34 Bienal San Pablo: Estudios Africanos y Negritud. 5 preguntas a Manthia Diawara

Maria Pichot
Sep 11 · 11 min read
Manthia Diawara

Ya inaugurada, la Bienal de San Pablo trae la posibilidad de conocer a Manthia Diawara (Mali, 1953)escritor, realizador cinematográfico, académico e historiador de arte también Profesor en la New York University y Director del Instituto de Asuntos Afro-Americanos. Charlamos con él via mail.

Una opera del mundo. Portugal 2017

Maria Pichot: Su escolaridad tuvo lugar durante los cambios acaecidos por la independencia bajo el gobierno de Sekou Toure, Ud. reconoce haber sido influenciado por la mirada de S.T. sobre cuestiones mundiales. Mas tarde otro proceso tuvo lugar con la aparición de los Estudios sobre Negritud en E.U. ¿Se pueden comparar ambos procesos?

Manthia Diawara: Si. Creo que sí. La Revolución en Guinea siguió el modelo de la Revolución Francesa bajo la premisa de “Libertad, Igualdad, Fraternidad”. Notablemente la Revolución Haitiana quiso lo mismo para el pueblo de Haití. Sekou Toure fue entrenado como un líder de sindicato por el Partido Comunista Francés de Ultramar, antes de su participación en la lucha por la descolonización e independencia en Guinea. Cuando éramos jóvenes por aquel entonces, a fines de los cincuenta, admirábamos a Sekou Toure por su manera de vestir y de hablar; y más que nada por su desafío al gobierno colonial francés en África. ¡Su manera de decir “No”! al General de Gaulle y al colonialismo sonó fuerte a través del entonces África Occidental Francesa. Resultó la más elocuente declaración imaginable en ese momento. El jovencito que yo era en aquel momento entro por primera vez a la conciencia de mí mismo como igual a cualquier persona de raza blanca.

La misma impresión me causaron los Estudios sobre Negritud en E.U., al marginalizar ciertos autores blancos y abrir mi imaginación a los trabajos de W.E.B.Dubois, Angela Davis, Malcom X, Zoea Neale Hurston,Toni Cade Bambara, Eldridge Cleaver y Richard Wright. Así, en África activistas desafiantes como Sekou Toure y Patrice Lumumba me dieron la impresión o la intuición sobre mi valía, como ser humano; y en los E.U. aprendí a pensar y expresar mi activismo en la manera y estilo del ser negro, con derechos, en Norte América.

MP: Diría Ud. que ha crecido junto al proceso de descolonización? Se mudó de África a París y luego a los E. U. ¿Como le afecto el proceso de adaptación como artista y como este procesa ha influido en su obra?

