Entrevista con Semolina Tomic

Esta es la versión íntegra de la entrevista publicada originalmente en Crític.cat

por Uri Amat, con la ayuda inestimable de Roger Peláez

Espectáculo de danza “Columpio” de Cía Balanza Danza, 1989

Julijana “Semolina” Tomic (Osijek, antigua Yugoslavia, hoy Croacia, 1966) es una figura ineludible de la escena cultural barcelonesa desde hace treintaitrés años, cuando llegó proveniente de la antigua Yugoslavia y decidió quedarse, enamorada perdida de la ciudad y de su incipiente y bisoña comunidad punk.

Recuerdo el impacto que provocaba su presencia a principios de los noventa, cuando empecé a ir a mis primeros conciertos de punk y hardcore y ella estaba siempre ahí, en primera fila: alta, atractiva, rubia, tatuada, con un fuerte acento del Este, el pelo crepado gigante a lo Siouxsie y ese aire pendenciero que parecía decir “mucho cuidado conmigo”.

Aunque en esa época nunca llegué a conocerla personalmente, le perdí la pista del todo a finales del pasado milenio. Sin embargo, a los pocos años, por gente cercana al mundo de la danza contemporánea, me empezaron a llegar noticias de que su imponente presencia todavía se vislumbraba aquí y allá en las diferentes disciplinas artísticas a las que se ha dedicado desde entonces: teatro físico, danza, performance, danza aérea, acciones de calle, lo que le echaran.

Desde el año 2003 es la fundadora y actual directora del Antic Teatre — Espai de Creació, referente irrefutable de la escena teatral y cultural más independiente e insobornable de la ciudad de Barcelona.

Su historia es, a grandes rasgos, esta que sigue, contada en tres horas de ininterrumpida conversación en uno de los despachos del laberíntico teatro, rodeados de utilería variada, una pequeña estatua de Lenin y varios cuadros y trofeos de una agrupación ciclista popular con la que comparten las instalaciones.

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¿Cómo fue tu infancia en Croacia, la antigua Yugoslavia, con el Mariscal Tito? ¿Realmente era tan horrible como nos lo han pintaban aquí, en el bloque capitalista?

Mira, yo lo siento mucho por la incultura del país en el que vivís, de España, que siempre ha tenido un sistema educativo fatal y sigue así en 2018. Como era un país fascista, y sigue siéndolo, la manera de explicar como se vivía en un país socialista como el nuestro era totalmente negativa. De hecho en vuestro pasaporte español, durante el franquismo, ponía: “Prohibido ir a Yugoslavia, a la URSS”… a todos los países socialistas y comunistas. Vosotros teníais prohibido ir a visitarlos, y nosotros, en cambio podíamos ir a donde quisiéramos.

Pero hay que ir con cuidado al comparar todas las formas de socialismo y comunismo que ha habido en el planeta: porque el que había en la Unión Soviética, por ejemplo, no tenía nada que ver con el de la antigua Yugoslavia, hay un abismo… Al principio Josip Broz “Tito” era un camarada comunista brutal, seguía órdenes del Komintern, de Moscú. De hecho él se encarga de la oficina de reclutamiento para las Brigadas Internacionales en la Guerra Civil Española (que en mi opinión de guerra civil no tiene nada, es un golpe de estado fascista, puro y duro). Lo de la Guerra Civil Española era un follón, muy difícil de entender para los antifascistas extranjeros que llegaban aquí, cuando te encuentras a todos estos partidos… ¿Quién son las brigadas internacionales? ¿Quién es el PSUC? ¿O el POUM…? O las milicias anarquistas… Todos esos lemas, las consignas… Es lo que le pasa a Orwell cuando llega a España, y de lo que hablo en mi espectáculo ‘Anarchy’. Pues esto no se enseña a los niños en España, no se habla de esto en las escuelas, mientras que yo lo aprendí en Yugoslavia en clase de historia: con fechas, con batallas, etc.

Semolina con su madre Dragica, en Osijek (1969)

Pero después de la Segunda Guerra Mundial, Tito que era un partisano, un guerrillero, después de luchar primero contra los Ustachas [partido político y organización paramilitar fascista croata], y luego contra los nazis alemanes, crea el Ejército Popular de Liberación, que van liberando poco a poco el país, montaña por montaña, río por río, y el pueblo les empieza a apoyar. Poco a poco Tito, ese estratega, se va haciendo más popular, cosa que revienta a Stalin, y se crea este personaje heróico, un libertador, que gana la guerra contra el fascismo, aunque al principio nadie daba un duro por esta peña, ni nadie les apoyaba. En 1943, casi al final de la guerra, vienen los americanos a ayudar a Tito en algunos frentes. Solo el hecho de estar entre el comunismo y el capitalismo, entre Rusia, Churchill y los Estados Unidos, imagínate este tío ahí en medio, como tenía que ser como político para poder aguantarlo. Al acabar la guerra, se crea Yugoslavia como federación de naciones, que cada una tenía su bandera y su lengua, no eran regiones oprimidas, era un estado federal real. En 1948, con todas las purgas y lo que estaba pasando en la URSS, Tito se separa de Stalin, con ayuda de los Estados Unidos, y Yugoslavia se convierte en un país no alineado, ni capitalista ni comunista.

Duurante el franquismo, estaba prohibido viajar a los países socialistas y comunistas y nosotros, en cambio, podíamos ir a donde quisiéramos.

¿Y cómo era la vida? ¿Teníais libertad de movimiento, etc?

Podíamos viajar donde quisiéramos. En los años sesenta, de hecho, el pasaporte yugoslavo estaba muy cotizado en el mercado negro porque podías ir donde te diera la gana, al contrario que el de la URSS, de la que era muy difícil salir. En Yugoslavia incluso se promovía el turismo nudista, imaginate comparado con España en la misma época… La iglesia existía en el ámbito privado pero no tenía poder real: tu celebrabas la Navidad en tu casa pero las fiestas nacionales eran el 1 de mayo, el 8 de marzo… Todas las etnias convivían.

¿Y cuándo se va todo esto al garete? ¿Con la muerte de Tito?

