La Tizza Cuba
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Lo que aprendí de Fidel: un testimonio inédito

Por Luis Suárez Salazar

Introducción

Ese es el principal propósito de las páginas que siguen. En ellas se explicarán, contextualizarán y sintetizarán algunas de las lecciones que recibí de Fidel en las diversas tareas que cumplí entre 1968 y 1984 en Perú, Chile, Venezuela y Colombia, bajo la dirección inmediata de uno de los más emblemáticos dirigentes políticos y estatales de nuestro país: el comandante Manuel Piñeiro Losada. Igualmente, en algunos de los eventos internacionales realizados en Cuba o en otros países, así como en las visitas oficiales que Fidel realizó a Ecuador, Venezuela y Brasil, entre 1988 y 1990.

Aprendizajes de mis primeras interacciones con Fidel

Fue en ese contexto que, con su mirada estratégica, en algunos discursos posteriores Fidel resaltó la emergencia de sectores nacionalistas en las Fuerzas Armadas de algunos países latinoamericanos. Esto se fundamentó en las informaciones que sistemáticamente recibía de diversas fuentes sobre la situación peruana, así como en sus análisis del movimiento militar panameño, encabezado desde el 9 de octubre de 1968 por Omar Torrijos.

Las primeras tareas que cumplí vinculadas con Perú y dirigidas por Fidel

Ese fue el inolvidable momento de mi vida en que, por primera vez, tuve el privilegio de estrechar las manos y conversar durante más de una hora con el Comandante en Jefe; quien, antes de expresar criterio alguno — como después comprendí que era su método — , me realizó incontables, detalladas y sucesivas preguntas — que denominé mayéuticas — sobre mis observaciones y conocimientos de la situación peruana.[10]

Sobre la base ética fidelista de no inmiscuirse en esas contradicciones y, en lo posible, contribuir a limarlas, estas registraron un salto de calidad luego de que el gobierno peruano aceptó la propuesta de construir, con una brigada de trabajadores cubanos, seis hospitales debidamente equipados en las zonas andinas más afectadas por el evento telúrico antes referido. Con esta colaboración y la «escala técnica» que realizó Fidel en Perú el 4 de diciembre de 1971, luego de visitar Chile entre el 10 de noviembre y el 3 de diciembre de ese año, se fueron asentando las bases para el desarrollo de las relaciones oficiales entre ambos países que condujeron al restablecimiento de las relaciones diplomáticas en julio de 1972.

La ética con la que Fidel mantuvo sus vínculos con Salvador Allende

Según pude constatar durante las dos semanas que permanecí en Chile, las direcciones de los partidos de la derecha chilena — el Demócrata Cristiano y el Nacional — , las principales federaciones empresariales, sectores de la jerarquía de la Iglesia Católica, así como los grupos político-militares abiertamente fascistas — como el autodenominado «Patria y Libertad» — , al igual que una buena parte de los altos mandos de las Fuerzas Armadas, ya se habían decidido a crear las condiciones más adversas posibles para la Unidad Popular, lo cual condujo cinco meses después al brutal golpe de Estado impulsado — como se ha documentado — por la maquinaria de la política exterior, defensa y seguridad imperial de los Estados Unidos.

Gracias a esa decisión y a las contundentes respuestas que se les dieron a las pocas agresiones directas contra nuestra embajada que emprendieron las fuerzas militares chilenas, fue que pudieron salir indemnes de Chile todos los compañeros y compañeras que se reagruparon en la sede diplomática y preservar todas las armas que se encontraban en ella. Estas, en los meses posteriores, y en cumplimiento de las decisiones de Fidel, fueron entregadas poco a poco al MIR para que continuara su resistencia a la dictadura chilena.[15]

Fidel lo escuchó con todo el respeto con que siempre atendía a los visitantes extranjeros — de cualquier jerarquía política o intelectual — que conversaban con él; pero, en un breve aparte, me trasladó su disgusto hacia las actitudes que había asumido Altamirano antes, durante y en las semanas posteriores al golpe. Asimismo, su desconfianza en que ese dirigente del PS, al igual que los de otros partidos integrantes de la UP, estuviesen capacitados para conducir las disímiles luchas contra la dictadura de Pinochet. En su opinión, era necesario el surgimiento de una nueva generación de cuadros políticos o político-militares capacitados para conducir esas luchas.

