146. El vino en ausencia
Uno tiende a decir, porque es cierto, que el vino convoca, el problema es cuando los convocados no pueden estar allí acompañándonos porque están lejos física o emocionalmente o, simplemente, porque ya forman parte, literal o figurativamente, de esos fantasmas que todos tenemos.
Igual en algún punto cuando se sirven las copas uno tiene esos segundos, algún minuto, que dedica a pensar en el ausente, en la ausente, a veces piensa cuál sería la reacción con este vino, si lo celebraría o lo criticaría.
Y si uno está disfrutando el momento se olvidará durante el resto de la velada y vivirá sin fantasmas, pero sólo hasta que la copa se vacíe por última vez porque, en ese momento, reaparece la sombra, y uno deja de gozar, deja de reír, calla y piensa y brinda porque tanto convoca el vino que hasta hace aparecer a los ausentes aunque a veces duela.


