Festival transterritorial de cine underground: sobre El exterior, de Franco Alejandro Ojeda

Csaba Herke
Apr 25 · 4 min read

Largometrajes, XVI Festival transterritorial de cine experimental por Octubre

Bravo, bravo, bravo. aplausos por mostrar que hay vida después de las selecciones oficiales de cine, que un país y su producción no es sólo lo que el un poder oficial muestra y con lo que quiere hacer campaña ideológica y política.

Desde su selección, el XVI Festival de Cine Transterritorial tiene la voluntad de mostrar que se puede contar más cosas de las que en superficie aparecen. Uno de esos films es El exterior, donde a pesar de todos los errores uno siente que hay un grupo de personas que quieren contar algo y que no hacen gala de guiños baratos, que buscan encontrar otros sentidos a pesar de que todavía no les encontraron palabras o no tienen la sintaxis apropiada, el sabor de la sorpresa de lo auténtico, siempre es saludable, amable y bueno.

Veamos por partes, la fotografía de El exterior es lo que primero me llamó la atención. Aquí ciertas desprolijidades se entienden por la dificultad del programa: realmente es difícil la fotografía de exteriores, mantener homogeneidad visual y dramática, está la presencia de esfinge de Herzog, aunque no hay que olvidar que a él mismo lo tragó el Cerro Torre. La continuidad usando lentes extremos es realmente complejo, y a favor, muchas veces y a desmedro también las posibilidades que hoy brinda la postproducción atentan algunas veces contra la continuidad cuando lo que se busca es todo lo contrario.

Con respecto al guión obviamente están presentes antes que nada Polanski,(en polaco: Rajmund Roman Thierry Polański; París, 18 de agosto de 1933) con El cuchillo bajo el agua (1962, Polonia), película fundamental sobre las relaciones, estudio sobre una pareja cuando un extraño invade la supuesta armonía, tema que desde un punto político y sociológico también toca Teorema (Pasolini, Italia 1968), de cómo “explota el interior” cuando un extranjero lo interviene; las relaciones que se pueden formar entre extraños y conocidos en un espacio de intersección entre la naturaleza y la cultura, lo cual convoca necesariamente a Herzog (Múnich; 5 de septiembre de 1942) y Lynch (Missoula, Montana; 20 de enero de 1946), uno y a otro, que a su vez se intersectan más por sus descendientes que por voluntad de sí mismos, los cielos y bosques encantados de Miyazaki (Hayao, Bunkyō, Tokio; 5 de enero de 1941) y claro está el Wendigo, cuento icónico de Algernon Blackwood, (14 de marzo de 1869–10 de diciembre de 1951) referente en la historia del terror; el Wendigo, un personaje que siempre cae bien.

Seguramente los directores dan por conocidas las historias de los hermanos Messner; o la de Egger, Cesarino Fava y Maestri, todos andinistas, todos que fotografiaron y se encontraron con algún problema en el cerro Torre, de hecho Herzog filmó el libro de Reinhold Messner, también hay que tener entonces en cuenta la historia que cuenta William Hurt en el film Cigarros (Wayne Wang, EEUU, 1995)

Si El exterior halla su techo en cuanto a la sintaxis, gana en lo que intenta hacer con esa misma sintaxis, su mirada propia y ambiciosa muestra un tratamiento que intenta no ser banal, la superposición de tiempos e ideas, quizás requiera de un mayor presupuesto, también de una mayor profundidad de actuación, o la madurez de una dirección que sepa limpiar la paja del trigo, que en esta versión todavía no halla cauce, digo esto porque esperanzado en el próximo trabajo del director y del guionista.

Hay que prestar atención a esta dupla, que maduren sus personajes, que encuentren realmente qué son esos miedos, profundizar en lo fantasmático, introducido de manera excelente, al mejor espíritu romántico que requiere de esos bosques y montañas, la figura del cóndor o los cóndores como corantes como seres antiguos, sacándolos de la imagen naturalista, convirtiéndolos en seres míticos que hablan un idioma que no entendemos. Un error, a mi juicio, es la traducción literal, la occidentalización en el uso del lenguaje. Por ejemplo, el uso del término energía, como si fuese un panfleto de riqui o de algún texto pseudo budista, de ribetes grandilocuentes, finamente banales, ya que probablemente no existe el concepto tal cual expresado en el contexto, el problema mayor es que banalizan la historia; lo mismo pasa con el corte de pelo de la co protagonista, guiño de época, parece más un prejuicio del director de arte, por lo cual, como tantas cosas que aparecen y desaparecen en la historia, supongo que algo quieren decir, pero sin estar reforzadas, son nada más que ruido.

Otro problema ya comentado es el de la continuidad, problematizada por las diferentes locaciones, creo que más que intentar continuidad se debería haber buscado la disrupción.

Para concluir, la historia y los que la cuentan, tiene todo para ganar, es un logro filmar como filmaron los exteriores y empezar a pensar historias que encuentren historias y mitos de Argentina. Falta todavía encontrarle los recursos propios y el por qué del habla de esos espectros.

Leedor

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