Gakkou no Kaidan

Bueno, bueno, bueno. Parece que fue ayer cuando escribí mi última entrada, ¿verdad? Parece que fue ayer cuando me pasé por aquí y dije “vaya, parece que no hay ninguna entrada desde hace DOS SEMANAS.”.

¿Sabéis qué he estado haciendo?

La primera semana estaba hasta arriba de proyectos de clase y la segunda semana he tenido una gripe de caballo, de la que aún no estoy del todo recuperada.

Pero dejemos de hablar de mí y centrémonos en lo que nos ocupa.

Porque hoy no vengo a hablar de vídeojuegos, como hago normalmente. Hoy vengo a hablar de algo que probablemente os interese mucho menos, pero que a mí me interesa lo mismo o a veces incluso más, cuando no me apetece darle al mando.

Os vengo a hablar de una serie japonesa de actores reales. Comúnmente llamados “doramas”.

Y este es Gakkou no Kaidan.


Gakkou no Kaidan o “Escaleras de la escuela”, traducido a lo mal, pero de forma literal, es un drama japonés que he estado viendo últimamente y quería hablar un poquito sobre el mismo.

En primer lugar, antes de que nadie se me suba a la chepa, NO tengo ni idea de cine. Ni de tecnicismos, ni de series, ni de vídeojuegos, etc., etc.. Simplemente voy a comentar un poco el argumento y mi opinión, basada en mis gustos y demás y que no significa necesariamente que deba tenerse más o menos en cuenta que la de nadie.

Imagino que alguien que sepa más, sabrá hacer una crítica. Esto solo es una opinión.

Vale, aclarado esto, empecemos.


Tsubame Haruna es una tímida estudiante cualquiera en un instituto elitista donde existe un grupo de estudiantes ricos que hacen lo que se les antoja con el resto sin ninguna consecuencia, ya que nadie se atreve a hacerles sombra, y si alguien lo intentase, sería víctima de acoso escolar por ellos mismos y el resto de la escuela. Y aquí nadie hace nada. Vamos, que más corrupto no puede estar el instituto de marras.
Por motivos que ahora no entran al caso, acaba resultando ser víctima del acoso y es forzada a tomar el cargo de Presidenta Estudiantil. Obviamente, utilizan esta situación para crear una situación de acoso aún más pronunciada. Y atacan al punto débil de Tsubame: empiezan a acosar de forma más bestia a uno de sus compañeros de clase.
Viendo que su posición no le sirve para hacer nada, que a nadie le importa e incluso este chico no trata de hacer algo tampoco, se siente impotente y estalla. En ese momento, aparece en escena el otro protagonista de la historia. Un chico en silla de ruedas, Kei Shizukui, que resulta ser un experto escritor de discursos, que le da la fuerza necesaria para continuar.
A partir de aquí, a medida que transcurren los capítulos, Tsubame lucha por hacer estallar una revolución en el instituto y cambiarlo por completo desde la base de la corrupción del mismo. Y para ello cuenta con Kei y su habilidad, como arma, para crear los discursos más agresivos y cargados de intención que os podáis imaginar.
¡El poder de las palabras!

La premisa no deja de ser un “esto ya lo he visto antes”, cogiendo temas de aquí y de allá para crear un mix que, sinceramente, no le va del todo mal, aunque es eso. Es una historia nacida de partes de aquí y partes de allá.

El tema es que la mezcla resultante no flojea necesariamente en sus apartados ni tampoco parece algo dividido en partes sacadas de diferentes sitios. Es cierto que en algunos momentos resulta un tanto ficticia o poco natural, en cuanto a que puedes llegar a pensar “esto no ocurriría ni de coña” y pueden perder cierta credibilidad en algunas escenas, pero no suele pasar y, sinceramente, lo más normal, dado su formato, es que ocurra en todo momento.

Me explico.

Si él lo dice, será verdad.

La estructura episódica es la siguiente:

  1. Ocurre un problema.
  2. Tsubame trata de solucionarlo por sí sola pero no logra nada.
  3. Se masca la tragedia.
  4. Tsubame pide ayuda a Kei y este presenta un plan de acción cojonudísimo, adaptado a la situación, que sorprende y soluciona el problema.

Esto suena tan a “hola, estoy haciendo un Deus ex machina en cada episodio” que te meneas, pero la verdad es que la mayoría de las veces está tratado con una naturalidad pasmosa y casi nunca te da esa sensación.

Es más, podría compararlo con otro drama japonés de nombre Liar Game en cuanto a que te incita a querer saber qué es lo que se le ha ocurrido esta vez a Kei, porque no te lo esperas de ninguna forma. Porque la serie te presenta la ejecución del plan y nunca la preparación del mismo.

La insert song, hasta que la vuelvan a quitar por copyright.

Eres también espectador del rocambolesco plan de acción de Kei y eso es algo que me ha encantado.

Si resuelve o no el problema, es muy predecible, pero eso te va a dar igual, porque no hace incapié en el resultado, sino en el cómo llega al mismo, así que sí, es predecible en ese sentido, pero no sabes por dónde te va a sorprender.

Y ese es el mayor fuerte de la serie.

バカ!

He de reconocer que empecé a ver Gakkou no Kaidan porque echaba de menos un drama japonés de instituto y no sabía con lo que me encontraría, pero ya había visto actuar a la actriz principal, quien está un poco de moda, y me había gustado, así que me puse a verla un poco por casualidad.

Aunque solo conocía, en principio, a la actriz principal, el actor que interpreta a Kei Shizukui me ha parecido el mejor, aunque, por otra parte, el personaje se presta mucho a destacar. Básicamente es el personaje con más carisma de la serie. Pero su interpretación es sublime de principio a fin, mientras que Tsubame, a pesar de ser, tal vez, el personaje que más se desarrolla durante la serie, pasando de ser la típica chica tímida que cree que no tiene la habilidad para hacer nada a tomar la responsabilidad de ser la líder de toda una revolución, se pasa la mitad del rodaje con lágrimas en los ojos.

Lo que os digo.

Esta serie no es para todo el mundo. No le va a gustar a todo el mundo, porque su ejecución es muy japonesa. Y no hablo de planos o todas esas cosas de las que no tengo ni idea. Hablo del ritmo. No sé explicarlo, ¿vale?

Seguramente sea algo que me he inventado y solo me sirve a mí, pero las series, películas, etc., tienen cierto ritmo que a veces puede estar demasiado influenciado por su cultura y no va a gustar a todo el mundo. Pondría de ejemplo el humor inglés, por poner un ejemplo que me ayude a explicarme.

Aquí hay un poco de eso. Los discursos a veces pecan de demasiado largos, la forma de expresarse es muy japonesa y se dan situaciones que solo se darían en un drama japonés.

¡Yo tengo el poder, negros!

Para terminar, diré que cerca del final de la serie, había dejado de interesarme tanto como los primeros capítulos, y, sinceramente, no esperaba demasiado del final. Pero me ha vuelto a envolver en su mundo con los últimos momentos y aunque la acabe de terminar…

¡Diablos, casi me dan ganas de volver a verla ahora mismo!