Mis aprendizajes durante los 10 años que permanecí en el DA

En esta se refrendaron los conceptos que él, previamente, había expresado acerca de la mejor manera de abordar las discrepancias que seguían existiendo en las filas del llamado movimiento comunista y obrero internacional — entonces signadas por el conflicto chino-soviético y por el impacto del «eurocomunismo» y de su variante de factura azteca — y de que los PC abordaran de manera edificante las contradicciones que algunos tenían con las organizaciones revolucionarias latinoamericanas que vindicaban y practicaban, como forma principal, la lucha armada en sus variantes urbana o rural.

La ética de Fidel en la conducción de las relaciones con Colombia

Como las y los lectores sabrán comprender, resulta imposible en este testimonio referir todas las tareas que tuve que emprender durante los ocho años previos. Pero creo conveniente adelantar que, como se verá después, Fidel no había olvidado las experiencias que vivió en la capital de Colombia antes y durante «El Bogotazo», para referirse a la desorganizada y criminalmente reprimida sublevación popular que se produjo tras el asesinato, el 9 de abril de 1948, del carismático líder Jorge Eliécer Gaitán.

Lo que aprendí de las interrelaciones de Fidel con Gabriel García Márquez

Esto me dejó otra lección: para seguir atendiéndolo y para sus futuros encuentros con Fidel, con Carlos Rafael, con otros dirigentes de la Revolución o con los escritores y artistas cubanos que Gabo nos había pedido visitar, lo primero que tenía que hacer era releerme Cien años de soledad y leerme el Otoño del Patriarca que él había publicado antes de regresar a Colombia en 1975.

A ello se suma todo el apoyo que antes y después García Márquez le ofreció a nuestra embajada en Colombia, incluidas las informaciones que nos suministraba sobre organizaciones revolucionarias de ese país que actuaban desde la clandestinidad con las que, en cumplimiento del principio de no injerencia en los asuntos internos de Colombia, no debíamos mantener relaciones directas. Entre ellas, el Movimiento 19 de Abril (M-19) que había ganado notoriedad después de que en enero de 1974 había sustraído la espada y el bastón de mando de Simón Bolívar que estaban atesorados en la Quinta de Bolívar, ubicada en el centro de Bogotá.

Hay que resaltar que la decisión de Fidel también se enmarcó en su previsión estratégica del papel negativo que iba a desempeñar el gobierno de Turbay Ayala en los órganos del Sistema Interamericano que, a solicitud de la administración de James Carter (1977–1981), se estaban activando para tratar de impedir o mediatizar la potente insurrección popular contra la dictadura de Anastasio Somoza encabezada por el FSLN en Nicaragua.

El «tablero de ajedrez» en el que se desplegaban las luchas en Colombia

No obstante, cuando poco más de dos meses después de la ocupación de la embajada dominicana, con el concurso de Ravelo, se logró finalmente que el gobierno colombiano y el M-19 arribaran a un acuerdo, Fidel autorizó el envío de un avión de Cubana de Aviación para trasladar a nuestro país, en calidad de asilados políticos, a todas y todos sus integrantes, al igual que a los embajadores que permanecieron como rehenes hasta su llegada a Cuba.

De inmediato le enviamos a Fidel un informe donde le indicamos que esas expediciones iban a salir desde Panamá. Sin dudas, esto le generó una gran preocupación porque, según me dijo Piñeiro, preguntaba si teníamos posibilidades de comunicarnos con Bateman de manera expedita. De inmediato comenzamos a buscar tal comunicación, pero sin esperar el resultado de nuestras gestiones, Fidel comenzó a buscar otras vías, incluido García Márquez, que en esos momentos estaba en Cuba.

