338. Tapa de rosca o el giro feliz de la botella de vino

He perdido la cuenta de la cantidad de veces que en degustaciones he tenido que abordar el tema de la tapa de rosca. No, no es solo para vinos baratos. No, no se usa en los peores vinos.

Me escucho decir una y otra vez que hay razones técnicas y económicas para preferir la tapa de rosca. La razón técnica es sencilla: si el vino no sólo no se favorecería de corcho porque no necesita desarrollo en botella sino que realmente sale listo para tomar y el oxígeno podría dañarlo, es la tapa de rosca la garantía de que haya un vacío que impida incluso el mínimo paso de oxígeno.

La razón económica tiene que ver con el precio de corcho que en algún momento podría costar más que el líquido cuando se trata de vinos jóvenes. Por supuesto se podría usar corcho y eso se reflejaría en el precio y la primera vez alguien lo pagaría pero la relación calidad/precio quedaría rota y los clientes se resistirían a esta compra. Simple lógica económica encontrar un tapón útil y de precio razonable.

Pero en realidad, aunque pocas veces lo comentamos, hay un placer que es el disfrute sin postergaciones de la tapa de rosca. No hay la ceremonia, ese ejercicio tántrico de contenerse antes de liberar al vino. Pero, ya en copa, es el líquido el que dice la verdad, lo único que importa.