El cuerpo es movimiento

– El cuerpo es movimiento. Si va a una determinada velocidad, hueles algo; si va a otra, oyes un sonido; si va a una tercera, ves algo; si va a otra, finalmente, no puedes verlo ni oírlo, ni olerlo, ni saber cómo es ese cuerpo en ningún sentido. Pero ten en cuenta, pequeño, que los extremos se tocan.
– ¿Qué quieres decir?
– Si el movimiento se hace más rápido, entonces lo que se mueve está más cerca de dos lugares al mismo tiempo.
– Es cierto.
– Pero si el movimiento fuera aún más veloz, comprendes que al aumentar cada vez más su velocidad, finalmente la cosa en movimiento estaría en todos los lugares a la vez, pequeño.
– Creo que lo entiendo.
– Bien, esta cosa está por encima de todos los cuerpos: es tan veloz que está inmóvil, tan verdaderamente corpórea que ha dejado de ser un cuerpo en todos los sentidos… La cosa más pequeña que toca nuestros sentidos es la luz. No vemos verdaderamente la luz, sólo vemos las cosas más lentas iluminadas por ella, así que para nosotros la luz está en el límite: es lo último que conocemos antes de que las cosas se vuelvan demasiado veloces para nosotros. Pero el cuerpo de un eldil es un movimiento rápido como la luz; podríamos decir que su cuerpo está hecho de luz, pero no de lo que es la luz para un eldil. Su “luz” es un movimiento más veloz que para nosotros no es nada, y lo que llamamos luz es para él algo como el agua, una cosa visible, que puede tocar y en la que puede bañarse; es incluso una cosa oscura cuando no está iluminada por la más veloz. Y lo que nosotros llamamos cosas sólidas (la carne, la tierra) a él se le aparecen más sutiles, más difíciles de ver que nuestra luz y más semejantes a nubes, y casi iguales a la nada. Para nosotros el eldil es un cuerpo tenue, apenas real, que puede atravesar paredes y la roca; desde su punto de vista las atraviesa porque es sólido y firme y los otros objetos son como nubes. Y lo que para el eldil es verdadera luz y llena el cielo, de modo que a veces necesita sumergirse en los rayos del sol para refrescarse, para nosotros es la negra nada del cielo nocturno. Estas cosas no son extrañas, aunque estés más allá de nuestros sentidos, pequeño.

Leyendo Trilogía Cósmica I: Más allá del Planeta Silencioso de C. S. Lewis