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El hábito hace a la monja, o películas de parroquia

Por Abel Posadas

Durante toda su historia el cine manufacturó las películas de parroquia. Entre los habitantes de esos tinglados se encontraban las monjas, siempre al servicio del prójimo. Humildad, obediencia y castidad eran sus votos que permanecían con ellas hasta el viaje al otro mundo. Serias o risueñas, estas criaturas se ofrecían al espectador como encarnación de una virtud inapelable. En el siglo XXI no son tan frecuentes, aunque pueden aparecer si logran transformarse en redituables.

Casi todas las cinematografías, en diversos períodos, han permitido que los hábitos desfilaran por la pantalla. Desde el momento en que ya no hay un mercado para las películas de parroquia, estas figuras se muestran renuentes a mostrarse en el mundo de la imagen en movimiento. Esto no quiere decir que en cualquier momento se encarguen de protagonizar una serie para alguna cadena oligopólica de TV.

Si ahora carecen de prensa, estuvieron omnipresentes durante el siglo XX y a tal punto que fueron disecadas para ofrecerlas antes los ojos de ávidos espectadores. Cuando se quiere investigar el mundo que habitaron, al menos en el celuloide, comienzan a caer los títulos y, por fuerza, es necesario elegir algunos, no muchos porque no se trata ni siquiera de una tesina. Es simplemente un artículo meramente informativo no ausente de soberbia. El partido lo juegan cuatro países, a saber:

Estados Unidos con HISTORIA DE UNA MONJA (Fred Zinnemann, 1959)

Polonia con MADRE MARÍA DE LOS ÁNGELES (Jerzy Kawalerowicz, 1961)

Francia con LA RELIGIOSA (Jacques Rivette, 1966),

España con EXTRAMUROS (Miguel Picazo, 1985)

Y, por el momento, nos quedamos con estas cuatro. Porque hay que trabajar.

EN EL PRINCIPIO NO FUE ALDOUS HUXLEY

En 1952 Aldous Huxley publicó Los demonios de Loudun, un libro que se ocupaba de ciertos acontecimientos ocurridos en esa localidad francesa. Las monjas de un convento habían sido, supuestamente, poseídas por los demonios. El texto se encuentra traducido al español en PDF y cualquiera que necesite aburrirse accede a él fácilmente. Por supuesto, esas páginas sobreentendían películas. Pero no en los años 50. Se hicieron más tarde y no pocas lograron hilvanar abundantes carcajadas.

En los años 50, hubo un éxito sin precedentes en el tema y se llamó HISTORIA DE UNA MONJA. Como las otras tres, ésta tiene un basamento literario: la novela de Kathryn Hulme publicada en 1956. Hulme conoció en Alemania a una ex monja y ahora enfermera sobre la que moldeó el personaje de la joven belga Gabrielle van der Mal. Y también como las otras monjas, ésta no puede cumplir con los tres votos: pobreza, castidad y obediencia. Gabrielle, se llama luego del cambio, Hermana Luc y su objetivo es ir al Congo Belga. Ciertas críticas que lanzaron sobre la película sostenían que Bélgica, país al que pertenece la protagonista, impartía a los nativos un hálito de condescendencia que ocultaba la carnicera explotación. Tal vez. Ocurre que aquí se está narrando una historia personal, que va a ocuparse del contexto en Bélgica, pero no en África. E interesa como radiografía de los años 30 del siglo pasado y del comportamiento de la Iglesia para con el séquito femenino. La coreografía está presente en ésta y en LA RELIGIOSA, con un aumento connotativo en MARÍA MADRE DE LOS ÁNGELES. Porque en el film de Kawalerowicz los esperpénticos movimientos de las monjas son, según se dice, enviones que llegan desde el infierno. En todo caso y en las tres, la disposición de los hábitos danzantes constituye una plástica singular para la visión del espectador. Si en HISTORIA DE UNA MONJA la protagonista no puede cumplir con su voto de obediencia, en MARÍA MADRE DE LOS ÁNGELES se desconoce la castidad, en LA RELIGIOSA vuelve a hacerse presente la desobediencia y en EXTRAMUROS se ausentan la obediencia y la castidad.

Si para Fred Zinnemann se hace necesaria una escenografía de exteriores llamativa que la fotografía subraya muy bien, para Kawalerovicz, Rivette y Picazo ese componente deja paso al elemento humano. Es verdad que los tres no ubican la acción en el siglo XX sino en el XVIII –LA RELIGIOSA-, en el XVII –MARÍA MADRE DE LOS ÁNGELES- y a fines del XVI –EXTRAMUROS-. Por lo tanto, se intenta no distraer al espectador con detalles de época. Así, el film polaco consigue momentos de gran sensualidad en un convento despojado y en una posada en la que bailan la hermana Malgorzata –luego Margaret- y un encantador escudero. A su vez, la madre Joan juega con las sábanas blancas y se ofrece al padre Josef mientras habla de los ocho demonios. En la película francesa, la cámara se ocupa de esconder la belleza del jardín del convento al que va a parar Simone y se ocupa del carácter dionisiaco de las novicias y de la priora. En cuanto a la muestra española, se solaza, decadencia de los Austria mediante, en una aberrante miseria que se conjuga con una obsesión por la supervivencia.