Cuando nosotros ganamos la guerra a los fascistas, se van todos los fachas del país: a Argentina, a España… De hecho Ante Pavelić, miembro fundador de la Ustacha, está enterrado en Madrid. Pues toda esta peña, el día que muere Tito en 1980, paga una página entera en el New York Times con el mapa de la Gran Croacia de antes de la guerra. O sea, jamás han dejado esta idea. La izquierda no entiende que eso es lo que hacen los fachas siempre: cuando pierden el poder pasan cada instante del resto de sus vidas pensando en como volver al poder. Y nosotros haciendo el pardillo ¡y así nos va! El fascismo está volviendo a saco actualmente y nosotros qué coño hacemos. Y después la gente se pregunta cómo pudo pasar lo de Hitler. Mira en Austria, en Croacia, todos esos países del Este son nazis ahora. Pues cuando muere Tito los americanos pagan a esta gente para que vengan a desestabilizar Yugoslavia: provocaciones, manifestaciones… Nosotros nunca hemos tenido problemas con el hecho de que alguien fuera serbio o croata: todos los novios de mi tía eran serbios y mi hermana estaba casada con un serbio. La guerra de Yugoslavia de los años noventa la provocan los mismos fachas que se habían ido, junto con Francia, Alemania, los Estados Unidos… El capitalismo no podía permitir que hubiera una alternativa a su sistema.

La cosa es que en Yugoslavia teniamos una educación estupenda. En un país socialista como el nuestro la cultura y el arte eran lo más importante: eran el pilar, la base que mantenía el sistema. La cultura y el arte son las únicas cosas que te enseñan valores: a pensar, a transformar, a tener dignidad. En la guarderia desde los tres o cuatro años nos enseñaban inglés, y a partir de los seis en la escuela tenías música, pintura, teatro y danza como asignaturas obligatorias. No salías de la escuela primaria sin tocar un instrumento. Era un país culto. Pero si tu tienes un país como España, en el cual la cultura es casi inexistente en el programa obligatorio de educación, esto resulta en un país de incultos: que va a los toros, a la misa y al futbol. Y esta es la diferencia.

La guerra de Yugoslavia de los años noventa la provocan los mismos fachas que se habían ido, junto con Francia, Alemania, los Estados Unidos… El capitalismo no podía permitir que hubiera una alternativa a su sistema.

Los balcanes era una zona de paso. Venía la peña de Holanda, se pillaban los tripis y se los llevaban a la India. Y luego de la India se traían el mejor hachís del mundo, del Líbano, de Cachemira… y también la heroína. Esto pasaba por los balcanes y vía Amsterdam se iba para Europa. Yo nací en una ciudad muy pequeña, cerca de la frontera de Hungría, que se llamaba Osijek. Y mis amigos que eran tres o cuatro años mayores que yo ya habían estado en la India, y ya fumaban y escuchaban todo tipo de música. Yo a los trece, catorce años ya tenía novio y empecé a experimentar con las drogas, con LSD, en la naturaleza. Aunque era muy buena estudiante, ya que sabía que si lo aprobaba todo en casa me dejaban en paz.

En el Kafé Volter, 1986

¿Ya escuchabas punk por aquella época?

Para mi el punk era secundario. Sobretodo escuchábamos mucha música experimental e industrial: Diamanda Galás, Einstürzende Neubauten, Test Department. De hecho mi mote, mi nombre artístico, Semolina, viene de una canción de los Residents. Como estábamos muy cerca de Europa central teníamos acceso a todas las revistas, a todo lo que se escribía sobre esta música. Era un país muy cosmopolita, llegaba todo. Había un paseo llamado Korzo en el que por las noches la gente iba a dejarse ver y se formaban grupos de lo más variopinto: los hippies, los punks, los góticos y la peña de la música experimental, los gays, las lesbianas. Había de todo en esa época, aunque después de la guerra todo esto se fue a la mierda.

¿Por qué te vas entonces de Yugoslavia?

Yo dejé Yugoslavia por diferentes razones. Primero decidí que no iba a ir a la universidad, ya que significaba estudiar siete u ocho horas diarias, y yo ya era del rollo artístico, hacía ballet clásico desde los tres años, aunque acabé los estudios de enfermería. Nunca pensé que acabaría siendo artista, pero a mi alrededor todo el mundo practicaba arte, en cada esquina había un centro cultural, cada fábrica tenía su coro o su orquestra. Así que decidí darme una vuelta e ir a Amsterdam, ya que tenía amigos viviendo ahí. Sabía que era la meca del punk, yo quería saber lo que era una casa okupada. Más tarde entendí porque en mi país no había casas okupadas, no había ninguna necesidad (risas).

Así que salí de Yugoslavia y primero recalé en Milán, en una de las primeras casas okupas italianas, que se llamaba Virus y estaba en Via Bonomelli. Allí conocí a Rosa, teclista de Último Resorte, y nos hicimos muy amigas, de sobrevivir. Más tarde me dí cuenta que, como en todos los movimientos, el punk estaba lleno de pijos, pero tanto Rosa como yo eramos del punk puro y duro, de calle. Ya sabes: si hay que dormir en la calle, se duerme, comer ya veremos como comemos. El tema es que Rosa también quería ir a Amsterdam, pero un dia me dice “vamos a pasar antes por Barcelona”. Para mi España era un país fascista, y Barcelona un punto en el mapa sin ningún interés. Así que yo y Rosa nos fuimos para Bolonia, al concierto de D.O.A., y unos amigos nos hicieron unos billetes de tren para ir Barcelona (en esa época todos los punks viajábamos con billetes falsificados).

