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De Milton, Lautréamont, Lamborghini y otras yerbas

Este texto es una excusa para escribir sobre estos tres autores: John Milton (del que leí “El paraíso perdido”), el Conde de Lautréamont (del que leí “Los cantos de Maldoror”) y Osvaldo Lamborghini (del que leí “El Fiord”).

La idea es encontrarles un hilo conductor, que creo haber reconocido cuando los leí a los 3. Como la lectura fue en un lapso de tiempo bastante largo (habrán pasado 10 años entre el primero y el último) y sin un plan sistemático (sino siguiendo el derrotero de la literatura hedonista de la que hablaba Borges), es muy probable que ese hilo conductor esté cortado, o bifurcado o trifurcado o nfurcado.

John Milton fue un escritor del siglo XVII, nacido en Londres, republicano y uno de los mayores exponentes de la literatura inglesa de todos los tiempos. Como mencioné, leí de él “El paraíso perdido” y la verdad que me voló la peluca. La historia cuenta cómo Satanás, cansado de ciertas derrotas dolorosas y con no pocos problemas internos con el resto de la muchachada diabólica, deciden vengarse de Dios, por intermedio de esas 2 nuevas criaturas que aparecieron en la Creación: Adán y Eva. Literalmente es un comic del siglo XVII.

El Conde Lautréamont fue un escritor del siglo XIX, nacido en Montevideo (¿podemos considerarlo parte de las letras rioplatenses?). Es tal vez el arquetipo del escritor maldito y que muere joven (a los 24 años). “Los cantos de Maldoror” es su obra más conocida y la única que leí de él, pero alcanzó para que su literatura ocupe un sitial de preferencia en mi apreciación literaria. Maldoror es una especie de demonio que odia a la humanidad y a dios y que se embarca en mil maldades, entre las que no falta el canibalismo donde la comida son los niños. Fuerte.

Osvaldo Lamborghini fue un escritor del siglo XX, argentino y peronista. Es, tal vez, un escritor de escritores. Era el hermano de Leónidas Lamborghini (del que no leí nada), otro poeta peronista. “El Fiord” es una obra alucinante, casi tan violenta y porno como las obras del Marqués de Sade. Trata sobre un parto, un nacimiento, plagado de torturas de todo tipo, sexo hardcore y violaciones, política y algo más. Nunca pude entender exactamente de qué trata, pero su lectura me llenó de asombro (no diría de placer). Una lectura adictiva, es imposible dejar de leer si se entra en el ritmo del texto.

No tengo ninguna certeza, pero es probable que Isidore Ducasse (el conde uruguayo) haya leído a Milton. Si tomamos en cuenta que durante el siglo XIX los Románticos descubrieron a autores del siglo XVI y XVII como Marlowe, Shakespeare o Milton, es entonces muy probable que Lautréamont los haya conocido. Hay cosas de Maldoror que parecen tomadas del Satanás del Paraíso Perdido. Lo mismo podemos decir de Lamborghini; no tenemos ninguna certeza que los haya leído (a Milton y al falso conde), pero es muy probable. Al fin y al cabo los surrealistas (que evidentemente tuvieron algún grado de influencia sobre el escritor argentino) fueron los descubridores del poeta uruguayo.

Los 3 protagonistas de las obras mencionadas están vinculados, al menos en la maldad. Hay algo del Satanás de Milton en el Maldoror de Lautréamont; ambos están muy resentidos con el mundo, en el primer caso hay una lucha de poder donde el antagonista de Dios, en el segundo hay una cuestión clara de resentimiento. El Loco Rodríguez de Lamborghini, al igual que Maldoror, no parece tener un claro antagonista (que no sea el mundo y todo lo que lo rodea), aunque más que por el odio, parece estar guiado por un placer vinculado con el daño y el dolor. Los 3 protagonistas se regodean en el padecimiento, unos por venganza, en otros no está muy clara cual es la causa.

Hay una progresión de la violencia en los 3 relatos. En el caso de Milton, el odio está claramente dirigido a un solo foco; en el caso de Lautréamont, el odio está dirigido a toda la humanidad; en el caso de Lamborghini, el odio desaparece y aflora el placer por el mal.

Sospecho que estos autores no son para cualquiera en cualquier momento y no lo digo desde una perspectiva elitista o algo similar, sino basándome en experiencias en las que recomendé, a quien en principio quería leer cosas de horror, alguno de los 3 textos. No hubo chance de que lo soportaran, no pudieron terminarlos. Tal vez Milton sea el más leve para un lector del siglo XXI. Con Lautréamont ya la cosa se complica. Lamborghini tiene demasiada violencia cercana (a pesar de lo fantástico) y puede ser traumático para quien no esté preparado.

La literatura es así, no todo texto es para todo el mundo y no todo texto es para todo el mundo en cualquier momento. Hay circunstancias que hacen que un libro nos atrape, más allá de su calidad literaria y como decía Borges, no hay que forzar las lecturas, no hay libros que “deban” ser leídos, sólo tiene que haber libros que nos den placer. La única regla válida entonces es la de la literatura hedonista.

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