación con el Estado, véanse las intervenciones del Che: Al tomar posesión en el Banco Nacional de Cuba, del 27 de noviembre de 1959, el texto Rumbos de la industrialización, tomos II y I, respectivamente, de la compilación Che en la Revolución Cubana, de Orlando Borrego, Editorial José Martí, 2013.

[5] Véase Cronología, 25 años de Revolución. Centro de Documentación del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, Editora Política, La Habana, 1987.

[6] Citado en Orlando Borrego, Che, el camino del fuego. Imagen Contemporánea, La Habana, 2001. p. 2. Se trata de un discurso pronunciado en Buenos Aires, en la conferencia de los delegados de las 21 repúblicas latinoamericanas.

[7] Véase Entrevista en el INRA, 29 de octubre de 1959, Guevara, tomo II; Ciclo de conferencias del Banco Nacional, 26 de enero de 1969, Ib.; y Entrevista concedida a Revolución al ser designado Ministro de Industrias, 26 de febrero de 1961, tomo III.

[8] En el sector textil, por ejemplo, se proyecta alcanzar el autoabastecimiento en cinco años y, a partir de entonces, comenzar a exportar «en volumen considerable». Véase Entrevista concedida a Revolución al ser designado Ministro de Industrias, 26 de febrero de 1961, tomo III. p. 63.

[9] Tomo I.

[10] Para más información sobre estos planes de desarrollo industrial, véase Charla sobre el papel de la ayuda exterior en el desarrollo de Cuba, 9 de marzo de 1961, tomo III. También, de Tirso W. Sáenz, Che, ministro, (consultado en digital). Sáenz fue uno de los viceministros y colaboradores del Che en el Ministerio de Industrias.

[11] Véase Tareas industriales de la Revolución en los años venideros, tomo I.

[12] Ver su intervención En el programa de televisión Cuba Avanza, 18 de junio de 1960, tomo I, así como Memoria anual 1961–1962, Tomo VI. También Sáenz, op. cit, capítulo 11.

[13] Véase Orlando Borrego, Che, el camino del fuego. Imagen Contemporánea, La Habana, 2001. pp. 140–145.

[14] Integraban las fábricas dedicadas a producciones similares.

[15] «Está constituido por los obreros más destacados de cada departamento de la producción, los que, reunidos, asesoran al administrador sobre medidas prácticas a tomar en cada unidad de producción». Así lo explica el Che en Discusión colectiva, decisión y responsabilidad únicas.

[16] «Estos Comités constituían una organización complementaria a las empresas consolidadas, los que tenían el objetivo de coordinar a las fábricas en sus respectivos territorios. Sus funciones principales eran prestar ayuda mutua en cuanto a asistencia técnica, laboral y material entre las fábricas ubicadas en una misma localidad o región, coordinar actividades e intercambiar materias primas y medios de producción de uso común, entre otras. Este trabajo de integración ayudó a resolver muchos problemas con gran agilidad, en particular los relativos a los abastecimientos, sin necesidad de recurrir a los niveles superiores de las empresas o del Ministerio.». Sáenz, op. cit., capítulo 11.

[17] Luiz Bernardo Pericás, Che Guevara y el debate económico en Cuba. Fondo Editorial Casa de las Américas, La Habana, 2014. p. 132.

[18] Véase el documento ministerial, redactado por el Che, Tareas generales para 1963, tomo VI. Ahí ofrece un listado de las empresas que conformaban el organismo en 1962, y las actividades por las que respondían.

[19] Charla sobre el papel de la ayuda exterior en el desarrollo de Cuba, 9 de marzo de 1961, Tomo III, p. 79.

[20] Véase las Memorias de 1961–1962 y 1963, Tomo VI. En cada una Che dedica un espacio a abordar las problemáticas en las relaciones con otros organismos y da sugerencias para resolverlas. También Discurso en la Primera Reunión Nacional de Producción, 27 de agosto de 1961, tomo III.