Llegué a Barcelona en septiembre o octubre de 1985, y a Rosa la vinieron a esperar a la estación Mimo y Pep, ambos de Subterranean Kids. Y esa misma tarde nos fuimos a su local de ensayo en Nou de la Rambla. Yo aluciné. Comparado con Yugoslavia, en donde teniamos centros culturales y de todo, eso era una ratonera: con colchones, moqueta y hueveras en las paredes para insonorizar, un lavabo al que ni te podías acercar… Luego fuimos al Kafé Volter, y luego a la Plaza Real, porque aquí no había nada más. Y ahí estaba, en la Plaza Real, con las palmeras y todo eso, y pensé que era el sitio más exótico del mundo. Pero también me di cuenta del atraso cultural de este país. Todo era do-it-yourself, no había ningun sitio donde comprar discos, ni ropa punk, ni una revista de música, ni nada. Y vi que, como en Italia, aquí nadie hablaba inglés, y pensé “¿Cómo me comunico?”. Y me di mucha caña y en tres meses ya hablaba español, lo aprendí en bares, en Volter, y leyendo, traduciendo palabra por palabra con el diccionario.

Al poco me enamoré de Boliche, el batería de Subterranean Kids, y estuve en su primer concierto, no sé si era en Reus o Rubí. Ya no quería ir a Amsterdam, me quise quedar. Vivía en casas de gente, ahora aquí, ahora allí, no trabajaba, y la madre de Boliche me daba de comer, como a muchos otros punks. No volví a Yugoslavia hasta al cabo de un año, cuando fuimos con Boliche a ver a mi familia, que no sabían ni donde estaba.

Semolina y Boliche (batería de Subterranean Kids)

En el 84 Boliche y otros habían ocupado una de las primeras casas okupadas de Barcelona, en Vallcarca, que salió en el periódico y todo. Pero al volver Boliche y yo de Yugoslavia ya no había okupas en Barcelona, había un par de casas comunitarias: una ‘punk house’ en la calle Sant Pere Més Alt, enorme, en la que cada uno tenía su propia habitación, y luego otra en la calle Condal, que la llamaban ‘hippie house’ pero también eran punks (risas). De esta casa de la calle Condal llegó un momento que se querían ir todos los inquilinos, porque el encargado de pagar el alquiler no lo había hecho, se había embolsado la pasta durante medio año. Y yo les dije “¿Sabes qué? Yo no tengo casa, yo me quedo aquí hasta que venga la poli”. Y se fueron todos y yo me quedé. No teníamos agua ni luz, teníamos que subir unas garrafas de agua gigantes hasta un cuarto piso. Y era una planta entera, con no sé cuantos baños. Y al poco se fue llenando la casa de gente, montaban fiestas, y se quedó okupado durante mucho tiempo, incluso después de que Boliche y yo nos fueramos a vivir al típico piso de portera, en una azotea.

En el verano del 87, Bolo ya estaba a tope con los Subterranean Kids, tocando un montón, y yo decido irme un mes a Amsterdam. Por aquel entonces era muy difícil ver conciertos de punk en Barcelona y la gente se chupaba viajes de autobús de más de veinte horas para ir a Amsterdam a ver a grupos: Suicidal Tendencies, Bad Brains, etc. Había un squat llamado Van Hall al que traían a todos los grupos americanos. Allí vimos a Scream (donde tocaba David Grohl, luego en Nirvana). Los grupos se quedaban meses en la ciudad, como centro de operaciones, y de allí se les montaba la gira por el resto de Europa.

Por aquel entonces era muy difícil ver conciertos de punk en Barcelona y la gente se chupaba viajes de autobús de más de veinte horas para ir a Amsterdam a ver a grupos

Al final me quedé dos años en Amsterdam. Organicé la primera gira europea de Subterranean Kids con Fugazi y NoFX. Luego se hicieron famosos pero en esa época hubo un concierto en Alemania al que vinieron diez personas. Fugazi estuvieron en nuestra casa. Esta peña, seguro que son guais y tal pero eran rarísimos: estaban sentados en la cocina uno al lado del otro sin decir nada (risas). También nos hicimos amigos con RKL. Por eso, en los 90, con Nirvana, cuando el punk se hace comercial, nosotros flipamos.

¿Tu cuando empiezas a tocar la batería?

Yo ya tocaba un poco la batería cuando estaba en mi país y seguí después aquí, cuando ya estaba con el Boliche. Empecé a tocar en serio y Boliche me enseñaba, y era un maestro durísimo. Yo sudaba sangre. Me pasaba horas yo sola en el local ensayando.

¿Es entonces cuando formas Poppins?

Sí, luego salieron todas esas bandas de chicas: L7, Babes in Toyland, y yo pensé “Yo también quiero un grupo de chicas”. Y justo en esa época empezaron a venir los Corn Flakes al local. Y a veces Vads [Salvador Moré, bajista de Corn Flakes] me acompañaba al bajo mientras yo tocaba, y empezamos a hacer versiones. Y un dia dijimos “vamos a hacer una banda”. Yo quería que fuéramos todo chicas, pero no lo conseguí. No había chicas que tocaran la guitarra o el bajo a esa velocidad. Al principio éramos tres: Vads, yo y una chica escocesa que conocimos que se llamaba Sophie [Borthwick], que era de profesión clown, había estudiado en la escuela Lecoq. Nos conocimos por el rollo de la danza, y me dijo que era cantante.

¿Tu en esta época ya compaginabas lo de la danza con el punk? ¿Qué hacías, tomabas clases de danza?

Yo antes de irme a Amsterdam, aquí en Barcelona, ya conocí a una chica que se llamaba Silvia, a quien los chicos llamaban “la number one”, porque era guapísima, y ya sabes como son los chicos. También era conocida como “la bailarina”. Y yo fuí con ella a La Fàbrica, una de las primeras escuelas de danza contemporanea independiente, que estaba en la calle Perill, delante del local de l’Odi Social. Y ahí ya estaban de alumnos todos los que luego han hecho algo en el mundo de la danza de Barcelona: Sol Picó, Àngels Margarit, María Muñoz, Cesc Gelabert, Carmelo y Óscar de La Porta, Mónica Muntaner de La Poderosa, todos los de La Caldera… También Anne Morin, que luego acabó en el mundo del circo, que daba las clases de danza clásica. Yo me pasaba horas bailando ahí, aprendiendo técnicas: danza clásica, Cunningham, Graham y todo eso.

¿Y mientras hacías todo esto ya tocabas en Poppins?