De la manera cuidadosa y precisa en que Fidel redactó la nota antes referida, obtuve una nueva lección político-ética: nunca debíamos decir mentiras, ni siquiera para tratar con nuestros enemigos y adversarios; pero tampoco podíamos decir aquellas verdades que pudieran afectar a otras fuerzas políticas o a gobiernos amigos, como era el caso, en esos momentos, del M-19, el gobierno panameño y, en específico, de su máximo líder, el general Torrijos; quien murió el 31 de julio de ese año en un sospechoso accidente aéreo que algunos de sus más cercanos compañeros consideran fue un magnicidio organizado por la CIA.[32]

De los planteamientos de Fidel obtuve otra lección: en el futuro mi campo de análisis no podía quedar restringido a la situación interna y a la política exterior colombiana. Para entenderla en toda su profundidad estaba obligado a estudiar, desde la que ahora se denomina «geopolítica crítica», el diseño y la implementación de las diversas estrategias de la maquinaria de la política exterior, defensa y seguridad imperial de Estados Unidos, así como de sus aparatos económicos e ideológico-culturales hacia otros países del sur del continente americano y, en particular, hacia la que ellos denominaban «Cuenca del Caribe».

La prodigiosa memoria del Comandante en Jefe

En esa experiencia aprendí otra lección que me ha resultado de enorme utilidad en el resto de mi vida política, profesional e intelectual: la imperiosidad de ser en extremo riguroso en la evaluación de la calidad de las fuentes bibliográficas, hemerográficas, documentales, cartográficas o testimoniales que se empleen en cualquier escrito con fines académicos, científicos y/o políticos.

Fidel jamás le decía a ninguna organización revolucionaria lo que debía hacer

Conociendo los errores que al respecto cometían las fuerzas guerrilleras colombianas en sus luchas, en esa explicación Fidel se detuvo en el tratamiento humano de los oficiales y soldados heridos o capturados por las columnas del Ejército Rebelde y la importancia que esa práctica ética había tenido en el desmoronamiento de la moral combativa de las Fuerzas Armadas batistianas.

A su vez, Fidel siempre estaba dispuesto a nutrir su pensamiento de las experiencias de las luchas en otros países y, cuando consideraba que estas eran pertinentes, trasladárselas a otros movimientos populares o revolucionarios latinoamericanos. Todas ellas las había sintetizado de manera magistral en los «tres ingredientes decisivos para alcanzar el triunfo revolucionario: la unidad, las masas y las armas».[39]

Los conceptos de Fidel sobre la ética revolucionaria

Sin embargo, a solicitud de Fidel, unas semanas después, Belisario Betancur desempeñó un positivo papel, junto a la Cruz Roja Internacional, para la evacuación de más de 700 trabajadores civiles cubanos y de los cadáveres de 24 constructores que habían caído defendiendo sus vidas durante la criminal y abusiva agresión de Estados Unidos contra la pequeña isla de Granada. Esta — como denunció Fidel — se había pretendido justificar con las 17 mentiras que, emulando los métodos del nazismo, había difundido Ronald Reagan.[42]

Las primeras contribuciones de Fidel a la paz en Colombia

En esta me orientó los inamovibles principios que, como respuesta a su demanda, debía trasladarle en persona al presidente Belisario Betancur: Cuba nunca ha actuado ni actuaría como negociador de nada que tenga que ver con los asuntos internos de otros gobiernos o de ninguna organización popular o revolucionaria. Por tanto, no participará, ni mediará en las negociaciones y solo las propiciará cuando todas las partes implicadas así lo soliciten. De modo que, si Belisario aceptaba esos conceptos, yo también debía trasladárselos a la dirección del M-19.

Según las investigaciones posteriores, los altos mandos de las Fuerzas Armadas tenían conocimientos previos de esa operación y de inmediato emprendieron una sangrienta respuesta militar para recuperar esa edificación. En esta asesinaron a algunos civiles que nada tenían que ver con el M-19, a todos los miembros del comando del M-19 que no habían caído en combate y a buena parte de sus rehenes, incluidos algunos magistrados de la Corte Suprema de Justicia que se habían destacado en la defensa de la legalidad democrática de ese país.

