Entrevista a Daniela Seggiaro: “Husek es lo que está en peligro, lo que hay que cuidar y proteger”.

Kekena Corvalan
Jan 13 · 6 min read

Estrenada el 6 de enero de 2022 en Buenos Aires su nueva película, Husek, conversamos con Daniela Seggiaro, joven cineasta salteña.

Aquí la entrevista, política y urgente, para aprender entre todes algo más sobre el cine de las nuevas realizadoras, que viene irrumpiendo e interrumpiendo el flujo de imágenes del cine argentino, con otras maneras de sentir, pensar y hacer películas.

Kekena Corvalán: Hay algo que me parece muy interesante de tus películas, tanto en Husekcomo la anterior Nosilatiaj, La Belleza, que es la cuestión de ir más allá de la decolonialidad, palabra tan de moda en estos días. Porque me parece que hay un trabajo crítico frente a la cuestión colonial, en el sentido no del giro decolonial, sino más bien “anticolonial”. No hay posibilidad de mestizaje ni de expresar una opacidad, porque lo que se juega es la supervivencia de un grupo subalternizado que está perdiendo su husek porque el choque cultural es violento y desigual. Creo que en tu trabajo hay un posicionamiento estético-político en este sentido. ¿Lo compartís?

Daniela Seggiaro: En Husek, y ya empezaba a asomar en Nosilatiaj, pusimos el eje en generar un espacio para que esté presente la perspectiva indígena, el punto de vista, la inclusión del idioma va en ese sentido, como una forma clave de pensar no solo cuestiones anticolonialistas como bien decís, sino la perspectiva contemporánea del mundo indígena, que es totalmente necesario incluir en nuestros relatos, y sobre todo el idioma. Entonces en Husek, lo que intentamos es profundizar ese camino. En Nosilatiaj yo sentía que estábamos abriendo una pequeña ventanita hacia el pensamiento indígena, los pasajes de la escucha del idioma Wichí lhamtés. Me daba cuenta que incluso, aún desde esta idea neocolonial que existe se niega la potencia y la belleza de ese idioma que se sustenta en un gran pensamiento, es su vehículo, que es un tesoro que es muy necesario atender si realmente queremos deconstruir lo colonial que tenemos. Y con Husek intentamos profundizar aun más esa idea, más conscientes de la importancia de incluir la perspectiva indígena. Esta vez no es el idioma escondido en la cabeza de un personaje, como en Nosilatiaj, sino que en Husek es el idioma en conversación con el mundo blanco, contemporáneo, todas sus porosidades hacia un lado y hacia el otro, que es lo fundamental a comprender y atender para empezar a incluir estas otras perspectivas. Por supuesto, tenemos una postura política a la que no queremos esquivar, y nos parecía interesante junto con Osvaldo Villagra que fue coguionista, traductor, compañero del equipo de dirección junto con César Zacarías, fue fundamental pensar en eso. No solo en la postura política que tenemos y que estamos construyendo y analizando y pensando todo el tiempo, sino también observar el mundo de la política en esa relación tan desigual pero también que se cierra al entendimiento de una manera mecánica y sistemática, dictando la perspectiva de un único punto de vista. Lo que más nos interesaba era multiplicar esas ideas, esos puntos de vista y generar un relato más coral. A mí me interesa pensar esos momentos de implementación de políticas públicas o proyectos, porque realmente podría ser cualquier tipo de proyecto que lleva al lugar como algo muy externo que va a impactar de modo fuerte en el río, el monte, los habitantes humanos y no humanos del territorio. A Osvaldo y a César y a otros amigxs de la comunidad también les interesaba mucho pensar la cuestión política. En mis dos películas vamos buscando nuestra postura política en relación con las ideas de los colonialismos, pero en particular en Husek nos hemos centrado en el mundo de la política, oponiéndolo a la idea de Husek, lo que está en peligro, lo que hay que cuidar y proteger.

KC: el planteo no solo pareciera ser anticolonial, sino profundamente interseccional. El feminismo también está presente, imbricado. En las dos pelis son las mujeres las protagonistas, aunque en Husekestén los jefes wichis, la arquitecta se convierte en una aliada clave. ¿Te reivindicás desde los feminismos?