Lo de Poppins fue después. En Amsterdam había descubierto una de las mejores escuelas de experimentación e investigación en danza: la SNDO (School for New Dance Development), que todavía hoy es un referente. Se basa en que no tienes que copiar, ni imitar, ni seguir los pasos de otra gente, tienes que crearlo todo desde cero por ti mismo. Tienes profesores, y metodologías, pero eres tu quien tiene que pensar y hacer todo… y yo flipé, claro. Y cuando volví a Barcelona es cuando me meto en una compañía: Balanza Danza, y al mismo tiempo practicaba con la batería y con Vads de Corn Flakes empezamos a tocar como Poppins. Nuestro primer disco, el EP ‘Jesus Christ raped me’, lo grabamos cuando aún no habíamos hecho ni un concierto, y sin bajista (Vads se encargó de grabar guitarra y bajo).

¿El nombre del grupo era por Mary Poppins?

Sí, pero no tengo ni puta idea del porqué. Supongo que porque el hecho de que pudiera ir volando con el paraguas a donde quisiera ya molaba (risas).

¿Y que pasó con el grupo?

Tocamos en muchos sitios: en gaztetxes, en casas okupas, en festivales, en bares…Y luego sacamos el primer LP, ‘My Father Is A Butcher’, que aun era del rollo que a mi me gustaba: punk, hardcore, velocidad. Y salíamos en muchas revistas. Pero Vads y Sophie, que eran pareja, tiraban para otro lado. Creo que el hardcore punk no era lo que les interesaba: a Vads le gustaba el pop, el power pop, y Sophie era cantante, tomaba clases de canto. A mi todo eso del pop me la sudaba, y ya empezamos a tener discusiones porque Vads no quería tocar tanto en gaztetxes y casas okupas, y para mi era lo primero, yo no hacía esto por dinero. Y empezamos a tener este tipo de conflictos. Y en estas estábamos cuando nos ofrecen un contrato para cuatro años con una discográfica que nos comprometía a sacar un disco cada año. Y yo ya bailaba y pasaba de comprometerme, así que nos sentamos y decidimos sacar un último disco, ‘Dorothy jumps’, pero dejar de tocar. Y el disco ya es muy diferente. Las canciones las solía hacer Vads, y yo hacía alguna letra, pero en este disco las letras ya eran más de Sophie. Hay una grabación de uno de los últimos conciertos que está online, fue en el Communiqué, en 1994, en las sesiones del club G3G. Los del club G3G eran la escena más experimental y más underground de Barcelona, eran Gat, Guillem i Glòria, dos hermanos y la novia de uno, y se montaron este club que cada martes montaban conciertos en el Communiqué de las cosas más raras que puedes imaginar. Y todo lo grababan Josep M. Jordana y Lis Costa, como Habitual Video Team, y ahora estan subiéndolo a la red. Por cierto, ellos son los que actualmente estan organizando el ciclo de videocreación Flux Club en el Antic Teatre y también organizan el Festival de Cine de Autor en el Arts Santa Mònica.

Semolina (izquierda) con Sophie Borthwick, cantante de Poppins

¿Y después de esto ya no volviste a tocar la batería nunca más?

Después de Poppins, yo me separo de Boliche, y me junto con Sedcontra, un chico que hacía música experimental, y montamos una banda llamada Semolina & Sedcontra. El era muy amigo de Óscar Abril Ascaso, y ahora tiene el proyecto de Por Qué Jeanette.

¿Y es después de esto que acabas en La Fura dels Baus?

En el 94 o 95 yo hacía muchas performances de sadomaso por las discotecas, bailaba y hacía un poco de todo, y la gente me conocía. Y La Fura dels Baus me llama para el espectáculo ‘MTM’.

Esto es después de los juegos olímpicos o sea que La Fura dels Baus ya era una cosa muy grande, ¿no?

Sí, era el segundo espectáculo en el que empezaron a haber chicas, antes eran solo hombres. Se les había ido una actriz y estaban haciendo un casting para sustituirla, y alguien les dió mi teléfono, porque buscaban a alguien con carácter. En esa época para mi La Fura ya no eran interesantes, a mi me interesaban en los años ochenta, antes de que se fuera Marcel·lí Antúnez en el 89, y después ya es un desmadre. Yo pensaba que ya no eran creativos, que solo hacían eventos comerciales. Sin embargo, en ‘MTM’, el espectáculo en el que entré yo aún era divertido: eran cubos de carton enormes de 14 quilos y se iban construyendo escenografías enormes, y todo el espectáculo iba sobre los diferentes tipos de poder, y especialmente el poder de la iglesia católica.

Y me llamaron a mi para hacer el casting, y yo me planto ahí y les pregunto qué hay que hacer, y me lo explican. Así que me pongo a improvisar, les hice el Padre Nuestro en croata, me dieron el papel y empecé a trabajar en La Fura dels Baus.

Y estuviste ocho años. Del 95 al 2003.

Bueno, intensamente hasta el 99. Cada espectáculo de La Fura dels Baus eran dos años de tu vida, de gira, sin parar. Di la vuelta al mundo con esta gente: a Brasil, a Argentina… Por Europa se iba a todos los sitios en furgoneta. Imagínate: ¡Barcelona-Copenhaguen en furgo! Y es entonces cuando empieza la guerra en los Balcanes. Y yo dando la vuelta al mundo, y me llamaban y me contaban: que ha muerto tal, que ha caído una bomba no sé donde, que han puesto a tus tíos en un campo de concentración… pero yo realmente no quería saber nada de esa guerra, me di cuenta de lo fuerte que había sido más tarde. Me pasé ocho años sin ver a mi madre y al resto de mi familia. Y mi madre me llamaba y me decía que no volviera. Mi hermana se fue del país, a Londres, porque estaba casada con un serbio. En fin, un desastre, como todas las guerras.

