192. El lenguaje universal del vino

No reniego de lo comentado ayer sobre el elemento exótico al momento de aproximarse a un vino.

Pero a la par de esos matices tan específicos, es también gratificante pensar en el nivel en el que nos conectamos quienes disfrutamos del buen vino. Ese mundo en parte paralelo en el que el aroma de hoja de tabaco, las notas de tierra húmeda y de café molido son iguales no importa que quien descorche haya nacido en Hong Kong, Madrid, Zaragoza, Caracas o Buenos Aires.

Un espacio donde el té de jazmín, la rosa marchita, el eucalipto, las bayas en mermelada, las especias dulces y la pimienta están allí, esperando en una u otra copa.

Y se siente ese vínculo especial cuando se lee una reseña de un vino escrita por alguien a kilómetros de distancia en la que hay elementos que uno sintió también al probar el mismo vino, una conexión casi universal entre el vino y nosotros.