DS: Sí, también desde lo interseccional a mí me pasó escribiendo el guión de Nosilatiaj y de Husekque hay un interés por las mujeres como protagonistas. Hay algo cercano a una posibilidad de construcción de esos personales que me interesan y me gustan. Hay violencias cotidianas, presentes en nuestra vida que son parte de un todo, de un sistema impuesto, que me parece interesante poner en duda. Por supuesto que los feminismos son totalmente necesarios para pensar esa puesta en duda de la perspectiva dominante, que es racista, machista y blanquizante. Sobre todas las cosas, injusta. En los dos guiones, hay un ruido en ese lugar, de la incomodidad, el que nos toca a las mujeres, que les toca vivir a los personajes, donde el mandato parecería adaptarse. Me parece interesante hacer visible esa incomodidad, esa permanente lucha que se da en lo cotidiano, y vincularla con el contexto, es su contexto, de estas mujeres. Que en una mirada macro se vincula con la situación de los pueblos indígenas, no porque sea la misma violencia sino porque es el mismo sistema que lo está generando. Y lo que impacta en el territorio es parte de lo mismo, y de alguna forma, las mujeres criollas o blancas, protagonistas de estas películas, no están muy convencidas del lugar que les toca. Y por supuesto que me reconozco con las luchas feministas y me interesa mucho, me parece clave poner en duda esos sistemas totalitarios y esos lugares donde estamos tan incómodas. Además, yo estaba escribiendo la película en 2016 y 2017, y justo empezaron nuestros momentos más fuertes de la lucha feminista en el país, la marea verde, y ubiqué la película en ese contexto, que no está del todo puesto en palabras entre las mujeres, esa incomodidad que vivimos, latente, y que cada una iba haciendo lo que podía con eso, no todavía con una construcción colectiva como la que hay ahora, que es el gran aporte de la lucha feminista, aunque quede mucho trabajo por hacer todavía con las violencias cotidianas, y las vinculadas con las políticas hacia los pueblos originarios y las mujeres.

KC: La pata estética, me parece clave en Husek. El chaguar, el tejido, el trenzado, el aporte de un artista como Guido Yannitto. Además de la fotografía. En ambos casos pensando la estética como un régimen que visibiliza lo que no puede ser mostrado de otra manera, la forma es política y tiene que ver con la conciencia y la ética. ¿Qué relación tenés con las artes visuales o el arte contemporáneo?

DS: Totalmente, yo creo que el cine es una gran herramienta para mostrar lo que no se puede ver de otra manera. El arte contemporáneo también y está dando cuenta de eso. Lo que fuimos conversando con la propuesta estética y de cámara tenía una vinculación a una postura ética siempre. Dónde ubicar la cámara y cómo intentar una cierta equidistancia para que emerja lo importante y no una extracción de algo estético sin una pata ética importante. A eso siempre alertas. Y con Husek, intentamos incluir personas que no forman parte del todo del mundo del cine, a artistas, como Guido Yannitto, Maca Fuentes en el vestuario. El trabajo con Guido fue muy interesante porque tuvimos siempre una lectura muy mancomunada de lo que estábamos tratando de hacer a nivel estético, sobre todo pensando en lo contemporáneo del relato. Lo indígena hoy, el encuentro, la porosidad. Y a mí me parece un trabajo muy interesante eso, porque contamos con un gran artista trabajando en un equipo de cine y haciendo aportes. Me parece importante que el arte contemporáneo esté implicándose cada día más en estos temas, porque aquí también hay herramientas muy fuertes. Guido continúa trabajando con las comunidades con un proyecto artístico, y se va abriendo un camino para el trabajo conjunto que es clave para nuestra postura. Estamos muy alertas a la no imposición. Y a mí me interesa el trabajo interdisciplinario desde el cine, no solo trabajar con las herramientas del cine, sino echar mano a lo que me resulte interesante para trabajar, y el arte contemporáneo es una de las disciplinas que piensa nuestro entorno. También estaba Juliàn D´Angiolillo en el montaje de la película. Es un gran conjunto de personas que vienen de distintos lados, incluidos en un equipo de rodaje, y creo que son cruces que siempre generan algo muy poderoso e interesante. Construimos un relato sobre lo intercultural desde lo intercultural, pero también desde lo interdisciplinario, y creo que eso fue de lo más valioso que tiene Husek.

Husek, del 13 al 19 de enero, en la Sala Fernando Birri del cine INCAA Gaumont, a las 18:30. El valor de la entrada allí es de $90 (noventa pesos) y se pueden comprar en ventanilla con antelación, en el mismo cine, Av. Rivadavia 1635, ciudad de Buenos Aires.

Leé aquí nuestra reseña sobre la película Husek.

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Kekena Corvalan

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Escritora, curadora y profesora feminista. Especialista en artes vitales, visuales, viajeras y domésticas.

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