Dogman: la vuelta de Besson

Csaba Herke
Leedor
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5 min readJan 4, 2024

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Voy a aprovechar la oportunidad para afirmar lo siguiente: El perfecto asesino (León, El profesional, Luc Paul Maurice Besson, Fran, 1994 ) nunca me gustó y mucho menos cuando la vi por primera vez, tampoco así Nikita (Nikita, franco-italiana,1990).

Lo dicho anteriormente, cobra forma en Valerian (Valérian et la Cité des mille planètes, Luc Besson, Fran, 2017) coproducida por su esposa; Virginie Besson-Silla. Basada en la serie francesa de ciencia ficción Valérian y Laureline, escrita por Pierre Christin e ilustrada por Jean-Claude Mézières; una de las grandes historietas de mi infancia. Como decía Besson la convirtió en un despropósito de racismo y machismo; eso sí, con un muy logrado y emotivo inicio, pero en el que hay que prestar mucha atención tanto a la conversación entre Valérian y Laureline, y a la larga secuencia de saludos entre los invitados a la estación espacial presentados rimero como diversas países para luego enterarnos que son clturas, que son razas…ya que para sorpresa del espectador, le da igual tratamiento visual a un extraterrestre que a un integrante humano de un paí Euroasiático o al de un supuesto y distópico país con una organización exclusivamente femenina. Esto, sólo como ejemplo de las ideas evolucionistas y misóginas del director (la URSS o Rusia, brilla por su ausencia) y como si no fuese poco, sus bellos seres primordiales hacen alusión al trabajo fotográfico de Leni Riefenstahl: “Los Nubas” que, en manos de cualquier otro hubiese sido sin más, vapuleado por lo oprobioso. De todos modos, y para ser justos, alguna vez leí que alguien escribió (me sabrá disculpar mi olvido) que Besson es lo peor que le pudo pasar al cine francés.

Es cierto que Luc Besson maneja muy bien la épica, sabe elegir actores, es sentimental, pero políticamente, hmm políticamente bordea siempre una incorrección que no es una incorrección que deconstruye el discurso hegemónico, sino que, al tiempo que es una ilustración violenta, no deja de resguardar los valores establecidos o más bien lo que hoy se está soslayando bajo la denominación de nueva derecha. Siempre teniendo en cuenta que los valores de la derecha y ultraderecha ya no son los de un racismo simplista o misoginia descubierta; sus acólitos están atravesando un período de búsqueda de identidad convocante, la que hoy podría llamarse “anarco libertarios” y todo ésto sin hacerse cargo del famoso texto de Pessoa. Si en el pasado la “locura” de Hitler era sobria y diseñada por Hugo Boss, ahora emerge un líder que se resulta de una cruza entre el Joker, Aquaman y por qué no también Dogman (el joven nerd o freak, dependiendo cómo se perciba encerrado en su cuarto frente a supercomputadoras y conflictuado con los padres, odiando al mundo porque no es lo que él quisiera que sea).

A simple vista a Besson parece interesarle principalmente el amor, de cómo se presenta en toda forma y lugar y que a pesar de todo, “el amor siempre triunfa”; el problema es que estoy seguro que Rudolf Höss, y otros tantos a lo largo y ancho del mundo, amaba a sus cinco hijos, a su esposa, sus perros y por supuesto a su Führer y su patria; y todo ello era para él, justificativo para cometer los más aberrantes crímenes que ahora los nuevos cánones educativos que tienden a no perturbar la noble alma de los educandos, pasan a ser una narrativa clausurada o convertidas en simpáticos memes. Para no ir a otras tierras, ¿acaso no creen que los torturadores de “la Perla” o de cualquier otro campo de exterminio en la Argentina no tenían afectos y seres “queridos” que no merecen memes también?

Besson está lejos de Herzog y su Gaspar Hauser, o del Hombre elefante del anti industrialista David Lynch (aunque éste sea un reaccionario de derecha); víctimas ellos de una forma de conocimiento decimonónica y que se creía superada.

Douglas (Caleb Landry Jones) de evidente similitud con Philip Seymour Hoffman, (podría haber sido él mismo), es más cercano a la figura de un Punisher, o a un archivillano de Arkham Asylum.
Si la historia, está basada en hechos reales, éstos quedaron sepultados bajo toneladas de idealizaciones románticas de las relaciones entre perros y humanos, una visión maniquea entre sociedad e individuo, tal como la absurda comprensión de los procesoa sociales a los que Disney nos tiene acostumbrados.

Entre la sordidez del trato abusivo y la delación (parece que ahora, el mito fundante de un joven va a ser un padre abusivo y un hermano delator), pareciera que hay un cine que está buscando dar con un arquetipo de persona que sea el arquetipo de líder futuro, aunque el aporte de Besson sea inconsiente, esa inconciencia se realiza en el espíritu de la época.

Personas que se “hacen solas” cuyo hermano representa las viejas formas de abuso y delación intrafamiliar, el nuevo sujeto se construye a partir de la marginalidad, ya no es el epicentro que le permite emerger, sino que es la periferia (en este caso los Drag podrían ser gamers, o cualquier otra tribu) los que posibilitan su ascenso.

Hay que aclarar que la elección de la figura del Drag no es menor. El mismo se enarbola como resiliente, disidente del sistema de valores patriarcales. En EEUU, en particular, el Drag es sinónimo de resistencia.
Si la fascistización de la modernidad nos daba Punisher, la fascistización de nuestro tiempo es la figura de Dogman, donde el colectivo humano, los gremios o la solidaridad revolucionaria quedan reducido a una manada de perros, la revulsividad de la figura del Drag a algo pintoresco y divertido, triste como mucho, algo a lo que los propios drag han contribuido.

todo lo nuevo queda sepultado porque sigue siendo la violencia el lugar donde se dirimen las diferencias, desgraciadamente parece que Besson no ha evolucionado desde El profesional. Vuelve una y otra vez sobre lo mismo, nos dice que, resignados a la realidad, aceptemos la violencia como parte de nuestra existencia, que ella nos trasciende (en su Juana de Arco, ella es consciente que está fascinada por la guerra, cristo sólo se lo recuerda); cosa que a mi modesto criterio, justamente, debiera ser todo lo contrario, incluso los más pacifistas extraterrestres que de tan evolucionados viven en una (absurda) comunión con la naturaleza y como ya dije, extrañamente similares a los nubas quedan finalmente atrapados por la violencia, ¿es el imaginario de Besson el pasado arquetípico que ilustra en su film, visión del SXIX del buen salvaje?.

Las historias que Besson cuenta son cuentos de hadas, lo mostró una y otra vez, incluso El Profesional o Nikita pueden verse como Arthur y los Minimoys y sus secuelas; es indudable que sabe elegir actores (en Arthur desfilan desde Lou Reed hasta Iggy Pop), sabe dirigirlos; es un buen director, sabe tomar de aquí y allí temas clásicos y esconderlos dentro de sus films, tomar como si nada, cosas que están ya en el aire o en alguna historieta del tercer mundo; lástima el concepto que tiene de la realidad, donde pone el foco del conflicto, los golpes bajos, la manipulación del espectador, creando situaciones sentimentales que fuerzan la empatía del espectador, todo ello ocultarlo en films, que más que de ficción y fantasía, son películas que describen un tipo de mundo que, indudablemente ni es el mio, y espero, que nunca sea el mundo del futuro.

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