Nuestra Lara ha madurado

Allá por 2013, Square Enix, de la mano de Crystal Dynamics, nos sorprendía con un reboot de la saga de la saqueadora de tesoros más famosa del mundo del vídeojuego. Tomb Raider no solo era un juego tremendamente divertido, sino que también estaba lleno de intención. A pesar de sus fallos, principalmente a nivel argumental, supo atarnos a la silla a la mayoría durante las horas de juego que duraba el mismo.

Copiaba mecánicas de Uncharted, pero al mismo tiempo las intentaba hacer suyas y se notaba que intentaba crear algo diferente, aunque, quizás por falta de tiempo o por, sospecho, una mala comunicación dentro del equipo de desarrollo, estas ideas solo rozaban la puntita de las capacidades que podían llegar a ofrecer.

A finales de 2015, con solo 2 años de diferencia, aparece su secuela, exclusivamente, en un contrato temporal, en la consola de Microsoft, la Xbox One. El juego es alabado en la crítica y todos los que juegan dicen que es muy bueno, pero no vende las suficientes consolas y pronto se revelan las fechas para otras plataformas. Estas serían, principios de 2016 en PC y finales del mismo en PS4.

Ahora, dos días después de la salida del juego en PC, habiéndolo por fin probado, puedo hablar de él. Pero no voy a destacar sus increíbles gráficos o su pobre rendimiento, que tendrían que mejorar en un parche. Tampoco voy a hablar del sonido y la fantástica OST que va en crescendo en las escenas de acción y apenas se percibe cuando no hay enemigos o plataformeo frenético. No, solo quiero hablar de una cosa.

Así como Nathan Drake supo diferenciarse por sí mismo de Tomb Raider, esta vez, por fin, Lara ha madurado. Ha crecido, ya no es la Lara que se asustaba porque mataba a un ciervo y luego cometía masacres. No es la Lara que cazaba una vez para sobrevivir y nunca más volvía a hacerlo. No es la Lara que muere de formas terribles cada diez minutos. Esta Lara es mucho más completa y, aunque no es necesariamente más compleja, esta vez sus mecánicas sí funcionan. Cada recurso que se obtiene de la naturaleza o fuera de ella es útil y se utiliza para mejorar armas, equipo, crear ropa en campamentos o incluso crear vendas, bombas o flechas sobre la marcha mientras caminas. Ahora todas esas mecánicas de caza y recolección tan absurdas y metidas con calzador en la primera parte, aquí funcionan y para bien.

Las mecánicas de sigilo han mejorado y aumentado, aunque no sean nada complejo ni el juego esté dedicado a ello como pudiera ser en Metal Gear Solid 5, y aunque a veces quieras ir por sigilo pero el juego no te deje, están ahí y funcionan muy bien. Además, las tumbas opcionales, que en el primer juego no eran más que cuatro o cinco, donde lo único que conseguías al terminarlas era más recursos para mejorar armas, esta vez han sido muy trabajadas, hay muchísimas y cada una cuenta una historia. Cada una tiene una reliquia con un pasado que contar. Y están muy bien pensadas, aunque no supongan un reto especialmente complicado y cada cueva en la que te adentras, puede contener una sorpresa inesperada. El juego también incluye un sistema de idiomas bastante interesante, que no comentaré aquí.

Habiendo sido mucho más difícil de conseguir que lo que consiguiera Nathan Drake años atrás, por simple obviedad, esta vez sí, la nueva Lara, el nuevo Tomb Raider, a pesar de sus inicios sin mucha personalidad, sin saber cómo presentarse o qué querer ser, ha madurado. Ha pasado al siguiente nivel. Ha adquirido personalidad propia y ahora ya sí, es un juego que se diferencia por sí solo y no merece el apelativo de copia de Uncharted.

Quizás estoy prejuzgándolo, pero tras 6 horas de juego, es lo que he visto y eso me da más ganas de jugar.

Si vende bien en PC y PS4, cosa que no dudo de que hará, y Lara está aquí para quedarse, yo me quedo con ella.