167. El merlot común y corriente

¿Pudo ser otra cepa? Sí. ¿Por qué merlot? Porque siempre me ha parecido impresionante como cuando una bodega elabora vinos con ella para rellenar un portafolio todo lo que es encantadora en ella se pierde. Por el contrario, conozco cabernet abiertamente mediocres que son capaces de conservar algo de esa ciruela, algo de regaliz y al menos regalarnos un vino para salir bien librados, pero con merlot es casi deprimente.

Plantar variedades francesas es una forma bastante directa de hacer vino sin necesidad del peso de encontrar aquellas cepas que mejor van con el clima y el viñedo del lugar. Aparte, posiblemente por una inundación de merlot de baja calidad, es bastante la gente que no espera nada del merlot. Y a juzgar por los resultados muchas bodegas lo saben y lo aprovechan. Bastan con hacer una versión menos intensa que el cabernet y he allí la razón de ser de este merlot común y corriente.

No hay las frutas azules. No están los matices de café y a veces de cacao. No hay esa delicada sedosidad, esa acidez elegante pero presente que le hace a uno decir que un merlot acompaña bien especialidades internacionales italianas como pastas tanto con base en crema como con base en tomate.

No hay nada que nos recuerde por qué seleccionamos ese vino y no otro, menos todavía por qué nos decidimos por esa región y no otra.

Un merlot común y corriente es triste. Y la vida es como corta para tomar vinos malos y tristes.