Lo que aprendí de Fidel durante los 12 años que dirigí el CEA

Mi participación de los «grupos de apoyo» a las visitas de Fidel a algunos países latinoamericanos

Todas ellas estuvieron dirigidas a conocer los fundamentos y pilares de la campaña que estaban organizando contra ese ceremonial programado para el 12 de octubre de 1992 por los gobiernos del Reino de España, Portugal y la absoluta mayoría de América Latina. A pesar de su emoción y su pequeña estatura corporal, Chancoso estableció un intenso dialogo con Fidel quien, como veremos después, fue el primer jefe de Estado latinoamericano que vindicó la justeza de las luchas contra esa espuria celebración emprendidas por los pueblos originarios del que ellos denominan «continente del Abya Yala».

Inmediatamente después pronunció un discurso en el acto de homenaje que se le realizó al renombrado etnólogo brasileño Orlando Villas Boas. En este arremetió contra la manera apologética en que se estaban organizando las actividades oficiales para la celebración del Quinientos Aniversario de la fecha en que los europeos habían «descubierto», maltratado, sojuzgado y esclavizado a los pueblos originarios de Nuestra América. Y, acto seguido, indicó que la única manera para él aceptable de esas «celebraciones» era que las autoridades oficiales españolas y portuguesas reconocieran, de manera crítica, todos esos horrores y el inmenso robo de las riquezas de nuestro continente que se produjo durante sus más de tres siglos de dominación colonial sobre México, Centro y Suramérica y de algunas de las islas del Caribe.[49]

Asimismo, y poniendo como ejemplo la manera individual con que estos últimos habían abordado la renegociación de sus correspondientes deudas con el Fondo Monetario Internacional — controlado por los Estados Unidos — y con sus acreedores corporativos — nucleados en el Club de París — , criticó la falta de voluntad de los mandatarios latinoamericanos para reunirse sin ser convocados por los de Estados Unidos o Europa con vistas a analizar en conjunto los principales problemas económicos y sociales que estaban afectando al continente y al mundo, poniendo esta prioridad por encima y superando sus diferencias políticas e ideológicas.[50]

Cabe recordar que, guiado por esos conceptos, antes de la mencionada visita de Fidel a Brasil y, a contrapelo del «ateísmo científico» entonces predominante en la mayor parte de las organizaciones políticas de nuestro país — el PCC y, en menor medida, en la UJC — ,[53] así como en sus instituciones educacionales — en especial, las universitarias — , habíamos invitado al CEA a varios Teólogos de la Liberación. Entre ellos, a François Houtart, Leonardo Boff y Frei Betto. Este último autor del célebre libro Fidel y la religión, publicado en Cuba en 1985.[54]

Las capacidades de Fidel para aplicar «la prospectiva crítica»

Si, en las décadas del sesenta, del setenta y en buena parte de los años ochenta, Fidel había definido que «los cambios revolucionarios» eran condición imprescindible para la integración, en las nuevas circunstancias del mundo y del continente, recalibró la integración como condición necesaria, aunque no suficiente, para llevar a vías de hecho los profundos cambios económicos, sociales, políticos e ideológico-culturales que demandaban en el presente y futuro los Estados latinoamericanos y caribeños, cada vez más subdesarrollados y dependientes de las principales potencias imperialistas.

A pesar de sus avances y retrocesos, de sus aciertos y errores, así como a diferencia de la Unión Suramericana de Naciones (UNASUR), tal alianza ha demostrado, el menos, sus capacidades para ofrecer alternativas a los problemas sociales más agudos que afectaban a diversos sectores populares, así como para resistir las constantes embestidas de las que he denominado «ofensiva» y «contraofensiva plutocrático-imperialista», emprendidas por las administraciones estadounidenses de George W. Bush, Barack Obama y Donald Trump, aliadas con los gobiernos latinoamericanos y caribeños subordinados a sus intereses geopolíticos y geoeconómicos.

A modo de conclusión: la última vez que conversé con Fidel

En cuanto nos saludó uno por uno, con la sencillez y afectuosidad acostumbradas, así como, en contraste con las incomprensiones que tenían algunos altos funcionarios políticos y estatales cubanos hacia nuestro trabajo, de manera jocosa Fidel nos expresó que «nos envidiaba», porque él hubiera querido estar en el evento en que nosotros estábamos, en vez de estar escuchando la catilinaria de discursos — muchos de ellos insulsos, aburridos o demagógicos — que se habían pronunciado en la Cumbre oficial.

Notas

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