En el 98, ya pasada la guerra, yo salía con Alberto, un italiano, e íbamos por toda Europa con la furgo, eramos punk travellers. Y fuimos a Croacia a ver a mi madre, y flipé de ver a mi madre y de ver el país destrozado. A partir de ahí monté mi espectáculo propio, ‘Body Safe(er)’, que está dedicado a mi madre, y que trata de la impotencia del ser humano enfrentado a una situación como esta: la guerra pero también cualquier tipo de opresión. Este espéctaculo lo estuve representando a lo largo de diez años, en siete lenguas distintas.

Semolina con su tía Ruza y su marido Marco, refugiados de la guerra de los Balcanes

Y para hacer este espéctaculo montaste tu propia compañía. ¿Es así?

Sí. En ese momento con La Fura acabábamos de hacer una gira comercial brutal, presentando el coche Clase A para Mercedes Benz. Fueron nueve meses por las grandes capitales de Europa, sin volver a casa. Con el dinero de Mercedes La Fura se puede comprar una nave industrial en Gavá, en el que montan un gran espacio de producción. Tu te quedabas tantos años en La Fura porque creabas para ellos, les creabas espectáculos, no solo yo, también Juan Navarro, Rafa Vives, Carles Fígols, Susana Goulart… Eramos los actores los que creábamos, con nuestras ganas, nuestras ideas y nuestra creatividad, los directores estaban vacíos de ideas. Y cuando yo ya he montado mi compañía y estrenado ‘Body Safe(er)’, me voy a hablar con Pep Gatell y Carles Padrissa, directores de La Fura, para ver si pueden ayudarme con mi pequeño espectáculo, porque ellos ya tenían una gran infraestructura. Y van y me dicen que ahora soy su competencia y que me busque la vida. Y yo, que he dedicado tantos años a La Fura, flipo. La Fura dels Baus, como Comediants, La Cubana…no han dejado nada detrás suyo. Son putos empresarios, capitalistas, explotadores. Y yo con mi inocencia pensando que en la nave de La Fura se podía hacer una escuela. Lo que yo hago en el Antic Teatre, de forma cutre y precaria, es lo que pensaba que podía hacer en la nave de La Fura. Y ahí decidí que tenía que luchar por mi espectáculo e ir yo sola por los teatros a montarme mis bolos.

En La Fura dels Baus éramos los actores los que creábamos, con nuestras ganas, nuestras ideas y nuestra creatividad, los directores estaban vacíos de ideas. La Fura dels Baus, como Comediants, La Cubana… son putos empresarios, capitalistas, explotadores

Vivimos en un país en el que no se apoya el arte contemporaneo. Cuando se habla de la precariedad artística a mi me da la risa. Tenemos unas instituciones que tienen todo nuestro dinero y todos los recursos y que viven como en Hollywood. El director del Teatre Nacional de Catalunya (TNC) tiene un sueldo de 110.000 euros al año, más las producciones y dietas. Tiene más dinero que el presidente. Es una vergüenza. Tenemos fundaciones, como el Teatre LLiure, que han estado durante más de cuarenta años financiadas totalmente con dinero público pero que jamás han hecho un concurso público para dirigirlo. O un director se produce seis espectáculos suyos en un día. Tenemos una administración que no reparte los recursos.

En el parque nacional de Timanfaya, en Lanzarote

Y yo llevo treintaitrés años esperando el estatuto de artista, para que lo que yo hago cuente como un trabajo, con derechos, laborales y sociales. Ahora se empieza a hablar sobre el estatuto de artista, pero no existe en la práctica. Ser artista no cuenta como un trabajo y la institución acapara totalmente el poder. Cuando entró Barcelona en Comú pensábamos que iba a haber una transmisión real del poder de la institución a la calle, al ciudadano, al creador… y nada. Hemos creado en quince años once fábricas de creación, que en su día era teatros privados. Mira el Bonnín, antiguo director del Romea y del TNC, se monta La Seca-Espai Brossa. ¿Y donde está? Institucionalizado. Mírate el Toni Casares, de La Sala Beckett, antiguo director del TNC, de un pequeño teatro privado de la calle Alegre de Dalt, al lado del KGB, le dan una vieja cooperativa en Poblenou, cuatro millones de euros para reformarlo, y la gestiona la fundación privada Sala Beckett, programando con dinero público. Otro: el Tantarantana también lo compran y se institucionaliza. La Caldera, Hangar… Tenemos peña que han montado chiringuitos culturales con dinero público, y estan ahí, al lado del poder. Y después nosotros, los que hacemos canciones y espectáculos, estamos en la calle, en total precariedad. ¿Y cuando habrá realmente transmisión del poder y los recursos al ciudadano? No lo sé, pero a mi que no me hablen de precariedad. Tenemos un gran problema con la distribución de los recursos. No es que no haya dinero, sino que la gente como nosotros no les interesa. Pero yo tengo 52 años y sé que soy buena, y el arte es honestidad, tienes que saber si eres una mierda o no. Y si eres honesto contigo mismo lo que haces es real, y el público se lo va a creer, porque yo me lo creo. Y tuve que picar piedra y trabajar diez veces más, por que no soy catalana y no tengo los mismos contactos. Pero yo lucho para que la gente joven tenga el camino un poco más fácil.

¿Cuando empiezas con el Antic Teatre?

Como ya te he dicho ya había decidido dejar La Fura por esta decepción que te digo y dedicarme más a mi arte. Y había decidido hacer las cosas por mi misma. Pues a partir de que La Fura hicieran el espectáculo ‘ØBS’, que era un espectáculo en el que juntan un pupurri de videos y escenas y cosas que ya habían hecho anteriormente, yo les digo: “Esto no lo voy a hacer. No voy a dedicar dos años de mi vida a esto”. Seguí trabajando con ellos pero solo puntualmente: un evento, una inauguración. Por ejemplo la expo de Hannover, en el 2000. Yo voy ahí, me paso dos meses, hacemos la performance y me vuelvo.