MD: Mi infancia transcurrió durante los movimientos de descolonización en África. No entendía su significado, pero podía percibirlo y lo he atravesado intuitivamente y en mis acciones. Conocí y bailé las canciones más populares “Independance Cha Cha,” (Grand Kalle y African Jazz), “Table ronde,” (Grand Kalle and African Jazz), y “Chemin du P.D.G.” (Bembeya Jazz National). Cuando me fui de Mali (1970–72) no sólo esas canciones alimentaban mi sentido de rebelión contra toda manifestación de colonialismo, racismo e imperialismo, también Rock&Roll, R&B así como canciones folclóricas de Francia, Reino Unido y E.U. Me gustaban las películas clase B y poetas como Lautreamont, Baudelaire, y Rimbaud. Creo que dejé Francia para irme a E.U. principalmente porque chocaba contra barreras raciales que no me permitían vivir ni experimentar la vida como la había aprendido en libros, canciones o películas que me había hecho soñar con Paris. Eran los tiempos en que la guerra de Vietnam estaba acabando y había canciones que venían de América como “Bring the Boys Home” (Freda Payne, “What’s Going On,” (Marvin Gaye), y “Freedom” (Richie Heaven). Instintivamente quería ser parte de esa América, la de Artha Franklin, James Brown Mohammed Ali and Angela Davis, et.al. No quería quedarme en Francia esperando a que los franceses quisieran darme permiso para hacer tal o cual cosa. Quería ser parte de un movimiento y actor en el momento sin que nadie me juzgara por mi origen o el color de mi piel. Esto no significa que yo fuera ingenuo acerca de los E.U. tan conocidos por el KKK, el sistema de Jim Crow así como otras demostraciones públicas de supremacía blanca. Mirando ahora hacia atrás en el tiempo debo admitir que fui un romántico acerca de las hermosas imágenes de Angela Davis Muhammed Ali y los Black Panthers imaginándome parte de su lucha. Todavía creo que, en cuestiones de lucha contra el racismo, prefiero pelearlo en América donde está ahí afuera, para ser visto y permea todas las instituciones más que en Francia, donde cada uno niega con ojos tapados cuando se trata de lo que Fanon llamó la experiencia vivida de ser negro en Francia. No sorprende que sea Francia y no África o los E.U. que produjeron Cesaire, Fanon y Glissant tres de los pensadores más influyentes sobre descolonización y estudios poscoloniales. Yo era como un personaje en un bildungsroman viajando de África a Francia y luego a E.U.

MP: Considerando los cambios culturales según se dan en el tiempo, ¿existen hoy a la manera de Jean Rouch, nuevos realizadores de películas que influyan sobre el modo de pensar en Africa y en Guinea?

MD: Africa de Jean Rouch era una Africa respetuosa de la tradición y del medio ambiente, una Africa temerosa del cambio. En sus films, Rouch empleó al humanismo africano para criticar la modernización donde pudo. Se podría decir, que Rouch, como parisino, necesitaba de Africa para humanizarse a sí mismo, fuera de la velocidad del tiempo, de las máquinas con sus violentos sonidos, y de toda burocracia que vuelve a las personas insensibles ante el sufrimiento de otres.

Algunos contemporáneos de Rouch como Sembene Ousmane ya cuestionaban la idea que Rouch tenía sobre África. Sembene quien insistió en que fueran los mismos africanos los actores de sus propias historias, acusó a Rouch de filmar a los africanos como un etnologo estudiaría hormigas… podemos apreciar la influencia lúdica ,del lenguaje fílmico de Rouch, con momentos surrealistas y personajes maravillosos, en directores de Africa Occidental como Idrissa Oudraogo, Djibril Diop Mambety y Abderrhamane Sissako. Sólo la influencia de Sembene en el cine africano contemporáneo es mucho más importante. El padre que todo realizador cinematográfico africano “desearía matar” es Sembene, no Rouch.

MP: Ud. nos ha dicho “Fanon me enseño como pensar y Glissant me liberó” Que otros nuevos pensadores mencionaría Ud. Hoy como relevantes, si los hay.

MD: Me quedo con Glissant cuyo trabajo nos pide entrar en la conciencia planetaria, más allá de ideologías opuestas para buscar las nuevas estéticas de la solidaridad con el ambiente. Glissant dice “Agis dans ton lieu et pense avec le monde.” Lo cual nos invita a cada une de nosotres a convertirnos en agente histórico, con el interés puesto en mantener el equilibrio del planeta.

Son muchos los pensadores y realizadores contemporáneos, artistas que me gustan mucho. Adoro las imágenes impresionistas y los videos reflexivos de John Akomfrah, Fatou Diome y Chimamanda Adichie y Ben Okrie entre mis escritores favoritos.

MP: De los ´60 para acá, “black is beautiful” se convirtió en declaración, sin embargo, para Ud. Belleza es el emsamble de las diferencias. ¿Cómo relaciona su idea de belleza con “black is beautiful”?