Del mismo modo, la violencia desatada, el asesinato, el suicidio o el crimen existe en las cuatro películas. La ferocidad animal se plantea como un estado que nada tiene de metafórico. Al parecer, los castigos autoinfligidos se transforman en una rabia incontenible que logran destrozar cuerpos propios o ajenos. Es cierto que el estallido de la hermana Luc llega al final, cuando decide abandonar la congregación y unirse a la resistencia. A la cuota de escarnio ya experimentada, le espera ahora una lucha contra el enemigo concreto. El padre Josef, en Smolense, Polonia, toma el hacha y, enloquecido no por los demonios sino por lo que ha experimentado frente a la priora Joan, asesina a dos mozos de cuadra. Antes, el director ha utilizado al mismo actor para que encarne a un rabino. De este modo, cuando tanto el cura como el sacerdote judío confiesan su ignorancia, la película nos entrega el final de las dos religiones. Como ambos personajes son interpretados por el mismo actor, las dos religiones, nos dice el film, naufragan en la ignorancia. Una ignorancia que campea en las estrechas miras y la hipocresía de la racional sociedad francesa que condena a Simone a que elija el suicidio. En el miserable convento español, Sor Ángela decide concluir con el hambre y hiere la palma de sus manos y propala una falsa noticia: ha ocurrido un milagro. Será condenada a muerte por la Inquisición.

Madre Juana de los Ángeles (Jerzy Kawalerowicz, 1961)

UN MOMENTO DE MEDITACIÓN

El cine logra una reflexión crítica sobre estas mujeres y, de paso, también sobre la iglesia católica y el cristianismo. Ocurre que para hacerlo se va algunos siglos atrás y recién en los años 50 del siglo XX propone una mirada que no por menos áspera se vuelve tolerante. En todo caso, la palabra es una cierta comprensión porque en HISTORIA DE UNA MONJA nunca surge el nombre del Papa, un actor principal en el teatro del nazismo. Se repite a los fines narrativos, interesa la hermana Luc. Muy diferente es la situación en el menesteroso convento español de fines del siglo XVI. Porque aquí se enjuicia a la Iglesia en su totalidad y tanto Sor Ángela como Sor Ana se presentan como víctimas de un sistema que no sólo no va a comprender su amor apasionado, sino que necesariamente lo condena. Sin embargo, el Santo Oficio pareciera preocuparse más por las consecuencias del falso milagro. También a Simone la acusarán de endemoniada porque no quiere pactar con las autoridades del clero. Cuando opta por el suicidio, Simone es ya lo que hicieron con ella: un despojo sin nombre, un cadáver para la morgue. La abadesa Joan no falla en el enganche sexual que logra con el padre Josef. A éste tal pulsión lo llevará a la locura y al asesinato.

LA RELIGIOSA (Jacques Rivette-1966)

Ahora bien: las cuatro películas elegidas tienen una sólida base literaria. Caramba, nada menos que Diderot para LA RELIGIOSA, por ejemplo. ¿Faltan en el siglo XXI novelas de este cariz que puedan llevarse al cine? O en otras palabras, esta película volvió a filmarse en 2013 con dirección de Guillaume Niclaux pero se quedó sin espectadores. También habría que señalar que las muestras detalladas tuvieron problemas con la censura en varios países. En el caso de HISTORIA DE UNA MONJA se apresuraron a enviar el guión al Vaticano. En cuanto a EXTRAMUROS, por lo menos dos ciudades españolas prohibieron su exhibición. De paso, no sólo MARÍA MADRE DE LOS ÁNGELES obtuvo premios internacionales. También las otras tres, aunque no creemos que esto sea relevante, sino que lo que importa es su perduración en el tiempo.

Estamos esperando que el cine nos entregue un estudio tallado con escalpelo de ese cuerpo colegiado que es la Iglesia, en una época también crítica y nada confiable: el siglo XXI. Para ello hay que olvidarse del antiguo horror de los conventos y también de las pasiones ofrecidas como si no supiéramos qué es lo que ocurre en un cuerpo colegiado o –riámonos- en el vestuario de una cancha de fútbol. Todo esto ya no asusta a nadie. Y, sin embargo, la sangre, el sudor y las lágrimas siguen brotando de las paredes conventuales.

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