7 enseñanzas del Papa Francisco sobre el Fútbol

Publicado originalmente en elBlogdelaFe.com

Referencia: Gianluigi Buffon con el Papa Francisco (19–08–13)

Hace poco el Papa Francisco se dirigió a un equipo de fútbol español que le visitó en el Vaticano. Entre otras cosas, les alentó al compañerismo, a no dejar de jugar, a educar y transmitir valores a los demás. De este texto, que no es el primero en este tema que nos regala el Papa Francisco, podemos sacar varias reflexiones que nos ayuden en lo cotidiano. Aquí les comparto siete reflexiones que se desprenden de las palabras del Santo Padre para que sean luz en nuestras vidas y nos ayuden a caminar a paso firme y constante sabiendo que no sólo existo yo, sino que hay muchos más hermanos a mi alrededor que esperan una respuesta de mí.

1. “El fútbol es imagen de vida y de sociedad”

¡Claro! En el fútbol siempre se está en movimiento al igual que en la vida. Este movimiento nos ayuda a comprender que a pesar de los años la jovialidad del alma permanece inextinguible cuando el corazón está cerca de Dios. Esa vida no queda sólo para sí, se transmite en pequeños gestos: una sonrisa, una mano lista para ayudar a otros, un consejo, un palabra de aliento. El fútbol es también imagen de sociedad porque representa un juego colectivo con las particularidades de cada uno. Nos reúne a todos con sus diferentes cualidades, talentos y defectos. Es como un “tuttifrutti” en el que cada uno aporta su propio sabor.

2. “Invertir tiempo y esfuerzo en fortalecer el espíritu del equipo”

Esto es importantísimo. Quienes jugamos habitualmente fútbol sabemos que sin unidad, sin espíritu de equipo, sin compañerismo no hay buen juego. Se puede tener excelente nivel pero una pésima relación entre los jugadores. Un buen ambiente propicia buenos resultados. Y no sólo para ganar, que es lícito, sino para aprovechar nuestra vida, nuestros 90 minutos con inmensa alegría. Son 90 minutos para compartir lo mejor de mí y unirlo a lo mejor de los otros en pos del bien del conjunto. ¡Eso es algo enorme! ¡Eso es solidaridad! Y, claro, debemos dedicarle tiempo. Reuniones para conocerse, compartir la vida con los demás, ser sinceros y transparentes, entre otros. Son claves que nos llevarán por el buen camino.

3. “Cuando juegan fútbol están al mismo tiempo educando y transmitiendo valores”

Esto sí que es verdad. La mayoría de la juventud tiene su equipo preferido. No sólo se aprenden técnicas futbolísticas, sino los nombres de sus jugadores, sus países de procedencia, guardan sus fotos, buscan en internet sobre sus vidas. Le conocen lo bastante para aprender lo mejor o lo peor de él. Por eso el jugar fútbol es educar y transmitir valores. Son 22 personas que están siendo observadas en todo: cada gesto, cada palabra, cada acción es analizada y va directo a la memoria de cada fans. Es una muy buena oportunidad para dar testimonio de amistad, solidaridad, justicia, compañerismo, preocupación por los demás, etc. ¡Son 90 minutos que tendrán gran impacto en el futuro y se deben aprovechar!

4. “Una de las características del buen deportista es el agradecimiento”

Agradecer por todo. Primero a Dios por darnos la oportunidad de hacer lo que nos gusta, por reunirnos, por permitirnos vivir, correr y respirar. A la familia por sus constantes sacrificios. A los amigos por su apoyo y comprensión tanto en los buenos como en los malos momentos. Al club por confiar en nosotros, por darnos la oportunidad de aprender de nuestros errores y mejorar día a día. Agradecimiento a quienes nos siguen, a quienes compran los boletos para ir al estadio, a quienes ven los partidos por la TV. Agradecer, agradecer y agradecer. Esto es ser humilde en realidad. Quien agradece sabe cuál es su lugar en la vida y es consciente de sus limitaciones, que necesita de otros para llegar lejos. ¡Hoy en día es muy necesaria esta actitud deportiva y humana!

5. “Nuestro «juego» no es sólo nuestro, sino también de los demás”

Somos parte de una historia. Detrás de nosotros están nuestros padres, hermanos, compañeros, amigos, familiares. Todos han aportado a lo que somos hoy. No podemos cerrar los ojos y vivir “nuestro momento de gloria” como si fuese un logro personal. ¡Le debemos mucho a los demás! Es cosa de pensar en todas las personas que jugaron conmigo antes, todos los entrenamientos en el barrio, todas las veces que me dieron la mano al caer… todo esto deja huella en nuestras vidas. Así vamos aprendiendo a ser amables, a sobrellevar pesadas cargas en nuestros hombros, a ayudar a los demás, a mirar con ojos puros, a saber juzgar lo «bueno, lo que agrada, lo perfecto». Nuestro juego sí es de nosotros, pero también es de los demás. ¡Todo corazón sincero lo sabe reconocer!

6. “Los animo a seguir jugando dando lo más bello y mejor de ustedes”

No desanimarnos nunca, porque el desánimo jamás viene de Dios. Debemos conocernos: cuáles son nuestras mejores jugadas y posiciones; aceptarnos: saber que no lo puedo todo y hay cosas que no me resultan; y superarnos: con un deseo de crecer en la humildad y en la técnica a sabiendas de que mi aporte es importante en el desarrollo del juego, es importante para los demás. Dar lo más bello y lo mejor significa decirle ¡no! a la mediocridad. Significa saberse capaz y trabajar con constancia para mejorar. No desanimarse ante las dificultades o derrotas (que siempre las hay). Animar a los demás en estas virtudes en los años en que ya no pueda jugar fútbol, ya que es en esos momentos donde se ve el corazón formado, el corazón agradecido, el corazón lleno de vida.

7. “El portero… tiene que atajar la pelota de donde se la patean… Y la vida es así…”

El portero es a veces de los más olvidados. Pero en cualquier juego, en el estadio más famoso del mundo o en la cancha del barrio, el portero es una figura clave. Es el jugador que debe estar muy despierto, viendo cada jugada, analizando distancias, teniendo en mente las dimensiones de la portería, y todo esto en el mismo momento. Y de repente llega el balón. Basta una reacción tardía, un pestañeo, un descuido pequeño para que el otro meta el gol. Así también es nuestra vida, debemos estar atentos para que el contrario no nos meta goles. Aquellos que tanto duelen y hieren nuestro interior. Los goles de las ofensas, los goles de la envidia, los goles del rencor, los goles del odio. Nosotros podemos atajarlos todos, tenemos las herramientas: los guantes del amor, los zapatos de la fe, la camiseta de la caridad. La clave es no perder de vista el balón ni a los jugadores, así venceremos siempre con la ayuda de Dios.

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