Ni una menos en Laboratoria

Desde que la idea de la marcha comenzó a gestarse, muchas ex-alumnas y actuales alumnas del programa se sumaron con una gran fuerza y convicción al movimiento. La mayoría compartió publicaciones del evento en sus redes sociales, otras participaron en las asambleas de planificación, e incluso unas cuantas de ellas fueron ganadoras de la hackathon #NiUnaMenos. Al final de todos los preparativos, de todos los carteles y pancartas que creamos, llegó el día de marchar, y lo hicimos juntas.

Lo cierto es que somos una organización de empoderamiento femenino, y como tal luchamos contra la violencia de género todos los días. Por eso, para hablar sobre cómo vivimos el movimiento #NiUnaMenos en Laboratoria, hay varias cosas más que quiero contar.

Recuerdo que no pasó mucho tiempo desde que conocí al primer grupo de coders para que una de ellas me pidiera hablar en privado y me contara su vida. Desde ese entonces, como psicóloga del equipo, he escuchado las vivencias de muchas de ellas, en las que lamentablemente era común que aparezcan experiencias de abuso y de maltrato por parte de hombres, que ocasionaron que carguen con un gran dolor, vergüenza y culpa por muchos años. Pero lo que me queda de todas estas historias no es la impotencia y la rabia por lo que les pasó, sino la fortaleza que reside en ellas, que es mi inspiración para continuar en esta lucha.

Una de las razones por las que existe Laboratoria es por la gran brecha de género que hay en el sector Tech en Perú, donde menos del 7% de programadores son mujeres. Cuando nuestras coders comienzan a trabajar, la mayoría de las veces son las primeras mujeres del equipo de desarrollo web, pero esto no las intimida, sino que las anima a trabajar con más fuerza y a expresar con más seguridad sus ideas. Para que esto suceda, en Laboratoria nos esforzamos por tener una currícula de desarrollo personal que busca abrir una reflexión sobre el impacto que tiene la violencia de género en la vida de las mujeres. Somos conscientes que el machismo afecta cómo nos percibimos, cuánto nos valoramos y qué nos permitimos soñar que podemos ser en un futuro cercano. Queremos que las coders se pregunten cómo influye todo esto en sus vidas, para que al hacerlo visible también puedan trazar un plan para cambiarlo.

A mi parecer, el proceso de empoderamiento de nuestras alumnas es posible por cuatro cosas muy especiales que encuentran en Laboratoria:

La primera es que descubren que poseen la capacidad de programar. Esto significa que entienden un lenguaje que pocas personas “hablan/escriben” y que logran hacer algo que antes pensaban imposible. Así, ellas mismas dicen “si lo puedo soñar, lo puedo programar”, y poco a poco van creando una visión positiva de sí mismas.

Lo segundo es el hallar un espacio seguro y de confianza donde por primera vez pueden atreverse a decir y recordar las experiencias de violencia de género que sufrieron, pues eso las libera de esa carga tan pesada que han llevado por años. Como psicóloga, estoy convencida del poder sanador de la escucha y la palabra, y aceptar lo que les pasó es el inicio del camino del proceso de superación.

Lo tercero es el sentido de pertenencia y comunidad que se genera cuando 50 mujeres se conocen a lo largo de cinco meses. Ellas saben que no están solas, que pueden protegerse y que juntas lo pueden todo.

Y lo último es la independencia económica que consiguen al graduarse del programa. Esta independencia les da el respaldo que necesitan para tomar sus propias decisiones y perseguir sus sueños; y para dejar de aguantar cualquier actitud o acción que no sume a su crecimiento personal y profesional.

Para finalizar, quiero decir que las coders de Laboratoria son mujeres increíbles, son mujeres valientes que llegan a nuestro salón de clases porque son resilientes, porque decidieron dejar atrás todas las heridas que abrió la violencia de género en sus vidas, y por eso buscan cerrarlas convirtiéndose en mujeres independientes que se aman a sí mismas. Para mí, nuestro lema <código que transforma> es tan real porque cuando una mujer se empodera, no sólo ocurre una transformación en su vida, sino que también es capaz de cambiar su entorno.