MD: Crecí con imágenes Negras en positivo. Entiendo que a veces podemos encontrarle el filo radical a la afirmación “black is beautiful”. Resulta casi equivalente a “Las Vidas Negras Importan” en la manera en que el negativo se vuelve positivo y se celebra. Anteriormente a estas dos expresiones, teníamos el Movimiento Negritud y el Renacimiento Harlem.

Sin embargo, lo que resulta peligroso es el esencialismo que hace presa de tales afirmaciones, Así como la celebración del “Same” (Mismo) o que la pureza racial carece de creatividad y hasta podrían derivar en condicionamientos atávicos -se vuelve claro que sostener lo ‘Otro”, por más especial que sea, tiene sus límites.

Aqui es donde encuentro cualquier argumento de arte que se base en la nueva terminología de “Black Embodiment” (Corporalización Negra) igualmente retentivo y tribalístico. No está lejos de la apropiación tanto positiva como negativa de los estereotipos de uno mismo, al aplauso de los grupos imperialistas y dominantes. No creemos que las diferencias deban estar separadas por paredes impenetrables ni machetes. La supervivencia del planeta depende de la combinación de las diferencias, y la belleza la encontramos en zonas de contacto, puntos de confluencia. (Trad. María Pichot)

Versión en Inglés en las palabras del entrevistado:

You went to school in Guinea during changes brought about by Independence under the government of Sekou Toure. You said your mind has been shaped with the way S.T. saw the world. Later, another process took place with the upcoming “Black Studies” in U.S.A. Do these two processes compare?

Yes, I believe so. The Guinean Revolution was modelled after the French Revolution, within the premise of “Liberté, Égalité, Fraternité.” Interestingly, the Haitian Revolution wanted the same things for the Haitian people. Sekou Toure was trained as a trade union organizer by the Overseas French Communist Party, before he joined the struggle for decolonization and independence in Guinea. When we were young in Guinea, in the late fifties, we used to admire Sekou Toure, for the way he dressed and spoke; and most importantly, for his defiance of French colonial rule in Africa. His saying “No!” to General de Gaulle and to colonialism rang loud throughout the then “Afrique Occidentale Française.” It was the most eloquent statement anyone could have imagined at the time. The young boy that I was then, it was my first entry into consciousness of myself as equal to any white person.

Black Studies in the US had the same impression on me, by marginalizing some white authors and opening my imagination to the works of W.E.B. Dubois, Angela Davis, Malcolm X, Zoea Neale Husrton, Toni Cade Bambara, Eldridge Cleaver and Richard Wright. So, in Africa, defiant leaders/activists, like Sekou Toure and Patrice Lumumba gave me the impression or the intuition of my worth, as a human being; and in the US, I learned to think and express my activism in the mode and style of being black, with rights, in America.

· Would you say that you grew alongside decolonisation? You moved from Africa to Paris and then to the U.S. How did that acomodomation process affect you as an artist and how did it shape your art?

I was a child of the decolonization movements in Africa. I did not know what that meant, but I could feel it, I went through it, intuitively feeling it and acting it. I knew and danced to the most popular songs then: “Independance Cha Cha,” (Grand Kalle and African Jazz), “Table ronde,” (Grand Kalle and African Jazz), and “Chemin du P.D.G.” (Bembeya Jazz National). By the time I left Mali, (197–72), my senses of rebellion against any manifestation of colonialism, racism and imperialism were nourished, not just by these songs from Africa, but also by Rock&Roll, R&B and folks songs from France, UK and America. I liked B movies and poets such as Lautreamont, Baudelaire, and Rimbaud. I believe that I left France for the US, largely because there were barriers placed in front of me — racist barriers — that did not permit me to live and experience life as I had imagined it in the books, songs and movies that made me dream about Paris. It was the time when the Vietnam war was coming to an end and there were songs about it, coming out of America, like “Bring the Boys Home” (Freda Payne, “What’s Going On,” (Marvin Gaye), and “Freedom” (Richie Heaven). Instinctively I felt that I wanted to be part of that America: the America of Aretha Franklin, James Brown, Mohammed Ali and Angela Davis, et.al. I did not want to stay in France and wait until the French gave me the permission to do this or that. I wanted to be a part of a movement and an actor of a moment, without people judging me by my origin or color of my skin. Of course, this was not to say that I was naive about America, which was notoriously known for the KKK, the Jim Crow system and other public displays of white supremacists. Looking back now, I have to admit that I was romantic about the beautiful images of Angela Davis, Muhammed Ali and the Black Panthers; and I had imagined myself as a part of their struggle. I still believe that when it comes to racism, I’d rather fight it in America where it is out in the open and permeates the institutions, rather than be in France where everyone one is in denial and blindfolded when it comes to what Fanon called the lived experience of Black people in France. No wonder then that It’s France, and not Africa, or the United States, that produced Césaire, Fanon and Glissant, three of the most influential thinkers of decolonization and postcolonial studies.I was like a character in a bildungsroman, traveling from Africa to france and then to the US.