El arte es honestidad, tienes que saber si eres una mierda o no. Y si eres honesto contigo mismo lo que haces es real, y el público se lo va a creer, porque yo me lo creo

En el 2003 ya iba de gira yo sola por el mundo, y todavía había festivales que pagaban bien. Podías vender un espectáculo de dos o tres personas por cuatro o cinco mil euros tranquilamente. Yo en esa época fue en la que hice más pasta, trabajaba mucho pero vivía bien. Eso fue desde el 2000 hasta el 2007, que llegó la crisis. Pero yo todavía ensayaba en casas okupas: en La Kasa de la Muntanya, en Las Naus, que estaba en frente del KGB… Y de golpe en enero me encuentro ensayando para un festival en el que iba a cobrar 4000 euros, con una lluvia que me caía encima, unas goteras… Y yo pensé: “Hostia, Semo, tu ya podrías juntarte con tus amigos y alquilar un local”, como hacían en La Caldera, que eran 7 u 8 compañías independientes alquilando un local.

Nos juntamos con Sergi Faustino y otra gente y empezamos a buscar un espacio. Y encontramos el Antic Teatre, que estaba abandonado, y era una jungla llena de escombros y de mierda. Pertenecía al Círculo Barcelonés de Obreros San José, una asociación que estaba aquí desde 1940 pero que tienen estatutos desde 1879, cuando lo fundó Joan Martorell, un famosísimo arquitecto catalán que quería acercar la cultura a los obreros, pero todo muy católico. Yo sé que estuvieron haciendo cosas culturales hasta los años 70 o 80, en los que actuaba aquí Pierrot, un famoso transformista de cabaret, de la “Barcelona canalla”, que cada vez que actuaba acababa en la cárcel. Más tarde le hicimos un homenaje en el Antic donde proyectamos películas en Super 8 que había hecho él y salía necrofilia, abortos, etc. Todo muy transgresor, muy bestia.

En el Antic había actuado Pierrot, un famoso transformista de cabaret que cada vez que actuaba acababa en la cárcel. Más tarde le hicimos un homenaje en el Antic donde proyectamos películas en Super 8 que había hecho él y salía necrofilia, abortos, etc. Todo muy transgresor, muy bestia.

Enseguida vinieron amigos a pedirnos sitio en el Antic para actuar. Como por ejemplo Roger Bernat que quería un espacio alternativo para un proyecto que tenía y yo le tuve que decir que todavía no estaba disponible, que estaba lleno de mierda. Pero corrimos la voz y vinieron todo de artistas barceloneses a ayudarnos a limpiar y en un mes se quedó lo más limpio posible. Abrimos el 23 de abril del 2003, dia de sant Jordi, con una fiesta gitana, con gitanos rumanos de la calle, y al día siguiente ya estaba actuando Roger Bernat, con Juan Navarro y Santiago Maravilla. Vino toda la prensa y ya salió en el periódico que esto iba a ser un espacio de agitación cultural. Y la gente empezó a mandar videos de cosas que querían que les programáramos.

O sea que tu te ves llevando la dirección y programación un poco por accidente.

Sí, espontáneo, por necesidad, porque la gente nos lo pedía.

¿Pero pagábais el alquiler o cómo lo hacíais?

Bueno, el bar pagaba el alquiler. Igual que ahora. Nosotros eramos artistas de lo más radical de la ciudad, que viajábamos por todo el mundo. Y de lo del Antic nadie cobraba nada, todo era por el amor al arte. Teníamos unos cuadros de lo que le tocaba hacer a cada uno: Semolina, dos horas en el bar; Sergi, dos horas en la oficina, taquilla, limpieza, compra… Lo íbamos aprendiendo sobre la marcha. Yo no tenía ni puta idea. Yo era una ilegal antes de todo esto. La primera cuenta bancaria la tuve cuando trabajaba en La Fura dels Baus, cuando ya era mayor. Antes de eso era una punky totalmente fuera del sistema. Las subvenciones nos la sudaban, ni sabía lo que eran, yo vivía de mi trabajo.

En “Semana Santa”, solo performance de 1988

Lo que pasó es que en el 2004 nos dan el Premio FAD Sebastià Gasch, por recuperar un centro cívico abandonado y transformarlo en espacio de creación contemporánea. A mi me dicen que hay que recoger un premio y yo “vale, vale”, y me voy a recoger el premio, pero una vez allí flipo. Veo que es un premio importante de la ciudad. Y luego, el mismo año, en el Festival Internacional de Teatro y Danza de Huesca nos dan un premio a la programación mas innovadora de España. ¡A nosotros! Autogestionados y sin un euro. ¡Flipante!

Entonces, en el 2005 entra al Antic un tío, inspector jefe de servicios técnicos de Ciutat Vella, del Ayuntamiento, se pone a saltar en la sala y dice: “Aquí no hay ninguna normativa de seguridad. Lo cierro en 24 horas”. Y yo me voy para la Generalitat por primera vez en mi vida a buscar a una tal Eulalia Blanco, que me dicen que es la tía que se encarga del teatro, y me querían dar cita para al cabo de un mes. Así que me siento en un sofa y cuando vi que la tía pasaba por ahí para ir al baño le empecé a gritar que nos cerraban el teatro y que qué se pensaban. Y la tía vino a hablar con nosotros y le conté lo que pasaba. Todo el mundo conocía ya el Antic y lo que hacíamos. Y al día siguiente se presentó aquí, con Carles Salas del Ayuntamiento, y justo esos días actuaba en el Antic Teatre Andres Morte, otro “ex-furero” y que también había sido director del teatro Mercat de les Flors de Barcelona y nos ayudaba mucho. Y ahí se empezó a hablar de lo que teníamos que hacer, que si teníamos que tener un proyecto, etc. Y yo fuí a ver a Carles Martí, Teniente Alcalde del Ayuntamiento de Barcelona, del PSC, con todos los premios, a decirle que ellos se tenían que hacer cargo de la reforma, porque era un espacio cultural histórico de la ciudad y que era su obligación. Pues después de todo esto el tío toma una decisión política y, delante del inspector técnico Heliodoro Lozano, nos dice que deciden restaurar el Antic Teatre.

Barcelona es una ciudad más corrupta que Nápoles pero en fashion.

