263. El vino en copa, el vino en vaso

¿Hay necesidad de cumplir con los mandamientos Riedel de una copa muy específica para cada vino so pena de perdernos buena parte de sus características?

Dije Riedel, pero pude decir Schott Zwiesel y la respuesta es la misma. No es indispensable pero sin duda hay diferencia. Si la copa es muy gruesa, de hecho, si pesa vacía, generalmente arruina un poco la experiencia. Si no es totalmente transparente sino que tiene esos tintes casi verdosos arruina la apreciación visual del vino. Si no tiene un caliz curvo que permita la oxigenación puede o diluir todo el aroma si es muy abierta o hacer muy difícil el reconocimiento de aromas y matices si es cerrada o muy pequeña. Pero el gran vino se sobrepone generalmente a esas condiciones y con el cuidado apropiado se va a revelar.

Luego viene el vaso. He perdido la cuenta de las veces que me ha tocado beber vino en vaso en hoteles para evitar las complicaciones logísticas de buscar una copa. La interesante es que, simplemente, hay vasos muy buenos. Sin ser de cristal tienen incluso su curvatura, son livianos, transparentes y si se tiene el cuidado de llenarlos menos de la mitad y tomarlos por arriba para no calentar el vino la experiencia termina por ser hasta divertida. Es cierto que hay marcas que incluso tienen vasos que, básicamente, son una copa sin el tallo y el pie, pero acá hablo de vasos normales.

¿Me habré perdido algo fundamental en alguno de los vinos en vaso? Estoy prácticamente convencido de que no es el caso. Pero igual cada vez que sirvo en una habitación de hotel tras un día completo de trabajo en la calle, lejos de casa, siempre podrá más el deseo de disfrutar de una comida en soledad y silencio en esa temperatura irreal de una habitaación de hotel con una copa de vino, que la preocupación abstracta de no contar con la cristalería adecuada.