No habrá más Milagro en El Salvador

La Tizza
Apr 30 · 7 min read

Por Dayron Roque: “De momento, seguirán confiando en los milagros de los panes y los peces del Divino Salvador del Mundo”.

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Es la mañana de un día cualquiera en el Bulevar Los Héroes, de San Salvador. El tráfico está, como siempre, insoportable a las 7 horas. Él tiene que utilizar una de las pasarelas aéreas que cruzan la avenida y evitan que seas atropellado por los carros. Esta mañana en el armatoste metálico están pegados las decenas de anuncios habituales que van desde una fregadora nueva, hasta la búsqueda de una persona que lleva perdida varias semanas, quizás secuestrada por alguna mara criminal. También le llama la atención el anuncio de una clínica privada que hace una oferta de operación de cataratas por el módico precio de 700 dólares (cada ojo, más impuestos). Sigue su camino y se alegra de tener, todavía, buena vista para ver los escalones de la pasarela.

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El 21 de septiembre de 2018, el Ministerio de Salud de El Salvador dio a conocer la firma de una agenda para profundizar la cooperación entre ese organismo y su similar cubano, el cual permitiría ampliar el centro oftalmológico del Hospital Nacional Santa Gertrudis, de San Vicente y sumar dos mil a las cinco mil quinientas cirugías de cataratas y pterigión que, en el año, se realizaban de manera gratuita en ese centro. De mayo de 2015 a marzo de 2019 se habían efectuado más de ciento cuarenta mil evaluaciones oculares, poco más de veintidós mil operaciones de cataratas y fueron beneficiadas casi doscientas mil familias salvadoreñas que no podrían pagar nunca en la vida una operación de cerca de 980 dólares, por cada ojo. Llegarían tres nuevos médicos cubanos, y ahora serían diecinueve laborando en la Misión Milagro. El convenio, no tendrá, sin embargo, mucha más vida.

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Es otra mañana en San Salvador, pero más al oeste de la ciudad, agarrando en dirección al volcán, la comunidad San Pablo. El tráfico es, también, infernal a las 7.30 horas. Él ha escalado hasta el redondel Masferrer en bicicleta por toda la avenida Escalón; ha tenido suerte de no ser atropellado por ningún carro o autobús. La San Pablo queda en la sombra de algunos de los más altos y lujosos edificios de San Salvador, en una quebrada del volcán donde ha crecido un barrio miseria — otro más — , que repite el lugar común — nunca mejor dicho, piensa él — de las villas paupérrimas justo al lado del lujo indecente. Se baja de la bici, jadea un poco y saluda a dos mujeres ya adultas. Hoy hay clases… clases de alfabetización. En la puerta del local hay sendos carteles de ARENA, el recalcitrante partido de derecha. Estas mujeres son partidarias y militantes de ARENA, pero no saben leer ni escribir. Una de ellas, además, a sus sesenta y tanto años, tiene dificultades para ver: tiene cataratas…

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ARENA gobernó El Salvador desde 1989 hasta 2009. Ha sido el partido de la oligarquía ultraderechista salvadoreña. Su himno enfatiza que «El Salvador tumba de los rojos será», y por si quedaran dudas, su fundador fue el mayor del Ejército, Roberto D´Aubisson, señalado como uno de los responsables del asesinato del ahora santo Óscar Arnulfo Romero. Hasta el comienzo de la operación Milagro solo se realizaban en El Salvador alrededor de ciento setenta y cinco cirugías oftálmicas anuales. ARENA, como instrumento político de la burguesía salvadoreña, fue cómplice del enorme crimen que significa dejar sin acceso a la salud pública gratuita a cientos de miles de salvadoreños y salvadoreñas. Pasado el tiempo y entendiendo la derecha que los partidos políticos y las elecciones sirven, pero no sirven ya tanto como servían hace treinta años — como antes se dieron cuenta que los militares sirven, pero no tanto como hace cincuenta o cuarenta años, en que dar un golpe militar era asunto de un madrugonazo — y aunque la izquierda crea exactamente lo contrario, se ha pasado al «poder» judicial, incluso, al de los gremios de profesiones como la salud pública. ARENA lo sabe, y aunque no ha vuelto a ganar unas elecciones presidenciales, sabe que aun detenta cuerdas importantes del poder real en El Salvador. Y ARENA — y la oligarquía salvadoreña, y la latinoamericana, y la mundial, que es una sola — sí saben quiénes son los enemigos… y qué hacer para enfrentarlos.