After Jean Rouch, considering the culture changes in time, art there today any new film makers influencing the way of thinking in Africa? In Guinea?

Jean Rouch’s Africa was an Africa that was respectful of tradition and the environment; an Africa that was afraid of change. In his films, rouch used African humanism as a critique of modernization everywhere. One can say that Rouch, as a Parisian, needed Africa to humanized himself, away from speed of time, the machines and their violent sounds, and all the bureaucracies that render people insensitive to the suffering of others.

Rouch’s idea of Africa were already challenged by his contemporaries such as Sembene Ousmane who insisted on portraying Africans as actors of their own histories. Sembene accused Rouch of filming Africans like an entomologist studying ants.. Sd can still see the influence of Rouch’s playful film language, with surrealist moments and marvelous characters, on West African directors such as Idrissa Ouedraogo, Djibril Diop Mambety and Abderrhamane Sissako. But Sembene’s influence on contemporary African cinema is much more important. The father that every African filmmaker wants to “kill” is Sembene, not Rouch.

· You have said, “Fanon taught me how to think and Glissant liberated me”. What new thinkers other than them, would you mention today as relevant, if any.

I am still stuck on Glissant whose work asks us to enter into a planetary consciousness, beyond oppositional ideologies, and search for the new aesthetics of solidarity with the environment. Glissant says: “Agis dans ton lieu et pense avec le monde.” This invites everyone to become a historical agent, with a stake in maintaining the equilibrium of the planet.

There are many contemporary thinkers and makers , artists that I like a lot. I love the impressionistic images and reflexive videos of John Akomfrah. Fatou Diome and Chimamanda Adichie and Ben Okrie are among my favorite writers. I will name just a few in the visual arts: David Hammons, Helen Gallagher, Julie Mehretu and Cheikh Ndiiaye.

· From the 60s onwards the “black is beautiful” became a statement, but to you beauty is the assemblage of differences. How do you consider the latter concept of “black is beautiful” in this case?

I grew up on positive Black images. I think that one could sometime find a radical edge in the statement: “Black is beautiful.” It’s almost the equivalent to “Black Lives Matter,” in the manner in which the negative is turned into a positive and celebrated. Before these two expressions, we had the Negritude movement and the Hartlem Renaissance.

What is dangerous, however, is the essentialism that is always preying on such statements. Just as the celebration of the “Same,” or racial purity is devoid of creativity — and could even lead to atavistic conditions — it also becomes clear that upholding the “Other” as special also has its limits.

This is where I find any argument or art based on the new terminology of “Black Embodiment” as equally retentionist and tribalistic. It’s not too far removed from appropriating positive and negative stereotypes of oneself, to the applaud of the dominant and imperialistic groups. Differences are not supposed to be surrounded by impenetrable walls or separated by machettes. The survival of the planet depends on assembling differences; and beauty is found at their contact zones, their points of confluence.