Este inspector es muy importante ya que, después de la reunión con Carles Martí, nos ponemos a trabajar en el proyecto de restauración, y unos años más tarde, entregamos el proyecto, nos vamos al ayuntamiento y una vez ahí… no hay proyecto. Perdieron el proyecto, tío. Y pasa medio año y nosotros “¿Qué coño está pasando?”. Al poco tiempo sale Itziar González, que era regidora del distrito de Ciutat Vella, y destapa la corrupción de los servicios técnicos del distrito de Ciutat Vella, de los que este señor Heliodoro Lozano es el “capo”, el más corrupto de la red corrupta. Ella lo descubre, lo denuncia, su partido [el PSC] no hace nada, y ella dimite (después que le entren en casa, le manipulen el coche y casi la maten). Y todo esto pasaba aquí mientras nosotros bailábamos en el Sónar. Barcelona es una ciudad más corrupta que Nápoles pero en fashion.

Luego con toda la corrupción que se destapo del Palau de la Música, y se descubrió un burdel en el número 7 de nuestra misma calle, sospechamos que, con este jardín que tiene, y escondido en una callejuela en frente del Palau, lo que querían era montar un burdel en el Antic. Y es que este Heliodoro Lozano era socio también de otro famoso prostíbulo, Bailén 22. Y a mi ahí ya me empiezan a encajar las piezas: por eso nos querían cerrar.

Pero nosotros seguimos luchando, aunque con todo este jaleo dejé de bailar. En esta época yo estaba preparando un espectáculo llamado ‘Lenin is mine’, que era una investigación mía sobre el terreno acerca de las consecuencias de la caída del comunismo en los países del Este (Yugoslavia, Bulgaria, etc). Era un espectáculo multimedia que llevaba mucho trabajo. Sin embargo, de golpe, el tío que me ayudaba en los aspectos técnicos, me bloquea el espectáculo, que estaba a punto de presentarse en el Festival Grec del año 2007. Me vino con abogados y me pedía mucha más pasta de lo acordado, royalties, de todo. Y lo tuve que dejar, abandoné el espectáculo y me hundí, debiendo pasta a todo el mundo.

¿Y después del fiasco de ‘Lenin is mine’ ya no haces ningun proyecto personal hasta ‘Anarchy’?

Bueno, como te digo, después de lo de ‘Lenin is mine’ me quedo hundida, fue un golpe muy bestia para mi. Entonces se desata la crisis de 2008, justo cuando empezaba la reforma del Antic. ¿Tu sabes lo que significa esto? Aunque sea dinero público, si tu tenías una subvención de 750.000 euros en diez años, y consigues una primera fase de reforma de 200.000, tu primero tienes que hacerla, realizarla, pasar la inspección y, una vez con las facturas, te la pagan. Eso quiere decir que necesitas crédito. En el 2008 imagínate que banco nos podía dar pasta. Así que yo pensé “¿Dónde está el dinero? ¿Dónde está la mafia? ¿Quién controla aquí el cotarro?”. En el teatro existe una mafia, que son los que tienen el dinero, que controlan las convocatorias de subvenciones, tienen los contactos con los partidos políticos y lo manejan todo. Así que pregunté, encontré al jefe y yo me fuí a hablar con él.

¿Quién es “el jefe”? ¿Se puede saber?

Mejor no te lo digo que me hundes. Pues él me dice: “Semo, te conocemos todos. El Antic existe porque nosotros queremos que exista”. Yo les caía bien porque soy una tía de la calle, no soy una pija. Y sigue: “Existe una cosa que se llama nuestro banco”. Pues el tío hizo una llamada al Institut Català de Finances (ICF), que es el banco de la Generalitat, que se dan el dinero a ellos mismos y luego ni lo devuelven, y así conseguimos el crédito. Y a partir de entonces ya supimos que teníamos un padrino. Y me di cuenta de ese poder. Si hay alguien que no quiere que tu proyecto exista, tu proyecto no va a existir. Esto es así. Hay gente en las instituciones, funcionarios que se tiran ahí muchos años, y que creen que el dinero es suyo. Y quizás no son corruptos, pero deciden los cargos a dedo y toman las decisiones. Y pueden bloquear tu proyecto, y tu estás o no estás porque hay alguien que así lo decide.

En el teatro existe una mafia, que son los que tienen el dinero, que controlan las convocatorias de subvenciones, tienen los contactos con los partidos políticos y lo manejan todo.

E, incluso así, hubo mucha gente que pensaba que estas reformas no las íbamos a acabar, nadie daba un euro por nosotros. Porque en las instituciones había gente que no quería vernos ahí. Siempre hay alguien que frena, “ya está aquí esta punki pidiendo otra vez”. Pues pido lo que es nuestro, yo pago más impuestos que vosotros. Como si ese dinero fuera suyo. Hay que entender que las subvenciones no son un dinero que te regalan, es dinero que estamos pagando nosotros, es nuestro.

¿Cuanto tiempo estuvistéis cerrados?

Bueno, la reforma tardó unos diez años, pero no estuvimos cerrados, el bar siempre funcionó. Eso sí, pillamos un local en Sant Adrià de Besós, Adriantic, de 500m2, donde estuvimos programando durante el año y medio que no teníamos sala para programar.

En 2011, cambió el gobierno del Ayuntamiento de Barcelona y entra Convergència i Unió (CiU), después de 32 años de gobierno del PSC. Pues una de las primeras cosas que hacen es una redada en el Antic. La gente en la terraza fumaba porros, y supongo que algun trapicheo habría, de algun camello del barrio, pero a nosotros nos daba igual. Pues salió en el periódico al día siguiente que el Antic era un sitio de compra y venta de drogas y salía un tío esposado en la foto. Estábamos acabando las obras y solo en el primer año de CiU tuvimos 4 avisos de precinto del teatro. Nos lo querían cerrar pero no lo consiguieron, acabamos los obras. En el 2014 conseguimos la licencia definitiva, imagínate lo que nos costó.

Las 40 guitarras eléctricas del espectáculo ‘Anarchy’

¿Y cuando haces tu espectáculo ‘Anarchy’?

