Huitaca y el arquetipo de la diosa rebelde desde la antiguedad hasta nuestros días

En la colonización, Huitaca; una antigua diosa muisca que encarna la sabiduría, la rebeldía y la liberación sexual, sufrió la suerte de muchas otras deidades antiguas y fue satanizada pero no olvidada.

La diosa hindú Kali danza de manera feroz sobre su consorte el señor Shiva, conocido como el destructor del mundo, en la mitología mesopotámica Lilith se levanta como la madre de los demonios al rechazar la posición dominante de Adán y aunque su existencia es borrada de la historia, renace encarnada en reina de los vampiros y contraparte de Lucifer. En Egipto la furia de Sekhmet fue tal, que sólo se logró calmar su sed de extinción a través del engaño, haciéndole creer a la diosa con cuerpo de mujer y cabeza de león que en lugar de adormecedor vino bebía sangre.

Kali, diosa hindú de la destrucción y el renacimiento.

Todas estas tradiciones y los sistemas de creencias que se han desarrollado alrededor de ellas a lo largo del tiempo encierran múltiples elementos en común; sin embargo el más importante de ellos es la evidencia del arquetipo de deidades femeninas empoderadas sexualmente, rebeldes y furiosas, que encarnan los aspectos oscuros y feroces de la naturaleza. Tenemos entonces en la antigua Babilonia a Tiamat, la primigenia diosa dragón de cuya sangre nació la humanidad, Babalón; la madre de las abominaciones o sagrada puta del Thelema que Crowley identificó como la consorte del caos y la representación del impulso sexual o a Inana, patrona de las prostitutas y cortesanas en la antigua civilización Sumeria.

Inanna, diosa sumeria del empoderamiento sexual. Se le relacionó con Ishtar, diosa babilónica de la fertilidad.

La insumisión femenina presente en estas mitologías se ha visto constantemente opacada por la predominancia de tradiciones de origen patriarcal, — como las abrahamanicas por ejemplo — en donde adquiere tintes negativos, pecaminosos y demoniacos. La mujer se convierte entonces en el “enemigo a vencer”, la causante de la desgracia del hombre; como Eva, aquella por quién entró al pecado al mundo y de este modo dicho paradigma se transmite a América tras la invasión, al punto que las mismas comunidades indígenas terminaron adoptando las historias contadas desde la interpretación dada por el conquistador en sus crónicas, muchas de las cuales se perpetuan hasta ahora.

Tal es el caso de Huitaca, diosa muisca de la sexualidad, la brujería y la luna. Según la tercera ordenanza muisca (ley que habla sobre el origen de este pueblo) Huitaca es la manifestación de Bagué, la fuerza femenina primigenia, el todo y la nada de lo cual se crea el mundo, su función fue la de purificar y liberar las aguas del territorio muisca transmitiendo consigo la sabiduría de la sexualidad sagrada, el trance de la danza y la borrachera y los demás caminos que permitían al ser humano entrar en contacto con sus mundos internos y espirituales. Los invasores españoles compararon esto al concepto de “pecado” transformándolo en la lujuría y el vicio, conceptos que aún sobreviven incluso entre los abuelos muiscas que en los círculos de palabra omiten a Huitaca aunque preservan sus legados, por temor a las asociaciones que esta poderosa diosa representa.

Puede que gracias a los cronistas y clérigos españoles Huitaca se haya convertido en la tentación del hombre muisca, su caída y aquella que lo apartaba del camino espiritual; sin embargo actualmente muchos círculos se reúnen para compartir su saber ancestral contando una historia diferente y reafirmando la posición de esta diosa como una digna representante de la rebeldía y la visión libertadora femenina.

Huitaca renace entonces como una diosa de sabiduría, la portadora del conocimiento oculto, aquel que solo puede ser percibido en la oscuridad de la noche, al que solo se puede acceder a través de los caminos mágicos del trance inducido por la danza, la música, las plantas sagradas y el sexo. Se rebela ante la dominancia masculina al igual que Lilith y adopta un rol activo y transformador del mundo como Kali, pues solo a través de la destrucción que infunde, el ciclo vital puede renacer de nuevo.

El renacimiento de la diosa lechuza

Al igual que Atenea en Grecia — quién se rebeló a los ordenes “naturales” de usar su sexualidad en favor de la procreación- Huitaca es representada con la lechuza, un animal de poder que a lo largo de la historia ha sido asociado siempre con el conocimiento y la erudición en todos los campos. La lechuza de Huitaca invita a activar nuestra visión nocturna, la visión interior; a autodescubrir nuestra oscuridad y empoderarnos de ella para reavivar la llama sagrada que arde en cada unx de nosotrxs.

Es por esto que en este redescubrimiento de las tradiciones ancestrales de Abya Yala (América), Huitaca está más vigente que nunca, representado el conocimiento que nos libera y nos invita a ver desde el otro lado lo que durante decenios nos han inculcado; un empoderamiento de nuestras sexualidades, la aceptación de nuestra naturaleza dual de luz y oscuridad, enseñandonos que todo esto hace parte de nuestro ciclo vital y con ello la liberación de la culpa y el miedo. Debemos seguir entonces su vuelo de rebeldía y abrir nuestros ojos ante los paradigmas de lo establecido, asumiendo este arquetipo para comprendernos a nosotrxs mismxs desde una nueva perspectiva libertaria.

Nya Fueze Gue

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:Fagua UmsakMuyso: — Paganismo nativoamericano de mano izquierda.

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