175. El vino y el género
Bastantes discusiones existente, entre importantes y triviales, para sumarle las de género a los vinos.
A veces me sorprendo diciendo en una degustación que determinado vino es “masculino”. Para mí es claro que pienso en un ideal de masculinidad que tiene más que ver con Sean Connery que con Cristiano Ronaldo pero el hecho mismo de que tenga que hacer la distinción habla del fracaso de mi imagen.
También a veces digo que un vino es femenino y apunto a una fragilidad tan prejuiciosa que ni siquiera se relaciona en modo alguno con los modelos femeninos que me han rodeado por años, así que con allí también fracaso.
Mientras más pienso sobre esto la conclusión directa que alcanzo se relaciona con una explicación que dábamos en los talleres literarios en relación con el mal uso de los adverbios: cuando uno dice que alguien cierra una puerta “violentamente” estoy colocando una palabra en lugar de la descripción detenida que podría proyectar a lector de forma específica y efectiva a qué me refiero.
Así, sin caer demasiado en el tema del género, mejor será abandonar esas vagas ideas de vinos masculinos y femeninos y realmente describir a qué nos estamos refiriendo.