En el año 2016 a mi personalmente me pasan cosas bastante trágicas. Desde el año 2011 o 12 yo salía con Marco, un punk de la época que había estado en la banda Acció Directa. Él era marinero, y vivía en un barco. Pues como yo ya había acabado la reforma en el Antic, Marco me dice que su sueño es cruzar el Atlántico en velero. Y yo ni puta idea del mar, pero como soy muy aventurera le digo: “Hagámoslo”. Así que pasamos de verano a diciembre del 2013 preparando el barco y le digo a la peña del Antic que me voy. En el Antic hay un equipo y yo no soy imprescindible, eso significaría que el proyecto es fallido. Y yo quiero libertad. Así que en diciembre de 2013 zarpamos y cuando llegamos a San Blas, en Panamá, era mayo de 2014. En el mar siempre dependes del tiempo que haga. Por ejemplo, para volver de América, del Caribe, tienes unos meses para volver, mayo o junio, porque luego hay huracanes y mal tiempo. Pues nosotros cuando llegamos allí ya era tiempo de volver. Así que le dije a Marco de dejar el barco ahí, volver, trabajar medio año y luego ir a buscar el barco y tomarnos otro medio año para volver. Entre una cosa y otra no volvimos a Panamá hasta enero de 2015, arreglamos el barco y luego fuimos a Cuba a finales de marzo, donde pasamos un mes y medio, y luego teníamos pensado ir a las Bahamas, luego a las Azores y finalmente volver a casa. Pero en Bahamas se nos rompió el piloto automático y nos vimos obligados a hacer parada en los Estados Unidos, en Charleston, Carolina del Sur. De ahí queriamos subir por unos canales hacia el norte y coger una corriente que te lleva a las Azores. Pues el 15 de junio zarpamos de Estados Unidos rumbo a las Azores y yo estaba haciendo la guardia y cuando bajo a la cabina a despertar a Marco para hacer el cambio de guardia me lo encuentro muerto, de un ataque al corazón. Yo flipando. Imagínate, yo no soy marinera. Por suerte estábamos a solo 100 millas de la costa y en una ruta transitada. Así que salgo a cubierta y veo una luz a lo lejos y los llamé por radio y me rescató un barco mercante enorme, un cementero. Tuve mucha suerte, porque me llega a pasar fuera de esta ruta y yo no lo cuento. Al final vinieron los guardacostas y me llevaron de vuelta a los Estados Unidos, y de ahí volví a Barcelona. Este hecho cambió mi vida radicalmente.

¿En qué sentido?

En todos los sentidos. Yo era la mujer más feliz del mundo. Cuando estás en un barco sola con otra persona tanto tiempo se crea una relación muy intensa. Tienes que estar super relajada para aguantarlo, estás en un barco todo el tiempo, si te enfadas no te puedes ir a ningún sitio. Y yo ya no quería hacer nada más, solo navegar el resto de mi vida con Marco. Así que te cambian todos los valores.

Pero vuelves y sigues igual, no?

Bueno, en el 2016 vuelvo y la compañía Societat Doctor Alonso, de Sofía Asencio y Tomàs Aragay, me ofrece hacer esta performance, un solo, que se llama ‘Anarchy’ en el cual yo era la única actriz-bailarina y el público tenía 40 guitarras eléctricas que podían usar en directo. Al principio no quería hacerlo, porque estaba baja de forma, había engordado, pero al final me convencen y me voy para Pontós, en Girona, donde viven ellos, y empezamos a ensayar en Bàscara, en un teatrillo. El espectáculo es mío, todo el texto y los materiales los cree yo. Como decía al principio de la entrevista para mi era muy importante hablar de esta revolución anarquista catalana del 1936, que vuestros niños no aprenden y de la que yo había aprendido en la escuela de Yugoslavia. También hablo de Orwell y de ‘Homenaje a Cataluña’ y luego lo junto con mi época punk, porque es cuando vuelve un poco el pensamiento o el concepto anarquista después de muchos años de estar olvidado. En un año hice este espectáculo setenta veces.

¿Y en que andas ahora?

Pues sigo luchando por el Antic. Ahora que hemos hecho todas las reformas el propietario lo quiere recuperar. Y estamos con Barcelona en Comú que no nos quieren ayudar. Cuando llegaron al poder yo pedí cita con Gala Pin [Regidora del Distrito de Ciutat Vella en la anterior legislatura] para hablar con ella del teatro y no me quiso recibir, me mandó a su técnico Jordi Rabassa. Pasan cosas que no son normales. Si tu has invertido tanto dinero en este proyecto, que hace tantas cosas para la cultura, no es normal que no tengamos interlocutor.

¿Y no estás un poco cansada de luchar?

No. ¿Pero yo por qué estoy luchando? Somos el único sitio que da una oportunidad a la gente que busca su propio lenguaje, que hacen creaciones propias. Y somos multidisciplinares. La base del proyecto neoliberal en cultura es la sectorización del arte. Y esto implica que los diferentes artistas no se juntan, se convierten las diferentes escenas en un ghetto y se uniformiza el discurso. En el Antic eso es lo que buscamos: juntar a gente que hace cosas diferentes, evitar convertirnos en un ghetto. Somos un centro social y cultural, con teatro, bar y terraza, y para nosotros el trabajo en el barrio es super importante, es un proyecto comunitario. Cuando hablamos de arte y política nos referimos a que nosotros a nuestras vecinas, estas señoras mayores que viven solas, una con silla de ruedas, con ochenta años, las vamos a buscar y las traemos a bailar al escenario de l’Antic Teatre. Somos una comunidad super libre, de creación y experimentación, de busca de un lenguaje propio. Y nada de teatro clásico ni de gente muerta. Nada de Shakespeare, solo gente viva. Y somos los únicos que hacemos esto y aquí estamos, luchando. Y esto es una decisión política, y estamos buscando una ayuda en ese campo que haga de esta lucha nuestra su lucha. Y eso ahora no lo tenemos. Y de eso depende que cuando se nos acabe el contrato, en cinco o siete años, sigamos en Barcelona o nos vayamos a la mierda.•

En Sandy Island (Carriacou, Caribe). Foto: Marcos Ribera

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