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Más democracia, mejor socialismo

Editorial de La Tizza

Hicieron bien en llamarla “tángana”, a pocas cuadras de donde cayó aquel muchacho, en quien lo único que escaseaba a sus 20 era el “pelo lustroso” que le conoció Raúl Roa. Porque las continuidades que no precisan de la consigna huera para convencer, retoman los legados en sus puntos más altos de radicalidad y se vuelven capaces de hacer concurrir a los muertos a las peleas de hoy, las que nos debemos para retomar una “vanguardia” menos verificada en la práctica política de los últimos años que en los discursos que se insuflan con ella, o la decretan.

“Tángana” dirigida a nosotros mismos; porque fue, sobre todo, una sacudida a los adormecimientos del campo revolucionario, a sus costras e insuficiencias acumuladas. “Tángana” para que no sea a partir de los planes de trabajo de quienes no comparten el camino, que se determinen los alcances del proyecto; ni para que sean sus acciones las que definan los temas y problemas que entran o salen de nuestras agendas. En la deliberación y control populares de esos alcances y definiciones nos falta también mucha soberanía por conquistar aún.

Quien estuvo al pie de Quintín Banderas, en el Parque Trillo, se sintió bisagra de dos procesos que no pueden separarse jamás: el de la defensa de la revolución — así, con minúsculas, para que se entienda de una vez que aludimos a un proceso de rebeldías y emancipación múltiples — y el de su profundización democrática. Si lo primero acontece con independencia, o a un ritmo superior, que lo segundo, entonces se conservatiza todo el entramado institucional, se agotan los dispositivos y cauces de poder de los humildes y la rectificación se impone.

Si heterogéneo fue el grupo reunido frente al MinCult, este de ayer en Cayo Hueso lo fue más. Porque la diversidad es un patrimonio más genuino de la transición socialista — diversidad que esa transición franquea y de la que no puede prescindir — que del liberalismo burgués que reclama para sí, para su administración, los bolsones de no socialismo a la vista. Pues ¡no los cederemos!

Allí, frente al Palacio de la Rumba, estuvieron: los “seres conducidos y no pensantes” que retrató Mella; los propietarios privados de lo que se debe ser y hacer; los “perseguidores de cualquier nacimiento” forzados a asistir, por indicación, al parto este; allí estuvo — ¿cómo negarlo? — quien invirtió el primer verso de “El Gigante”, aquel poema de Villena para preguntarse: “¿Y qué hago yo aquí, donde todo lo grande está por hacerse?”. Estuvieron: los vencidos designados para vencer, mercaderes de la canción y la emoción, funcionarios que no funcionan… Pero estuvo la muchachada que costeó con sus estipendios la dignidad de la tarima; estuvo la palabra limpia, sin afeites, sin pulimentos, sin revisiones de la hora antes; estuvo la Patria que no se ensaya, la que a sí misma se representa; una Cuba dura, difícil, “el país de roca en ruinas bajo el país de pan” del que habla Silvio en la misma canción donde lanza el convite que todos recordamos. Estuvieron las nuevas organizaciones, las banderas desconocidas, la hermosura de la errata, más seductora y soluble cuanto más sincera. Amalgamados de forma súbita, las personas que somos y las que queremos ser, el país que nos legaron y el que queremos legar.

A juzgar por lo que la mayoría de los medios nacionales reportaron, con excepción de Cubadebate, aquello fue “más de lo mismo”. Pero, como ya sabemos, es impostergable aprender a distinguir entre la realidad que se vive y la que cuentan nuestros medios. La distancia entre ambas es aún notable. Con la publicación de parte de las ideas que se enarbolaron en el Parque Trillo, unas escritas, otras filmadas, La Tizza busca desmontar las manipulaciones de información desde uno y otro costado. No permitiremos que la espontánea iniciativa de un grupo de compañeros sea secuestrada por los temerosos custodios de una fe que consideran feudo, ni por los interesados albaceas de una narrativa en cuyos predios no cabe la posibilidad de que el tejido social revolucionario cubano se sacuda de sus letargos y se ponga en movimiento sin orientaciones importadas.

Quienes estuvimos allí y supimos de la firmeza con que los jóvenes autores de la iniciativa defendieron la inviolabilidad de su diseño general y su guión, sabemos que la alternativa de la profundización democrática del socialismo cubano se ha dado nuevos medios y, después de esta otra tángana del 29 de noviembre de 2020, ese proceso no tendrá ya vuelta atrás.

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