[21] Véase Comparecencia televisada acerca de la firma de acuerdos con los países socialistas, Ib., p. 11.

[22] Intervención en la Reunión Bimestral del 14 de julio de 1962, tomo VI, pp. 200–203. Un análisis similar se puede encontrar a principios de este año: Tareas industriales de la Revolución en los años venideros, tomo I, pp. 117–118.

[23] Véase Jorge A. Sanguinetty, La industria, Cuban Center for Cultural, Social & Strategic Studies (descargado de internet en febrero de 2018). El autor laboró en actividades de planificación y dirección de inversiones de organismos nacionales cubanos en los años sesenta, incluido JUCEPLAN. Posteriormente abandonó el país y adoptó posiciones contrarrevolucionarias. Su artículo está dirigido a deslegitimar los esfuerzos de industrialización realizados por el gobierno cubano, pero aporta una serie de informaciones basadas en sus estudios y experiencia personal que es necesario considerar, pues algunas de ellas coinciden con las que ofrece el propio Che.

[24] Memoria 1961–1962, tomo VI, p. 528. En todos los textos ministeriales ya citados, de los diferentes años, dedica un aparte al análisis del problema de las inversiones y las medidas para su solución.

[25] Esto se contradice con los planes iniciales del Che, quien en diferentes textos y discursos del período hace alusión a la necesidad de desarrollar la mecánica y las fuentes nacionales de materias primas. Véase su artículo Rumbos de la industrialización, tomo I, y la intervención en el Ciclo de Conferencias del Banco Nacional, 26 de enero de 1960, tomo II.

[26] Una parte de ellas nunca se llegaron a instalar.

[27] Término despectivo que se usaba para referirse a una fábrica de tecnología atrasada o de producción casi artesanal.

[28] Memoria Anual, 1963, tomo VI, p. 541.

[29] Véase Fidel Castro, Tenemos derecho a sentirnos orgullosos de estos cinco años de Revolución, en Documentos de la Revolución Cubana, Editorial de Ciencias Sociales, 2012.

[30] Véase Alberto Martínez, El plan de la economía nacional para 1964, en Documentos de la Revolución Cubana, Editorial de Ciencias Sociales, 2012, pp. 151–152.

[31] Véase Cuba, su economía, su comercio exterior, su significado en el mundo actual, o la Entrevista concedida a la Revista Economía Mundial y Relaciones Internacionales, en Che en la Revolución Cubana, tomo I y V, respectivamente.

[32] En el archivo del Centro de Estudio Che Guevara se conserva una copia de la propuesta de Plan Perspectivo para el sector industrial llevada a cabo por esta Dirección. Según nos planteó en una reciente entrevista Miguel A. Figueras, quien dirigiera este departamento, un resumen fue publicado por aquellos años en la revista Cuba Socialista.

[33] Así lo enfoca en diferentes discursos. Además de la Reunión Bimestral citada, véase su intervención en la Primera Reunión Nacional de Producción, el 27 de agosto de 1961, tomo III, p. 338.

[34] Véase, por ejemplo, Entrega de premios a obreros más destacados del Ministerio de Industrias, 30 de abril de 1962, tomo IV, pp. 123–124.

[35] Inauguración de la segunda etapa del Combinado del Lápiz, 19 de julio de 1964, tomo V, p. 145.

[36] La recuperación y ampliación de la Cubana de Acero fue un ejemplo exitoso. Véase Discurso a los delegados del Ministerio de Industrias al XI Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba, 25 de noviembre de 1961, tomo III.

[37] Memoria Anual 1961–1962, tomo VI, p. 516.

[38] Como el Instituto Cubano de Investigaciones de los Derivados de la Caña de Azúcar (ICIDCA), el Instituto Cubano de Recursos Minerales (1961), y el Instituto Cubano de Investigaciones en Minería y Metalurgia (1962).

[39] Como el célebre ICIDCA. Véase Tirso W. Sáenz, Che, op. cit., capítulo 13.

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