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Los días avanzan en San Salvador, el tráfico sigue infernal a las 7 ó a las 16 horas. Él se despide por última vez de «niña» Francisca; quien aún no aprende a leer todo el alfabeto — aunque sabe bien las sumas y multiplicaciones básicas — y no puede ir más rápido en su aprendizaje: no ve bien y, por tanto, le cuesta trabajo leer, aun con la muy clara tipografía Futura del manual de alfabetización. Antes, él le ha hablado de San Vicente y de un hospital donde hacen cirugías gratuitas para los ojos: — ¿que de dónde son los médicos del hospital?, — pues no sé, pero ¿qué importa eso?, — va´ pues, ¿qué importa?, — ¿quiere ir?, — sí, pero, ¿así, ahorita?, — bueno, ahorita no, pero podemos averiguar, — ¡ay! Diosito lo bendiga, — a mí no, niña Francisca, a usted para que llegue a San Vicente, y a los médicos que la van a atender…

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La Junta de Vigilancia de la Profesión Médica de El Salvador, tiene su sede en un edificio que da a la plaza de El Divino Salvador del Mundo, justo donde nacen varias arterias viales importantes, entre ellas, la avenida Escalón, designada igual que la exclusiva colonia que atraviesa. En esa colonia, y por buena parte de El Salvador, están asentadas algunas de las clínicas privadas más exclusivas del país, de las que cobran más de 900 dólares la cirugía de cada ojo.

Según el Código de Salud salvadoreño, esta junta — una de las siete existentes en el país — tiene autonomía frente al Ministerio de Salud en sus decisiones. Es otra de las dimensiones del cuento, repetido una y mil veces, de la independencia de las instituciones gremiales y su preeminencia en cuestiones tan graves como la salud pública. Ya antes intentaron impedir que los profesionales cubanos actuaran en el país; en otro momento pusieron objeciones a quienes llegaron de Cuba con un título de Doctor en Medicina, graduados de la Escuela Latinoamericana… ha llegado el momento de ponerle fin a la Operación Milagro. Como ya no se juega solo a la judicialización de la política, sino también a la judicialización de la salud pública, el pretexto esgrimido es que falta la firma del Ministerio de Relaciones Exteriores, a pesar de que los títulos cubanos habrían sido autenticados por vía consular, como corresponde en estos casos. Ahora exigen que lleven los diplomas originales hasta El Salvador.

El Ministerio de Salud Pública, del gobierno del FMLN, no tiene mucho que hacer… están empantanados en la absurda realidad de que la JVPM es un organismo «independiente», independiente del gobierno cuando no conviene a los poderes fácticos — que no cuentan en la famosa «tripartición» de Montesquieu — ; es el último capítulo de la novela con varios años de programación en que la judicatura salvadoreña se ha creído de verdad el asunto de la división de poderes, jugando a la derecha; y que ya se llevó por delante algunas de las medidas más importantes de los gobiernos efemelenistas. Aunque es un asunto de sensibilidad humana — ¡la vista! — se ha interpuesto la política, mediante las argucias burocráticas y judiciales.

Desde antes que el FMLN llegara a la presidencia en El Salvador — junio de 2009 — ya se desarrollaba la Operación Milagro, ya fuera con viajes directos a Cuba, como con periplos a otros países del área donde funcionaba la misión. Pero el FMLN acaba de perder las elecciones presidenciales a manos de un antiguo aliado y, en primera vuelta, se llevó más de la mitad de los votos válidos el día 3 de febrero. Aunque el presidente electo, Nayib Bukele — cuya ideología política ni vale la pena analizar aquí, pero que, de manera notable, ha resultado ser un oportunista con dotes carismáticas nunca antes vistas en la política salvadoreña — ha dicho que «recomenzará en junio la Misión Milagro», no hay mucho de qué fiarse… Los pasos que ha dado van en la dirección de una alianza con la empresa privada — agrupados en la ANEP — y con la némesis política del FMLN — ARENA — aunque antes denostó de ella. Con toda claridad, no se trata de la posición bolsonarista en Brasil; pero las consecuencias son similares: los más desfavorecidos, los más empobrecidos, los más marginados se verán — una vez más — privados del derecho a una salud pública, gratuita y de calidad.

Apenas se conoció la noticia, sectores de la sociedad salvadoreña se han pronunciado en contra de la decisión de la JVPM, y para este 26 de abril una concentración se llegaría hasta su sede a reclamar el otorgamiento de los permisos a los médicos cubanos para que continúen la misión. A esta altura, sin embargo, es tarde: ya Cuba le puso fin a la misión, como antes hiciera en Brasil.

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Él se fue de El Salvador hace unos meses; supo que niña Francisca tuvo turno para una evaluación oftalmológica y, de manera presumible, para una posterior intervención quirúrgica. No ha sabido más… niña Francisca no puede escribirle un correo electrónico, ni un mensaje de Whatsapp. Quizás tuvo la oportunidad de recuperar la visión… si no lo hizo, ya no habrá posibilidad. La oligarquía salvadoreña, y sus instrumentos políticos, judiciales y gremiales quieren dejar claro el orden del mundo y el lugar de las cosas y las personas; y si no fue a niña Francisca, le habrán quitado la oportunidad del Milagro a decenas de miles de salvadoreñas y salvadoreños. El tráfico y la salud pública, según se ha sabido, seguirán siendo infernales en San Salvador.

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