241. Merlot y clásicos de la comida italiana

Me gusta mucho cómo “funciona” el merlot con varias de las preparaciones más internacionales de la comida italiana, de hecho, lo tengo como mi alternativa oficial cuando no consigo o no deseo cubrir el costo que significa un tinto toscano que, generalmente, es mi primera elección.

Las frutas azules que encuentro en el merlot y los destellos de café suelen acompañar perfectamente ese producto engañoso que es el tomate que, una vez cocinado por largo tiempo y con la adición de hierbas aromáticas va ganando una complejidad que casi diría que es difícil de anticipar cuando uno lo tiene crudo: la cocción concentra el dulzor pero también conserva algunas aristas ácidas y muchos vinos se quedan cortos para igualarlas.

Las salsas con tomate solamente o los ragú en los que la carne se une me parece que suelen funcionar con merlot tanto jóvenes como con aquellos con un leve paso por madera.

Pero, y he aquí su encanto, si pasamos a las salsas cremosas más opulentas, el merlot suele seguir teniendo cabida, aunque aquí sí opto por los más jóvenes y frutales. La forma como la acidez frutal corta el carácter graso de la crema y el queso en las salsas es notable, se cumple el cometido de limpiar el paladar y se puede comer bocado tras bocado. Si pienso en pizzas también suelo pensar en merlot. También en berenjenas a la parmesana.

Hay pocas cosas mejores que una cepa y un vino que te evoque tantos platos a la vez y ése, para mí, es el encanto de la merlot con la cocina italiana.